sábado 13 de junio de 2026

Sala de Pediatría del Hospital: cuando el juego ayuda a sanar

30 de noviembre de 2014 - 00:00

 

Estudiantes del Instituto de Formación Docente Nº 5, en el marco de un voluntariado, desplegaron estrategias lúdicas para brindar contención a los chicos internados en el nosocomio. Definieron la experiencia como “un acto de amor” y “rico aprendizaje”.

 

DE LA REDACCION. A menudo se dice que el juego y la risa tienen un potente efecto sobre la salud de las personas y predisponen mejor a la recuperación del estado de bienestar. La experiencia de voluntariado realizada este año por alumnas de tercer año del Profesorado de Educación Especial del Instituto de Formación Docente y Técnica Nº 5 en la Sala de Pediatría del Hospital San José es un testimonio que demuestra cuánto de eso encuentra su correlato en la realidad. Producto de una experiencia de “aprendizaje en servicio”, guiadas por la profesora María Cristina “Mary” Ruffini y en el marco de un acuerdo firmado con el Hospital San José, un grupo de alumnas realizó visitas a la Sala de Pediatría para interactuar con niños internados. En diálogo con LA OPINION el grupo relató la experiencia y destacó que el principal aprendizaje fue “poder ayudar a los chicos a transitar mejor por su internación, distrayéndolos de sus problemas de salud, brindándoles nuestro tiempo para que ellos y sus familias se sintieran acompañados”.

La docente “Mary” Ruffini explicó que el proyecto se puso en marcha luego de varias entrevistas mantenidas con las autoridades del Hospital San José en las que se acordó la modalidad de trabajo y se establecieron ciertas normas para que el desarrollo de la experiencia no interfiriera con la dinámica de funcionamiento del Servicio de Pediatría del Hospital. 

“Las alumnas se organizaban en grupos y visitaban el Hospital por la tarde, lo que acercaban era una propuesta lúdica”, planteó la docente y las propias participantes del proyecto describieron que lo que hacían era jugar, disfrazarse, pintar a los chicos y a sus padres y proponerles distintas actividades que los distrajeran por un rato del problema por el que estaban atravesando.

“Jugábamos con los chicos estimulándolos para que pudieran pasar un buen momento, que por un rato se olvidaran de la situación por la que estaban pasando y para eso utilizábamos herramientas del arte, la música, el baile; por un momento ellos se olvidaban que estaban internados y los padres también participaban de nuestras propuestas”.

 

Múltiples recursos

Durante gran parte del año, cada tarde en las habitaciones que les asignaban los médicos de acuerdo al estado de salud de cada chico, las voluntarias llegaban con un carrito de supermercado repleto de elementos entre los cuales contaban pelucas, juguetes, cartas, pinturas, cuentos. Cada recurso era válido para cumplir el cometido de brindar su tiempo y compartir con los chicos “un buen momento”. 

“Cada día era diferente, al llegar indagábamos en las necesidades de cada uno, y así fuimos encontrando el modo. En general nos disfrazábamos, usábamos pelucas de payaso, brindábamos funciones de títeres, los pintábamos, les leíamos cuentos y jugábamos a las cartas”, contaron.

 

Para la familia

En el relato de la experiencia, las estudiantes del profesorado destacaron el eco que encontraron en familiares de los pacientes y en el propio equipo de salud. “Al principio teníamos temor, pero después descubrimos que nuestra presencia se transformaba para las familias de los chicos en una contención importante”, confiaron.

También hablaron de la confusión que generó inicialmente su presencia en el nosocomio, donde no era habitual este tipo de actividades: “Al principio pensaban que éramos asistentes sociales y que íbamos a controlarlos a ellos, pero cuando se daban cuenta de que nuestra función era otra, ahí participaban activamente de nuestras propuestas y hasta nos esperaban”.

