En el marco de la festividad de la Divina Misericordia, este domingo se llevará adelante una celebración especial en la Parroquia San Vicente de Paul de Pergamino. La jornada comenzará a las 15:00 con el rezo de la coronilla cantada y continuará con la celebración de la Santa Misa, en una convocatoria abierta a toda la comunidad.
Esta fecha, que se celebra el segundo domingo de Pascua, invita a los fieles a profundizar en uno de los mensajes centrales del cristianismo: la infinita misericordia de Dios hacia la humanidad.
Una devoción centrada en la confianza en Dios
La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como propósito principal transmitir un mensaje claro y esperanzador: Dios ama a todos sin medida y su misericordia es inagotable. Tal como fue revelado a Santa Faustina Kowalska, “cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia”.
En este sentido, la devoción pone el acento en la confianza plena en Dios, entendida como el camino para recibir sus gracias. Según las enseñanzas transmitidas por la santa polaca, “las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza”.
Una invitación a vivir la misericordia
Más allá de la oración, esta festividad propone un compromiso concreto con el prójimo. La misericordia no solo debe ser contemplada, sino también practicada a través de acciones, palabras y oraciones.
“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí”, expresa uno de los mensajes atribuidos a Jesús en el diario de Santa Faustina, donde se destacan tres formas esenciales de ejercerla: la acción, la palabra y la oración.
Asimismo, se subraya que la fe debe traducirse en obras: “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”.
Preparación espiritual
Para vivir plenamente esta jornada, la Iglesia recomienda a los fieles participar de la confesión —precedida por un sincero examen de conciencia— y recibir la comunión. También se sugiere rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia, prácticas tradicionales de esta devoción.
El espíritu de esta celebración radica en renovar la relación con Dios y fortalecer el compromiso de vivir el amor activo hacia los demás, como condición para recibir la gracia divina.
El origen de la festividad
La instauración oficial de esta fiesta en el calendario litúrgico se remonta al año 2000, cuando el papa Juan Pablo II dispuso que el segundo domingo de Pascua sea también conocido como el Domingo de la Divina Misericordia.
La decisión se basó en las revelaciones de Santa Faustina Kowalska, reconocida como la mensajera de esta devoción, quien transmitió el deseo de Jesús de que se estableciera una jornada dedicada especialmente a su misericordia.
Durante su canonización, el pontífice destacó el valor de esta celebración como “una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas”.