Los ladrones que perpetraron un violento asalto a un comerciante pueden ser condenados por el agravante de robo por el uso de arma de fuego o simple, de acuerdo a lo que se debatió en el juicio oral el jueves de esta semana en el Tribunal Criminal. Y la clave está en la declaración realizada por la víctima.
Durante el juicio oral un comerciante se dirigió a los dos sujetos que lo asaltaron para reprocharles como repercutió negativamente el atraco, ocurrido en octubre de 2023 en el local de avenida Ameghino. El dueño del quiosco relató el violento ataque de los ladrones que le robaron dinero, cigarrillos y bebidas alcohólicas tras agredirlo y maniatarlo en el salón comercial.
El propietario del comercio expresó que, si bien puede entender la forma de actuar de los ladrones, no la comparte en absoluto. Mencionó que el asalto le causó un gran daño, no solo social sino también económico, a él y a su familia.
Continuó expresando una creencia al afirmar: "Sí creo que en algún momento tienen que parar de cometer delitos". Sin embargo, aclaró inmediatamente su posición respecto de aconsejar a otros, diciendo: "No soy nadie para dar consejo".
Finalmente, describió el impacto del asalto, destacando el daño que sufrieron él y su familia: "pero a mí, a mi familia me hicieron un gran daño, no solo social, sino económico", concluyó en esa alocución dirigida directamente a Ramón Díaz y Claudio Borghi, los dos acusados de haberlo asaltado.
Declaración en el juicio
El comerciante declaró a lo largo de quince minutos ante el juez Guillermo Burrone y respondió a todas las preguntas de la Fiscalía y de la Defensa.
De su extensa declaración el único punto que cuestionaron los defensores de los acusados fue la presencia o no de un arma porque en una de las actuaciones iniciales del proceso habría declarado que no vio que los ladrones utilizaran arma y en el debate mencionó que uno de ellos empuñaba una especie de pistolón y se lo pasaba por su cuerpo.
En su relató reconstruyó que el quiosco asaltado hacía poco tiempo que lo habían abierto con su hermano con la finalidad de tener un negocio familiar en el que trabajaban también dos de sus tres hijas.
Robo a poco de inaugurar el negocio familiar
El asalto ocurrió cuatro meses después de haberlo inaugurado como comercio tipo maxiquiosco con horario de atención extendida de 7:00 a 22:00.
El episodio de esa noche del miércoles 11 de octubre de 2023 los dos sujetos irrumpieron quince minutos antes del cierre del local.
A las diez menos cuarto de la noche irrumpieron dos sujetos con buzos tipo capucha colocados que se mostraban interesados en adquirir productos. Al relatar lo ocurrido expresó: “me preguntaron si tenía cerveza. Les señalé las heladeras de las botellas retornables y me respondieron que no tenían envases vacíos. Yo les dije que si eran del barrio y me las iban a devolver que llevaran. Así fue como tomaron varias botellas de cervezas y se acercaron para la caja. Al acercarse al mostrador donde me encontraba es que uno de los sujetos, el más chiquito me dijo en forma imperativa: ´Cheto, acá no te venimos a comprar; sino que te venimos a robar. Danos todo lo que tenés o te quemamos´. Repitieron varias veces que te quemamos o te matamos y hace el ademán de intentar intimidarme con algún objeto contundente. Le respondí que agarrara todo lo que quisiera del salón. De la caja registradora tomaron el dinero que había, pero me pedían más plata”, reconstruyó el comerciante.
Le exigían más dinero
“Los ladrones me decían insistentemente: ´danos más´, reiteraban para que les entregara más dinero. En ese momento hice algo instintivo para que no me roben el teléfono celular y me dirigí corriendo a un sector del salón que tiene una pared falsa para ocultar el dispositivo y que quede lejos del alcance de los asaltantes. En ese momento me salieron a perseguir hasta que el más alto de los ladrones me intercepta. El más bajo de los dos llegó detrás empuñando un arma de fuego y me exige que me tire al suelo. Ahí veo que saca un revólver. No entiendo de armas, pero parecía un pistolón con una empuñadura chiquita y el caño proporcionalmente más largo. Se produjo un forcejeo y me hicieron acostar boca arriba. Los mismos ladrones sacaron de una mochila unos cables y me maniataron para pedirme más plata. El más chiquito de los dos fue quien me pasaba el caño del arma por el pecho y por delante de mis ojos para pedirme más dinero”, detalló el comerciante ante el juez Burrone.
La descripción de lo ocurrido por parte del quiosquero continuó con una nueva escena más violenta porque contó que cuando estaba en el piso el más grandote de ambos le pegó en el rostro y en el cuerpo estando en el piso. ”Me pegaba con la izquierda y con la derecha”, dijo textual. Sobre esa secuencia agregó que el ladrón antes de empezar a agredirlo dejó apoyada una botella de cerveza que venía sosteniendo y luego los peritos de Policía Científica le encontraron huellas dactilares. El padecimiento del dueño del local continuaba porque además de golpearlo el maleante revisó sus bolsillos y le encontró dinero. “Viste que tenías más plata, Cheto”, le reprochó uno de los asaltantes, tal como lo habían apodado despectivamente.
La víctima del robo en su descripción logró determinar características de ambos maleantes, donde uno era el “ladrón profesional” y el otro estaba más exaltado o fuera de si.
Por la contextura física de ambos logró diferenciarlos también desde lo emocional, donde el más bajo era quien analizaba todo más fríamente mientras empuñaba el arma y luego de despojarlo del dinero fue quien ordenó retirarse del local. El otro secuaz estaba más irritado y le ordenaba al cómplice que empuñaba el arma que le disparara y lo matara porque los iba a denunciar.
Ante esta discusión de los maleantes, es que el comerciante decidió hablarles pidiéndole que no lo mataran porque tenía una familia.
Se tornaron violentos
La última escena intimidante de los malhechores sometiéndolo, mientras estaba reducido, es que el sujeto armado le pasó la punta del pistolón por el pecho y se levantó sin gatillar. El compinche fue quien volvió a tomar la botella de cerveza y amagó con impactársela en la cabeza sin realizar esa acción. Si bien no lo golpeó con el objeto; si lo pateó en la cabeza y antes de retirarse le apoyó la planta del pie sobre su rostro “como pisoteando una cucaracha”, refirió la víctima.
Luego de unos instantes sintió que los ladrones se retiraron tras apoderarse de botellas de bebidas alcohólicas y gran cantidad de atados de cigarrillos. “No nos denunciés porque te venimos a quemar”, gritó uno de los delincuentes antes de irse. En ese momento el comerciante se reincorporó, se quitó las ataduras y llamó al 911 y a su hermano para contarle lo ocurrido.
El fiscal Germán Guidi aprovechó el debate oral para preguntarle si reconocía a los dos sujetos que estaban en el banquillo de los acusados como quienes lo asaltaron y el comerciante dijo que Ramón Díaz y Claudio Borghi fueron quienes perpetraron el atraco.
Para el propietario fue tan traumático que tras el robo violento terminaron vendiendo el fondo de comercio a los pocos días porque ningún integrante de la familia quería volver a sufrir lo que había padecido. “Fue un daño físico, un daño moral y un daño económico”, consideró.
El defensor Pedro Zanardi le cuestionó la existencia de un arma de fuego y pidió que le exhiban el expediente para que respondiera en la primera declaración cuando expresó que no había visto ninguna en manos de los malvivientes.