Miabi Hatanaka transformó su herencia cultural en una filosofía de diseño. Tras un Trabajo Final de Carrera (TFC) sobre arquitectura japonesa y una beca en el país de sus abuelos, Miabi regresó a la Argentina con el objetivo de "diseñar a partir de lo mejor de ambos mundos”. Según ella: la lógica espacial japonesa y la cultura local.
Miabi cuenta que su interés por la arquitectura japonesa surgió de una doble búsqueda: la de su propia identidad y la de llenar un vacío académico. "En la facultad, noté esa ausencia de arquitectura japonesa. Quería ir a lo tradicional, lo fundacional. Me sorprendió muchísimo, me encantó la investigación que pude hacer".
Esta exploración la llevó a aplicar para una beca que le permitió estudiar y trabajar durante nueve meses en Japón, en la misma prefectura donde nació su abuela.
Trabajó en proyectos de renovación ("lo llaman renovation", aclara), centrándose en el respeto por el material y la resolución estructural en un país con alta actividad sísmica. Reveló una curiosidad técnica sobre las herramientas de diseño utilizadas.
Más allá del wabi sabi
Durante su estadía, Miabi también cursó una materia en el Ryoma Design & Beauty College con el sensei Matsuyama, quien la ayudó a desentrañar los conceptos complejos de la arquitectura tradicional.
Visitó templos, casas de té y analizó elementos como el ma (el vacío o pausa significativa), el wabi sabi (la belleza de la imperfección y lo efímero) y el tokonama (un espacio sagrado para exhibir arte u objetos).
"La arquitectura no debe replicarse, porque está totalmente ligada a la forma en la que uno habita y a la cultura específica. Lo que sí podemos traducir son los principios y la lógica: la relación con la luz, la manera de organizar el vacío, el vínculo interior-exterior", explica.
Al volver a la Argentina, se dio cuenta del choque cultural y de la necesidad de "traducir ese mundo tan complejo y sensible a un lenguaje más cercano". Así nació su proyecto de divulgación en redes, que busca ir más allá de lo meramente aesthetic o de la moda.
Para la arquitecta, la sustentabilidad en Japón no es una tendencia, sino un valor profundamente arraigado en la cultura. "La arquitectura japonesa tanto tradicional como contemporánea es súper sustentable. Allá usan mucho la madera, la tierra, el papel. Tienen una filosofía consciente de respeto al material que acá quizás no tenemos tanto".
Miabi enfatiza que la clave es la adaptación, no la imitación. Y en cuanto a claves, muestra en sus redes alguno conceptos que se pueden aplicar al habitar argentino.
Explica que algunos elementos de diseño, fundamentales en Japón, tienen un potencial de adaptación enorme a las costumbres locales, mejorando la calidad de vida y el orden espacial.
Por ejemplo, el Genkan. Es un espacio de transición entre el exterior y el interior donde se realiza la práctica de quitarse los zapatos antes de ingresar a la vivienda, “una costumbre que el COVID aceleró en Occidente” y para Miabi es un módulo de orden y limpieza perfectamente adaptable a nuestro país.
El Engawa es una especie de galería o corredor que bordea la casa, funcionando como una zona que amortigua la relación entre el interior y el jardín o espacio exterior. "Es muy parecido a una galería, pero tiene su magia. En Japón se usa mucho sentarse en el piso. Siento que son pequeños conceptos que se pueden ir adaptando a nuestra cultura".
Un puente cultural para construir un hábitat más consciente
La experiencia de Miabi Hatanaka se traduce en una convicción profesional sólida: la arquitectura no es solo materializar sueños, sino "mejorar la calidad de vida de las personas" a través de decisiones, sean urbanas o pequeñas intervenciones en el espacio.
Su objetivo es claro: demostrar que al "interpretar y no imitar" los principios japoneses (el respeto por la materialidad, la lógica de la mutación y la organización del vacío) es posible enriquecer la narrativa arquitectónica argentina. Su misión como arquitecta nikkei es la de tender un puente cultural y funcional para construir un hábitat más consciente de este lado del planeta.
Fuente: Clarín.