domingo 10 de mayo de 2026

Tras una semana de peregrinar, los devotos llegaron a la Basílica de Luján

12 de octubre de 2016 - 00:00

En siete días caminando, unieron localidades con un propósito: llegar a la “casa de la Madre”. En la mañana del domingo fueron recibidos por el obispo de la Diócesis de San Nicolás, Héctor Cardelli. Ante la Virgen “pidamos vivir en fraternidad, en el diálogo, en la comprensión, en el servicio mutuo”, expresó monseñor.

DE LA REDACCION. Luego de ser “los pies de la Virgen” por espacio de una semana quienes partieron desde diferentes puntos de la Diócesis de San Nicolás el domingo 2, llegaron el 9 a la Basílica de Nuestra Señora de Luján.

Durante siete días, llevaron en sus hombros la imagen de la Virgen gaucha, la protectora de nuestro país, y numerosas intenciones y agradecimientos en su corazón que dejaron a los pies de la imagen ubicada en el templo mayor de Luján. Varias localidades unieron los peregrinos bajo el lema: “Alegres en familia a tu casa peregrinamos”. Urquiza, Arrecifes, Capitán Sarmiento, San Antonio de Areco, San Andrés de Giles y Cortínez albergaron a los caminantes durante la semana pasada.

 

 Consejos

“La peregrinación es un acontecimiento comunitario de fe en Dios, Jesús y en la Santísima Virgen María. El camino que vayas recorriendo por fuera también te abrirá por dentro”, explicaron los organizadores a los peregrinos antes de partir. Y con ese propósito de sentirse amados por la Virgen emprendieron el camino.

En la “casa de la Madre”, los caminantes fueron recibidos el pasado domingo por el obispo de la Diócesis de San Nicolás, Héctor Cardelli que celebró misa, bautizó y confirmó a algunos peregrinos que decidieron ser ungidos con los sacramentos.

 

Vivir como hermanos

Monseñor se dirigió a los caminantes  en la homilía en la que también pidió a la Virgen María que, “por la gracia de su hijo nos liberemos de todas las ataduras que nos impiden vivir como hermanos, como miembros de una familia tan noble, tan pura, tan novedosa como es la Iglesia”.

Durante su reflexión, el obispo destacó el “vivir como hermanos amándonos, como Cristo nos amó” y manifestó que ante la Virgen “se da un momento ideal para que todos pongamos en los pies del altar, en este bendito lugar dirigido por ella nuestras mejores intenciones de vivir en fraternidad, en el diálogo, en la comprensión, en el servicio mutuo; eso que ustedes mismos han experimentado en esta larga semana de caminata tratando de estar atento al otro, a sus necesidades, de cómo el otro iba sobrellevando el camino, para llegar juntos y para vivir como hermanos este gozo del encuentro con nuestra madre María”.

 

Cambiar este mundo

En otro pasaje de la homilía, Cardelli instó a los fieles a ser “grano de sal, luz encendida, levadura, para cambiar este mundo que nos enferma, que nos pide auxilio”, y añadió que “nosotros tenemos los recursos, desde el corazón, el amor y la fe, para dejar de lado, la falta de respeto, el egoísmo, la enemistad, la competencia, la rivalidad.

“No hay nada más sano que amarnos, no hay nada más profundamente reconfortante que vivir el amor, practicarlo, perdonarnos, querernos, ayudarnos, viviendo gozosos como hermanos, en un Dios padre que nos dejó a la Virgen  María para que la aceptemos como madre”, sostuvo el obispo.

 

Presencia maternal

En la finalización de su homilía, Cardelli pidió a la Virgen “que su presencia maternal en la Iglesia sea cada vez más reconocida, no solamente en la devoción sino también en el compromiso con el prójimo y así entonces nuestra Iglesia será verdaderamente una antorcha para muchos que buscan el camino y no lo encuentran.

“Nosotros que hemos encontrado el camino seamos solidarios con nuestros hermanos, démosles a ellos una palabra de aliento, un gesto. Ellos esperan de nosotros una iniciativa y nuestra disposición a fin de que todos como hermanos gocemos de la fiesta de sabernos cristianos”.

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