En contacto con LA OPINION, el poeta local relató la génesis de su nueva obra. La edición es de Wolkowicz Editores y cuenta con dibujos de Víctor Chab, fotografía de Liliana Sánchez y texto de contratapa de Melanie Nicholson.
Carlos Barbarito, poeta local radicado desde 1986 en Muñiz, partido de San Miguel, acaba de editar su nuevo libro "Materia desnuda" (Wolkowicz Editores), con dibujos de Víctor Chab; fotografía de Liliana Sánchez y texto de contratapa de Melanie Nicholson.
En contacto con LA OPINION, escribió bajo el título “La génesis de un libro” el siguiente texto: “en 1999 publiqué ‘Desnuda materia’ (Selección de Claudio González Baeza; fotografía de Andrea Miranda; ilustración de Diego Martínez; Ediciones del Arbol, Buenos Aires). Años más tarde, en una mañana de lluvia y en un café de la avenida Callao, Alejandro Puga me dijo: ‘un libro tuyo se titula ‘Desnuda materia’’, y enseguida me preguntó: ‘¿por qué no otro con el título invertido?’ Acepté la propuesta, mejor dicho: el reto. Al día siguiente, yo vivía en Buenos Aires y viajaba cada mañana a San Miguel; mientras el tren avanzaba, se me agolpó una sucesión de imágenes e ideas. Sentado ante la pantalla, en mi puesto de bibliotecario, escribí sin detenerme al menos una docena de poemas en prosa, cosa que antes no me había sucedido. Estimo que debieron haber pasado dos horas en las que tuvo lugar una experiencia mediúmnica, una apelación al automatismo surrealista. Recuerdo que cuando dejé de escribir sentí, por un lado, un gran cansancio y, por el otro, un estado de plenitud. Me había derramado por entero en la obra. Varias veces releí los textos y descubrí que esos poemas en prosa tienen una notable diferencia con el resto de mis poemas: una carga que yo llamaría barroca, profusa, muy habitada, llena de referencias a mis variadas lecturas tanto literarias como filosóficas y científicas, sin dejar de tener, como bien vio Guillermo Fernández, amigo de Costa Rica, una constante en mi trabajo: un tono bíblico peculiar. Esto, estoy seguro, debido a que uno de los pocos libros que había en mi casa era un Antiguo testamento, que releía constantemente, sobre todo los pasajes del diluvio que se mezclan con las conversaciones de los mayores sobre las cíclicas inundaciones en Pergamino, mi ciudad natal. Como siempre, desde que me acuerdo, me asaltaron las dudas: ¿esto tiene algún valor, algún grado de calidad? Y, como siempre, quedó en el archivo por años.
“Fue en un encuentro en casa de Víctor Chab, con el editor Daniel Wolkowicz, que resurgió el tema del libro. En la hermosa biblioteca, en gran parte picassiana, hablamos sobre un libro que reuniera esos poemas en prosa con los dibujos de Chab. Ya en mi casa de la calle Austria resolví agregarle poemas en prosa ya publicados en libro, aquí y en el extranjero, estos últimos poco y nada conocidos por mis compatriotas. Al empuje inicial le sucedió un desinflarse que duró hasta hoy, al cabo de cuatro años. Decidido, por fin, me comuniqué con Wolkowicz, luego de varias correcciones, y antes de que mi eterna manía perfeccionista, mi invencible neurosis me ganase, le envié el material.
“Acabo de recibir el libro. En contratapa, un breve texto de la querida amiga y especialista en surrealismo, Melanie Nicholson. En la solapa, una fotografía tomada con motivo de una sesión con la fotógrafa Liliana Sánchez en casa de Chab, en 2013. En el interior, seis dibujos de Víctor. Una tirada mínima, cien ejemplares. De ahora en más la última palabra la tiene el lector”.
Vasta trayectoria
Carlos Barbarito tiene una vasta obra poética la que se inicia en el año 1984, con su primer libro, “Poesía quebrada”. Desde entonces lleva editados 22 libros dedicados íntegramente a la poesía. Además, de haber publicado las siguientes obras, referidas a las artes plásticas: “Acerca de las vanguardias. Arte argentino del siglo XX”; “Roberto Aizenberg. Diálogos con Carlos Barbarito” y Norma Bessouet (capítulos de Investigación, materiales y procedimientos y cronología, dirección editorial de Ezequiel Díaz Ortiz y Gabriela Aberastury, Buenos Aires, 2020).
Con su libro “Meninas/Desnudo y la máscara” fue ganador del Concurso Nacional de Poesía, en el año 1992, organizado por el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. A partir del año 2005 comienza a editar en diversos países del exterior tales como España, Francia, México y Costa Rica, las siguientes obras: “Les minutes qui passent”, “Figura de ojos y sombras”, “Música humana y de paramecio”, “Un fuego bajo un cielo que huye”, “Cenizas del mediodía” y “Paracelso”, entre otras.
Recordemos que en diciembre de 2018 el poeta presentó en Pergamino el libro “Radiación de fondo”.