Una corrida sin dramatismo, pero con señales claras: el mercado no cree: A 38 días de las elecciones legislativas de octubre, el sistema financiero argentino volvió a crujir: el dólar minorista superó los $1500 en varios bancos privados, el contado con liquidación (CCL) marcó $1543 y los bonos soberanos se derrumbaron hasta 14%, con un riesgo país en 1368 puntos.
La jornada de este jueves fue un punto de inflexión: el Banco Central debió intervenir nuevamente para mantener al dólar oficial dentro de las bandas preacordadas con el FMI, vendiendo US$53 millones el día anterior y más en la jornada actual. Las reservas se erosionan, los tipos de cambio paralelos se disparan y los inversores abandonan activos locales.
Este no es un colapso clásico con pánico en la calle, sino una retirada silenciosa y ordenada del capital, que no encuentra razones para quedarse en medio de un esquema sostenido artificialmente, con anclas frágiles, promesas fiscales en duda y un calendario electoral que solo multiplica interrogantes.
Un esquema cambiario que hace agua por los cuatro costados
El tipo de cambio oficial mayorista cerró a $1474,23, rozando el techo de la banda diaria de intervención fijada por el BCRA, que hoy es de $1474,83. La autoridad monetaria vendió además US$83 millones en futuros, mientras la liquidación del agro se reduce (US$92 millones), señal de que el dólar “barato” ya no incentiva ingresos reales.
El dólar tarjeta ya cotiza a $1943,50, reflejando la presión fiscal y la brecha con los demás tipos de cambio. El MEP y el CCL (usados para operaciones legales de fuga o cobertura empresarial) marcaron máximos históricos nominales de $1516 y $1543, respectivamente, con subas diarias de hasta +3%.
En la calle, el dólar blue se consigue a $1510, también récord histórico, superando incluso el pico de julio de 2024. La brecha cambiaria vuelve a superar el 4,5%, y se reactiva una dinámica que parecía dormida: fuga discreta, intervención oficial y pérdida de reservas.
¿Qué está leyendo el mercado? Política, impotencia y cuentas que no cierran
Detrás del salto del dólar y del desplome de bonos y acciones hay una señal política: el mercado no cree que el Gobierno tenga margen para sostener el equilibrio fiscal, ni músculo legislativo para convalidar reformas. La derrota del oficialismo en Diputados, que rechazó el veto presidencial al financiamiento universitario, activó la alarma sobre la fragilidad del programa económico.
Los bonos AL41D cayeron hasta 14%, los GD29D casi un 10%, y el riesgo país se disparó 122 unidades en un solo día. Se teme que, si el Gobierno cede a la presión electoral con gasto, pierda aún más reservas y comprometa el cumplimiento con el FMI. Pero también se teme lo opuesto: que el ajuste continúe sin anclaje político ni social, profundizando la recesión.
Como resumió Gustavo Araujo, de Criteria: “Los 38 días que restan hasta las elecciones aparecen cargados de tensión y volatilidad. Es allí donde el oficialismo intentará recuperar oxígeno político para encarar con algo más de solidez la segunda parte de su mandato.”
Mercado accionario: una radiografía del hartazgo
La Bolsa porteña también acusó el golpe. El S&P Merval cayó 5,1% en pesos y 7,2% en dólares, cotizando en US$1103, su valor más bajo en meses. Las acciones más castigadas del panel líder fueron las de Transener (-11%), TGN (-10,8%), Metrogas (-9,7%), BYMA (-8,8%) y Sociedad Comercial del Plata (-8,2%).
Lo mismo ocurrió con las acciones argentinas en Wall Street (ADR), donde Edenor perdió 8,5%, Banco Supervielle 7,6% y YPF 6,9%. La salida no solo fue local: también fue internacional.
La lógica es clara: sin ancla política ni garantía de gobernabilidad después de octubre, el mercado no va a inmolarse por un modelo que se tambalea entre la ortodoxia del FMI y la debilidad legislativa. La elección de Buenos Aires mostró que el oficialismo perdió apoyo en el corazón electoral del país, y el frente financiero reacciona en consecuencia.