La arquitectura tiene el poder de sanar o reparar territorios heridos. Bajo esta premisa, el Desafío Alacero 2025 convocó a las facultades de arquitectura de la región para proyectar soluciones bajo el lema del ODS 15 de la ONU: la conservación de los ecosistemas terrestres.
En una final presencial en Cartagena de Indias, Colombia, un equipo argentino se alzó con el máximo galardón gracias a una propuesta que trasciende la construcción tradicional para convertirse en un sistema vivo.
Este triunfo no es un hecho aislado, sino la consolidación de un predominio argentino (y cordobés) en el certamen regional. Con el oro de Fluviatilis, así se llama el proyecto ganador, nuestro país cosecha tres máximos premios en los últimos cuatro años.
En 2024, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) ya había obtenido el primer puesto con "Máquina de Algas", y en 2022, Lucas Merlo, Gabriel Palacios e Ian Bertuni, también de la UNC , fueron reconocidos por su proyecto “Enclave Insular”.
Un laboratorio de vida en la estepa
El grupo de tesistas de la cátedra Arquitectura VIB de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba (Profesora Titular Celina Caporossi) conformado por Francisco Fagiuoli, Juan Bautista Dalmasso y Abril Luchini Aguilar, ganaron el primer premio nacional y el primer premio internacional del Desafío Alacero 2025.
Su proyecto “Laboratorio de Viverización” recibió el primer premio en Cartagena, Colombia. El tutor del trabajo es el Arq. Fernando Vanoli y la asesora de estructuras es la Arq. Karin Klein.
El equipo abordó un escenario de fragilidad extrema: desertificación y pérdida de biodiversidad en un humedal estratégico. No se limitaron a diseñar un edificio; idearon un dispositivo ecológico activo.
El jurado nacional -integrado por Lucía Hollman, Hernán Jagemann y Celeste Guerrero- ya había advertido el potencial del representante nacional entre 27 proyectos. En la instancia regional, el tribunal ratificó de forma unánime que el trabajo cordobés era el modelo a seguir.
La propuesta se organiza en tres ciclos (hídrico, terrestre e interpretativo) y se materializa a través de una lógica lineal y modular. El programa incluye un laboratorio de viverización y espacios técnicos articulados por una pasarela elevada, una decisión proyectual clave que permite recorrer el paisaje sin intervenir el suelo frágil.
Paisajes en suspensión y máquinas temporales
El podio latinoamericano completó un mapa de soluciones donde el acero se estira para llegar y responder a geografías complejas.
El premio Plata quedó en Colombia. El proyecto Bioteca, de los estudiantes Sebastián Medina, Juan José García y Santiago Garcés de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín), intervino una antigua mina de azufre a 3.600 metros de altura en el Páramo de Guanacas.
La arquitectura aquí "flota" mediante anillos y planos tensados de acero que sostienen una piel de musgos y hongos, estabilizando microclimas.
Por su parte, Chile, se llevó el premio Bronce con la Máquina de Regeneración. El equipo de la Universidad de Chile, integrado por Clemente Edwards, Joaquín Garate y Felipe Muñoz, propuso una infraestructura efímera en el Parque Nacional Alerce Costero.
Se trata de una geometría circular de módulos de acero liviano que, tras cumplir su ciclo de reforestación (15 años), se desmonta para iniciar el proceso en otro sitio.
Finalmente, la Mención de Honor fue para República Dominicana por su proyecto Cápsula, de los alumnos de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), un dispositivo de recuperación ambiental en los humedales del río Ozama, que utiliza la versatilidad del acero para responder a la urgencia de la contaminación hídrica.
Fuente: Clarín.