Han pasado más de tres semanas desde aquella mañana de viernes en que la tranquilidad del barrio Centenario se quebró a balazos. El 15 de agosto, en Liniers entre San Nicolás y Alvear, efectivos de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) Pergamino cumplían con una orden de allanamiento vinculada a un asalto en la zona rural.
En cuestión de segundos, el procedimiento se convirtió en un hecho de extrema violencia: el morador de la vivienda abrió fuego contra los uniformados y un proyectil impactó en la pierna del sargento Poggiolo, provocándole la fractura del hueso. El acusado logró escapar por fondos y techos de casas linderas, dejando tras de sí un escenario caótico y una pregunta que aún resuena: ¿dónde está?
La fuga y las complicidades
Desde ese momento, el prófugo se convirtió en el hombre más buscado de la ciudad. La Fiscalía N° 3, a cargo de Nelson Mastorchio, lo imputó por tentativa de homicidio y activó un pedido de captura nacional e internacional. Sin embargo, los días transcurren y su paradero sigue siendo un misterio.
El interrogante que circula en la calle, en las oficinas judiciales y en las charlas vecinales es siempre el mismo: ¿hay alguien que lo ayuda a esconderse? ¿Existen complicidades dentro de la comunidad? ¿Hay personas que saben dónde se encuentra y prefieren callar, transformándose en cómplices de una situación delictiva?
La investigación judicial comenzó a dar algunas respuestas. Días atrás, en un taller de motos ubicado en avenida Almafuerte al 500, la Policía secuestró un arsenal: una pistola de grueso calibre y alrededor de 200 proyectiles, algunos coincidentes con los utilizados en el ataque al sargento. En ese operativo fue detenido un mecánico de 51 años, acusado de colaborar con el prófugo.
La Justicia confirmó su prisión preventiva por encubrimiento y tenencia ilegal de armas. El hallazgo de un arma oculta en el local, junto con las municiones compatibles, refuerza la hipótesis de que el fugitivo cuenta con una red de apoyo que le permite mantenerse fuera del alcance policial.
La búsqueda que no cesa
Mientras tanto, la Policía bonaerense despliega un amplio operativo en Pergamino y localidades vecinas sin resultados concretos. Los investigadores creen que el acusado continúa armado e incluso no descartan que se encuentre herido, producto del cruce de disparos durante el allanamiento.
En paralelo, circulan imágenes del prófugo a través de redes sociales, estados de WhatsApp y grupos de mensajería. La advertencia es clara: no enfrentarlo bajo ninguna circunstancia y aportar de inmediato cualquier información al 911.
Expectativa e incertidumbre
Desde un primer momento se especuló con la posibilidad de que el acusado decidiera entregarse. Sin embargo, el tiempo avanza y esa alternativa parece diluirse. La incertidumbre domina la escena: o será capturado en el marco de los procedimientos policiales o, finalmente, optará por presentarse ante la Justicia.
Mientras tanto, el caso mantiene en vilo a la comunidad. La gravedad de lo sucedido —un policía herido de bala durante un procedimiento judicial— expone no solo la peligrosidad del sospechoso, sino también la trama de complicidades que lo protegen.
Una herida abierta en la ciudad
La herida del sargento Poggiolo comienza a cicatrizar en lo físico, pero el episodio deja abierta una marca profunda en la sociedad pergaminense. La sensación de que alguien capaz de disparar contra la Policía pueda moverse con apoyos en la clandestinidad genera indignación y miedo.
La pregunta persiste: ¿Dónde está? Y, quizás más inquietante aún, ¿quiénes lo ayudan a seguir escondido?