domingo 07 de junio de 2026

Intento de robo en Colón: el cómplice del ladrón, corrido con la tijera por la almacenera, fue condenado

Fue considerado partícipe necesario de un asalto frustrado en la ciudad de Colón, donde la dueña se defendió con una tijera.

7 de junio de 2026 - 13:18

En un fallo dictado por el Tribunal en lo Criminal 1 del Departamento Judicial de Pergamino, el juez Ignacio Uthurry condenó a Maximiliano Gastón Aragón, un changarín conocido bajo los alias de "Upa" o "Porcino", a la pena de un año y nueve meses de prisión de cumplimiento efectivo.

La sentencia lo halló culpable bajo la figura legal de partícipe primario del delito de robo simple en grado de tentativa, y como autor material del delito de resistencia a la autoridad, ambos en concurso real.

Además, producto de sus extensos antecedentes penales, fue formalmente declarado reincidente por primera vez en el marco del ordenamiento jurídico penal.

La almacenera echó al asaltante con una tijera

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La almacenera que echó al ladrón empuñando una tijera declaró ante el juez Ignacio Uthurry en el juicio oral en el Tribunal Criminal.

La almacenera que echó al ladrón empuñando una tijera declaró ante el juez Ignacio Uthurry en el juicio oral en el Tribunal Criminal.

El episodio que desencadenó esta resolución judicial tuvo lugar el sábado 13 de diciembre de 2025, aproximadamente a las 20:00, en la ciudad de Colón.

Según la reconstrucción de los hechos validada en el debate oral y público, Aragón y un cómplice, identificado en el expediente policial como Néstor Fabián Rodríguez, arribaron a bordo de una motocicleta de 110 cilindradas de color roja. Ambos detuvieron su veloz marcha en la calle 19, entre 49 y 50, a muy escasos metros del establecimiento comercial de indumentaria "Creaciones Norma".

La clara premeditación del acto delictivo quedó evidenciada en un detalle crucial que alarmó a los vecinos: los dos individuos transitaban con sus rostros semicubiertos mediante bolsas de nylon de color blanco, buscando el total anonimato.

Lo señalan como participar de "campana"

Mientras Aragón permaneció montado en el rodado, aguardando en la vía pública con el objetivo manifiesto de realizar tareas de vigilancia y garantizar una rápida vía de escape, su consorte descendió e ingresó al comercio con fines de robo. En su interior se encontraba la propietaria, Norma Rosa Mengoni, de vasta trayectoria comercial en la zona, quien se hallaba tranquilamente armando rosarios de manera artesanal. El delincuente, con la mano oculta debajo de su remera y ejecutando el ademán típico de quien empuña un arma de fuego lista para disparar, la apuntó de frente y le exigió de manera muy violenta que le entregara rápidamente toda la recaudación. Lejos de someterse ante la intimidación del criminal, Mengoni exhibió un enorme arrojo personal: tomó una filosa tijera que reposaba sobre el mostrador y enfrentó al asaltante a los gritos limpios. Semejante y sorpresiva resistencia generó un profundo pánico en el intruso, quien huyó despavorido del local sin lograr apoderarse de un solo peso, subiéndose de inmediato a la moto donde lo esperaba su cómplice Aragón para escapar a toda velocidad del lugar.

El escape a la carrera no pasó desapercibido en las adyacencias. La agente policial administrativa Natalia Sosa, vecina del local asaltado que se encontraba sentada en la puerta de su casa en su día de franco, había notado la actitud altamente sospechosa de la dupla motorizada. Sosa alertó a las fuerzas de seguridad con gran celeridad, aportando todos los datos identificatorios de la motocicleta y de la vestimenta de los sospechosos de manera precisa. En paralelo, otra testigo ocular clave logró grabar en video parte de la huida con su teléfono celular, proporcionando una valiosa prueba documental y visual verdaderamente ineludible. Alertado el servicio operativo de calle, las patrullas comenzaron la búsqueda intensiva, interceptando a los prófugos exactamente en la intersección de las calles 53 y 21. Cuando la policía les impartió la orden de alto, accionando las sirenas y balizas reglamentarias del móvil, ambos motociclistas hicieron total caso omiso e intentaron una maniobra evasiva desesperada, lo que derivó en que los efectivos los obligaran tácticamente a frenar la marcha de modo forzoso.

Al verse cercados por los diversos móviles policiales, los malvivientes optaron por la violencia física extrema y directa. Aragón, haciendo gala de su constante rebeldía contra la autoridad de turno, aprovechó la confusión y el forcejeo inicial de sus captores para escapar corriendo velozmente por las oscuras calles del barrio periférico. La desesperada persecución peatonal se extendió por unos doscientos metros, finalizando en las inmediaciones de calle 22 y 54, donde varias oficiales policiales femeninas lograron finalmente acorralarlo. Fiel a su inveterado accionar, el delincuente opuso una brutal resistencia física al arresto legítimo, arrojando una feroz andanada de patadas descalificadoras y golpes de puño directos hacia las uniformadas de la fuerza provincial. Tras unos intensos minutos de contención cuerpo a cuerpo, fue exitosamente reducido e inmovilizado en el suelo para ser trasladado a la dependencia policial, consumando de esta manera flagrante el segundo delito de la agitada jornada.

