La comunidad de Pergamino se encuentra conmocionada tras la difusión de una extensa misiva pública redactada los padres de una niña de apenas tres años, quienes detallaron el calvario que atraviesa su familia desde el pasado mes de febrero.
Lo que comenzó como una actividad recreativa en la colonia de verano del Club terminó en una denuncia penal por abuso sexual calificado, una causa que ha dado un giro decisivo en las últimas horas con el llamado a indagatoria y el inminente procesamiento del acusado.
El peso de un "secreto"
El quiebre de la normalidad para esta familia ocurrió el 24 de febrero de 2026. Según relatan los progenitores, fue su propia hija quien, con la claridad que a veces la adultez no logra procesar, les reveló lo sucedido. Una palabra específica actuó como detonante de la alarma: "SECRETO". "Un secreto muy grande con el profe", fueron las palabras de la niña que pusieron fin a la "ingenuidad" ética y moral de sus padres, enfrentándolos a una realidad que definen como de una "soledad inmensa".
La denuncia judicial no tardó en llegar. Uno de los momentos más críticos del proceso fue la declaración en Cámara Gesell. Para los padres, ese tiempo se sintió como una "eternidad", viendo a su hija de tres años narrar frente a una profesional desconocida el trauma padecido. Sin embargo, destacan la fortaleza de la pequeña, a quien describen como "tan clara, tan precisa, tan segura" durante su testimonio. Al salir de dicha instancia, el sentimiento de los padres fue una mezcla de impotencia y contención, recordando que el agresor es también un menor de edad, de 17 años, a quien, a pesar del daño, le desean una eventual sanación psíquica.
Procesamiento e indagatoria
Tras meses de un "profundo silencio" autoimpuesto por respeto a la investigación y consejo legal, la situación procesal ha cambiado sustancialmente.
El acusado, un joven de 17 años contratado por el Club ha sido citado a indagatoria.
Según informaron los padres a través de su abogado, el joven quedará formalmente procesado por el delito de abuso sexual calificado.
Este avance judicial ha impulsado a la familia a "colectivizar" su experiencia, dejando de repensar el trauma en solitario para compartirlo con la sociedad. La investigación ha revelado, además, datos alarmantes sobre las condiciones de contratación en el club: el acusado formaba parte de un equipo de cuidado para niños de 2, 3 y 4 años junto a otras tres personas que, según se probó en la causa, carecían de formación adecuada para dicha responsabilidad, siendo solo una de ellas profesora de educación física.
Sin respuesta institucional
Uno de los puntos más críticos de la carta abierta es el señalamiento directo contra la dirigencia del Club. Los padres denuncian una actitud de victimización por parte de la institución y una falta total de empatía. A pesar de que las docentes conocían a la niña desde que tenía un año y medio, tras la denuncia, el club "jamás preguntó cómo estaba nuestra niña".
Más grave aún resulta la acusación de negligencia informativa. Los padres afirman que el club no respondió al pedido de informar de inmediato a las casi 50 familias que enviaban a sus hijos a la guardería de verano. Por el contrario, se habrían realizado dos reuniones informativas diez días después de conocerse el hecho, a las cuales los denunciantes no fueron invitados y en las que no se habría explicitado la gravedad del asunto.
Incluso, la familia denuncia que el club intentó reintegrar al agresor a la vida social y deportiva: "Le dio lugar al agresor: solicitaron que pudiera volver a entrenar y trabajar en los partidos de básquet de primera, donde está lleno de niños y niñas", detallaron con indignación. Ante esto, la misiva es tajante: las instituciones no pueden dejar a las infancias al cuidado de personas sin apto psicológico ni capacitación en Educación Sexual Integral (ESI), y deben contar con protocolos claros de actuación.
Las huellas del trauma
El impacto en la vida cotidiana de la niña ha sido profundo. Los viajes semanales para el tratamiento psicológico son ahora parte de su rutina. La pequeña manifiesta que ir a terapia "le cura el dolor de panza" que le provocó lo que ella describe como "algo muy feo" ocurrido en el club, un lugar al que ya desde el campamento de la colonia manifestaba miedo de asistir.
Un dato inquietante que surge de la carta es la sospecha de que este no sería un caso aislado. Los padres mencionan que en el marco de la investigación se logró acreditar la existencia de al menos otro caso, aunque esa familia decidió no impulsar la acusación penal para evitar la revictimización de su hijo. "No vamos a permitir que esto pase sin dejar huellas", sentenciaron los padres, reafirmando su decisión de seguir adelante con el trámite judicial.
Un problema estructural
Para contextualizar la gravedad del caso, los padres citaron datos oficiales de UNICEF Argentina y el Ministerio de Justicia. Durante el periodo 2020-2021, se registraron más de 3.200 víctimas de violencia sexual en el país en el rango de niñez y adolescencia. Un dato alarmante es que el 74,2% de estos abusos fueron cometidos por alguien del entorno cercano de la víctima. Asimismo, se estima que 1 de cada 10 mujeres adultas sufrió violencia sexual durante su infancia.
"Estos no son números abstractos: son nuestros hijos, nuestras familias, nuestros barrios, nuestras instituciones", advierte la carta, haciendo un llamado urgente a que los espacios destinados a las infancias tomen este tema como una prioridad absoluta por encima de los puestos de trabajo o el "qué dirán".
Fin del silencio
La carta finaliza con un agradecimiento a las instituciones y profesionales que brindaron contención, y de manera especial a su hija, a quien califican como "tan, pero tan valiente". Con el procesamiento del instructor en marcha, la familia espera que el agresor reconozca el daño causado y se someta a un tratamiento para evitar que otros niños pasen por la misma situación.
"De esto sí se habla, con respeto e información", concluye el texto que ha puesto en jaque la gestión de la seguridad infantil en los clubes de la región, exigiendo que se priorice, por sobre todo, la integridad física y psíquica de los más vulnerables.