En cuanto a la propuesta musical, el lanzamiento adelanta un universo de referencias que dialogan entre sí: "Siete canciones que no suenan a lo mismo. Arctic Monkeys, Oasis y Blur por un lado. Fito, Charly y Soda Stereo por el otro. Fleetwood Mac, Hozier y Sufjan Stevens en el medio. Y de alguna manera, suenan al mismo universo", agrega la presentación del material.
Los siete temas que integran Roma ya se encuentran disponibles en Spotify y representan el punto de partida de una etapa que marca su debut discográfico.
En la siguiente entrevista con LA OPINION, el joven cantautor habla sobre el origen de Roma, sus influencias, el proceso de grabación y los desafíos que se abren con este nuevo comienzo.
Diálogo con Thiago Chalon
-¿Qué sensaciones te genera haber lanzado tu primer disco?
-Siento confort. Realización. Algo que no había sentido nunca. No tanto por la obra en sí -eso se lo dejo a quien la escuche- sino por haberla llevado adelante de punta a punta, dándome la cabeza contra la pared una y otra vez. Diez meses, casi sin parar, cien por ciento independiente. Donde la economía escaseaba y había que reemplazar el bolsillo por el ingenio.
Ahí entendí que esto no es magia, es laburo de hormiga: tirás un poco de arena todos los días hasta que, sin darte cuenta, llenaste el pozo. Desde afuera parece que el disco “salió”. No salió: se construyó. Con inspiración algunos días, y sin ella la mayoría.
A los 26, crear algo y entregárselo al mundo. Dentro de veinte o treinta años me voy a sentar con mis hijos y les voy a decir: esto lo hice yo, en este tiempo, con esta cabeza. Un confort nuevo. Distinto a todo lo que sentí.
-Decís que la culpa de todo la tiene Pink Floyd. ¿Cómo nació esa relación con la música?
-Todo empezó con Pink Floyd. Tenía 14, 15 años. Mi hermana se había mudado a Buenos Aires, y cada visita volvía con un disco nuevo. Uno por viaje. Sin escuchar nada antes —tenía la discografía entera impresa, anotada, y me negaba a adelantarme, aunque ya existía Spotify, ya existía todo. Volvía con el disco y me encerraba días enteros a escucharlo: Animals, Wish You Were Here, The Final Cut, The Wall, etcétera.
En 2015, Gilmour sacó un disco solista y vino a la Argentina. Fui a verlo y volví obsesionado con un riff del disco nuevo. Tan hermoso que dije: esto tengo que aprenderlo. Agarré una guitarra de mi padre. Ese solo de Gilmour fue una de las primeras cosas que aprendí.
Y bueno. Acá estamos.
¿Por qué Roma?
-¿Por qué elegiste el nombre Roma para el álbum?
-Roma es muchas cosas a la vez, y nunca quise elegir solo una. Es imperio y ruina. Es amor al revés. También es mi película favorita, la de Aristarain, la que es capaz de hacerme llorar en todas las escenas, junto con “Qué bello es vivir”. Nunca me la pude sacar de la cabeza.
Pero Roma también es un concepto, casi un mito: la ciudad eterna, la que se construyó sobre sus propias ruinas una y otra vez, la que cayó mil veces y siempre encontró la forma de seguir en pie. Y en ese sentido, Roma también es Buenos Aires. Grandeza y decadencia, conviviendo en la misma cuadra.
Por eso el nombre no es solo un guiño a una película. Es un recuerdo. Es un punto y coma. Es también esta ciudad en la que vivo. Que se cae y se levanta todo el tiempo. Igual que el disco. Igual que yo.
-En el disco conviven influencias muy diversas, desde Oasis y Blur hasta Fito Páez y Charly García. ¿Cómo lográs que todas esas referencias convivan en una misma identidad?
-Las referencias son puntos de partida, nada más. Conviven porque no las vivo separadas: son parte mía. Fito Páez, Charly García, Blur, Oasis, Arctic Monkeys, los Beatles, Bob Dylan, Fleetwood Mac. Generaciones distintas, países distintos, idiomas distintos. Y sin embargo, todas viven bajo el mismo techo: el mío.
No conozco dos canciones de un artista. Conozco su obra completa. Y cuando el arte se integra así, de lleno, deja de ser una cita. Se convierte en una forma de ver el mundo.
Mezclar todo eso en Roma no fue buscar un collage. Fue, simplemente, sonar como suena mi cabeza.
Un sonido “orgánico” y “en vivo”
-¿Qué buscabas cuando planteaste que el disco debía sonar “orgánico” y “en vivo”?
-Lo que buscaba era simple: evocar algo que la música actual, al menos en su mayoría mainstream, no me está dando. Hoy hay una forma muy concreta de cómo “debe” sonar todo: súper hi-fi, perfecto, pulido, con demasiado aire a computadora. Mi objetivo fue correrme de eso. Volver a algo vivo.
No estoy en contra de la música de ahora. Tampoco creo que todo tiempo pasado fue mejor. Hay que conocer el pasado para avanzar, beber de eso y construir algo nuevo alrededor. Por eso Roma tiene raíz clásica, pero bajo ningún concepto suena estancada en los 70 o los 80. Un punto medio entre lo clásico y la modernidad.
Para lograrlo, nos encerramos con la banda a buscar esa faceta en vivo: la mayoría de los instrumentos se grabaron así, tocados a la par, con personas en una sala, no superpuestos por computadora. Y eso se metió hasta en la mezcla final, donde deliberadamente dejamos cosas a destiempo, respiraciones, adelantos en las teclas. Cuando lo normal hubiera sido alinear todo para que suene perfecto. Esa imperfección elegida es la que le da al disco un mimo de autenticidad.
-Roma está pensado como un álbum conceptual, en una época dominada por los singles. ¿Por qué te importaba sostener ese formato?
-Roma son siete canciones que funcionan juntas, en un orden pensado, contando algo puntual. No es una selección de mis mejores temas —tengo cerca de 50 escritos— sino un viaje armado a propósito, donde cada canción ocupa el lugar que tiene que ocupar.
Abre en un subte y no termina hasta llegar a Roma. Sacar una canción de ahí y escucharla suelta es como ver una escena de una película sin haber visto la película: la escena existe, pero el sentido no.
Quería retomar el concepto álbum porque un disco puede ser un mundo entero, no una canción suelta.
Escúchenlo entero. Ahí está la historia.
-Después de Roma, ¿qué viene para Thiago Chalon?
-Después de Roma viene algo más. Tengo una búsqueda concreta en la cabeza, todavía no sé si la voy a poder lograr, pero los temas ya están escritos. Me gustaría sacarlo en menos de un año, dos como máximo.
Siguiendo esa misma lógica de beber del pasado sin quedarme ahí, quiero intentar traer algo de dos bandas que me desbordan y que en los últimos años no se miran tan de cerca: Supertramp y Electric Light Orchestra. Decirlo en voz alta es jugármela, porque son sonidos súper ambiciosos. Pero con acercarme un 5% a eso, ya me conformo.