El desarrollo del juicio oral y público estuvo fuertemente marcado por intensos cruces interpretativos respecto a la enorme gravedad y el encuadre exacto de las conductas endilgadas.

Acusación de la Fiscalía

fiscal horacio oldani secretaria Carolina Betbede
El fiscal Horacio Oldani durante el juicio desarrolló la acusación junto a la secretaria de la Fiscalía de Colón, Carolina Betbede.

El fiscal Horacio Oldani durante el juicio desarrolló la acusación junto a la secretaria de la Fiscalía de Colón, Carolina Betbede.

El férreo representante del Ministerio Público Fiscal, el fiscal Horacio Santiago Oldani, había solicitado formalmente una condena sumamente severa de siete años de prisión. Fundamentó su riguroso pedido argumentando que el violento intento de desapoderamiento debía calificarse como robo agravado por el empleo de armas, haciendo alusión directa y probatoria al secuestro de un cuchillo "tumbero" que fue hallado escondido dentro de una mochila portada por el misterioso cómplice que manejaba la moto.

El fiscal Horacio Oldani durante el juicio desarrolló la acusación junto a la secretaria de la Fiscalía de Colón, Carolina Betbede.

La defenso sostuvo la inocencia durante el debate en el juicio

Por la vereda legal opuesta, el estratega Defensor Oficial, el abogado Estanislao Carricart, rechazó enérgicamente esa gravísima acusación delictiva, alegando fervientemente que el arma blanca incautada jamás fue empuñada, blandida, ni mostrada a la asustada víctima, tratándose todo meramente de un simple ademán intimidatorio fingido. Además, el letrado subrayó tenazmente que Aragón fue simplemente un inofensivo partícipe secundario que no tuvo un dominio objetivo del hecho bajo ningún punto de vista jurídico.

En su sentencia, el juez Uthurry resolvió finalmente esta compleja disyuntiva doctrinaria avalando parcialmente a la defensa pública respecto a la comprobada no utilización del filoso cuchillo en la secuencia.

El magistrado entendió que no existían pruebas certeras que el arma incautada en la requisa hubiera sido usada para amedrentar a la valiente comerciante, ya que ésta únicamente presenció la simulación gestual manual de un arma de fuego oculta, sin poder ver la silueta de ningún objeto corto-punzante o contundente real durante el fugaz altercado.

En base a este fundamental análisis, determinó imperiosamente atenuar la tipificación legal al considerarlo jurídicamente un simple robo en grado de tentativa punible.

Sin embargo, el juez de sentencia rechazó tajante y categóricamente la rebuscada teoría defensiva que pretendía burdamente minimizar el rol funcional del condenado en los repudiables sucesos.

Dictaminó con firmeza que la función específica y calculada de Aragón como "campana" y chofer suplente de la motocicleta en fuga, esperando pacientemente en las cercanías del asalto, fue una contribución innegablemente primordial y un aporte verdaderamente esencial y estructural, sin el cual el atraco no se hubiese podido efectuar de modo alguno con expectativas de éxito.

En la etapa de la mensuración definitiva del monto de la pena privativa de libertad a imponer, resultaron por demás determinantes los exhaustivos y reveladores peritajes psicológicos y psiquiátricos oportunamente practicados al condenado por los especialistas judiciales.

Antecedentes penales

Los especializados profesionales de la salud mental dictaminaron que Aragón cuenta con sumamente preocupantes registros criminales de manera ininterrumpida desde los catorce años de edad, y evidenció durante la estricta evaluación forense una muy marcada tendencia psicológica a minimizar su propia y exclusiva responsabilidad penal, culpando recurrentemente a un excesivo y desmedido consumo previo de nocivas sustancias como el alcohol y la marihuana tóxica. Pese a estos científicamente comprobados condicionantes de profunda adicción detectados, el equilibrado magistrado valoró probada su más que total comprensión real de la grave criminalidad del evento ilícito acontecido aquella noche. Finalmente, el implacable juez priorizó la elevada peligrosidad del hecho organizado en evidente pluralidad de intervinientes y los innegables y severos antecedentes condenatorios firmes como un factor del todo insoslayable y plenamente agravante para lograr fundamentar legalmente la irreprochable condena de encierro carcelario impuesta hoy en la sentencia.

Absolución del principal implicado

Néstor Fabián Rodríguez, el sujeto identificado como quien irrumpió en el local barrial a intentar apoderarse del dinero de la almacenera, fue considerado insano e inimputable. Por ese motivo quedó absuelto durante el proceso penal.

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