“El papá o la mamá que está en un Hospital está muy conmovido y el hecho de que nosotros llegáramos para jugar con ellos y con sus hijos era algo importante”, aseguraron y confiaron que con algunas familias aún mantienen el contacto. También refirieron que recibieron mucha colaboración de la comunidad hospitalaria: “Pintábamos a las enfermeras e interactuábamos con los profesionales médicos”.

 

Ayudar a sanar

“En estos meses vimos el proceso de muchos chicos, desde que llegaron al Hospital hasta que les dieron el alta y el cambio fue muy impresionante. Había un nene que al principio no nos hablaba y luego el pediatra nos felicitó porque a partir de nuestras intervenciones él había cambiado mucho la manera de sentirse en el Hospital”, comentaron.

 

Un primer hito

Para el Instituto de Formación Docente y Técnica Nº 5 este fue “un primer hito” de trabajo en el ámbito hospitalario al que consideraron “necesario” por cuanto en otras ciudades existen servicios donde se brinda educación a los chicos internados; “aquí esto no ocurre y nosotros creamos este dispositivo como para posibilitarles a nuestras alumnas la experiencia y al Hospital un servicio que contribuya a la noble tarea que ellos realizan”, dijeron con esperanzas de profundizar más esta tarea. De hecho la intención del Instituto es poder conformar un nuevo grupo de alumnas el año próximo que permita dar lugar a nuevas experiencias de este tipo.

En este sentido, la profesora “Mary” Ruffini confió que, a partir de lo realizado por las voluntarias, en la Escuela de Artes Visuales “Emilio Petorutti” tienen la idea de ofrecer la posibilidad de hacer lo mismo en el Hospital en el Servicio de Clínica Médica con pacientes adultos, atendiendo a la importancia que la cuestión lúdica tiene en el proceso de recuperación de la salud.

 

El mayor aprendizaje

Habiendo ya finalizado la experiencia, las estudiantes confesaron sentirse satisfechas: “Fue una maravillosa experiencia de aprendizaje, pudimos vencer nuestras dudas, temores, nuestra propia timidez y descubrir que lo que estábamos haciendo era un acto de amor”.

Del proyecto participaron: Carla Alvarez, Daiana Negri, Victoria Sánchez, Luciana Ojeda, Guillermina Allevato, Tania Pereira, Martina Bermejo, Sofía Gonzáles, Jeannette Wischd, Samanta Suárez, Yamila Galván, Agostina Bichara, Mariana Benavídez, María Belén Ghío Trebino, Mariana Malonni, Florencia Camacho, Vanesa Camacho y Tamara Gómez.

 

 

La experiencia, en primera persona

 

Durante la entrevista con LA OPINION, una de las estudiantes relató en primera persona lo que sintió cuando escuchó a una de las niñas comentar lo que significaba para ella que “los payasos” fueran al Hospital. “Entendí por qué yo estaba ahí cuando escuché a una nena de 13 ó 14 años que estaba internada porque había tenido su primera menstruación que le decía a su hermana: ‘Viste, al final lo importante era reírse”. Nosotras pensábamos que se estaba aburriendo porque era más grande que los otros chicos y quizás ya no le interesaba jugar. Cuando la oí decir lo que dijo tomé verdadera dimensión de lo que nosotras estábamos haciendo allí y fue muy conmovedor”.

En la misma línea, otra de las estudiantes confesó: “Para mí no estábamos haciendo nada grande, nos parecía que sólo íbamos a jugar con ellos, sin tomar conciencia de la verdadera dimensión de esa tarea. Cuando la jefa de Residentes nos comentó que un nene que tenía espina bífida y enormes dificultades para dejarse tocar por los médicos, logró permitir esas intervenciones a partir de nuestra presencia, supimos que estábamos haciendo algo capaz de generar la sonrisa en un chico y transformar algo de su realidad”.

“No es fácil confrontar con el dolor y hacer algo con él, pero fue un aprendizaje muy significativo para nosotras”, coincidieron y definieron lo que han vivido como “un acto de amor, ponerse en el lugar del otro, sentir lo que el otro siente y hacer algo con eso”.

 

 

 

 

 

 

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