Pocas historias dentro de la medicina local logran resumir tantos cambios, avances y transformaciones como la del Servicio de Nefrología de la Clínica Pergamino. En el marco del 90º aniversario del sanatorio, el área dedicada a la salud renal cumple 50 años de funcionamiento, convirtiéndose en uno de los servicios de mayor trayectoria de la institución y en un verdadero referente regional.
Detrás de esa historia aparece una figura indispensable: la doctora Ana María Cusumano, pionera de la especialidad en la ciudad, impulsora del servicio y una de las nefrólogas más reconocidas del país.
“Crecimiento profesional, crecimiento científico, sobrevida de los pacientes, trasplantes, desarrollo de la especialidad. Cuando yo empecé la nefrología era una especialidad pequeña y hoy es muy grande”, resume la médica al repasar medio siglo de trabajo.
Los comienzos en Pergamino: dos habitaciones y un sueño
El origen del servicio se remonta a 1976, cuando la nefrología todavía daba sus primeros pasos en Argentina. Lo que hoy es un moderno centro de atención comenzó de manera modesta, casi artesanal. “Cuando empezamos teníamos solamente dos habitaciones en el primer piso. No estaba planteado hacer algo grande ni pensar en un gran crecimiento. Los pacientes eran muy pocos y la especialidad recién se estaba desarrollando”, recuerda.
Inicialmente el proyecto era compartido con otros colegas que viajaban desde Buenos Aires. Sin embargo, con el paso del tiempo, Cusumano continuó vinculada a Pergamino y terminó convirtiéndose en una de las grandes impulsoras del área. “Los colegas se quedaron en Buenos Aires y yo seguí viajando. Todavía voy y vengo. Toda mi escuela primaria y secundaria la hice acá y siempre me sentí parte de Pergamino”, cuenta.
Poco a poco comenzaron a aparecer los resultados. Los pacientes que debían trasladarse a Buenos Aires empezaron a atenderse en la ciudad y el servicio comenzó a crecer. “Empezamos a ocupar un ala completa y luego fuimos ampliándonos hasta llegar al lugar que hoy conocemos”, señala.
Ana Cusumano
La doctora Ana Cusumano, una de las pioneras del Servicio en la Clínica Pergamino.
LA OPINION
Del remo a la tecnología de última generación
Uno de los aspectos que más sorprende al escuchar a la especialista es la enorme transformación tecnológica que atravesó la nefrología durante estas cinco décadas.
“Trabajábamos muy artesanalmente. Pesábamos las sales y revolvíamos el líquido de diálisis con un remo”, recuerda entre sonrisas.
Aquellas primeras prácticas poco tienen que ver con la realidad actual.
“Hoy trabajamos con agua ultrapura, con líquidos estériles y con tecnología que en aquel momento ni siquiera imaginábamos que podía existir.”
Actualmente el servicio funciona en el tercer piso de la Clínica Pergamino y cuenta con instalaciones especialmente diseñadas para la comodidad de los pacientes, quienes deben permanecer varias horas por semana en tratamiento.
“Hay pacientes que pasan entre 12 y 14 horas semanales en diálisis. Por eso siempre pensé que necesitaban un lugar agradable, con luz y un entorno confortable.”
Un equipo que creció junto a la especialidad
Lo que comenzó como un pequeño proyecto hoy está integrado por más de veinte profesionales y trabajadores.
“Hoy somos ocho nefrólogos, personal técnico, terapistas, secretarias y gente de mantenimiento. Es un verdadero equipo”, explica.
Además de la asistencia médica, el servicio desarrolla tareas de investigación, docencia y capacitación permanente.
“Hicimos cursos para formar a nuestra propia gente y también para capacitar profesionales de la región. Esto es un servicio de nefrología, no solamente un servicio de diálisis”, remarca.
La médica continúa vinculada activamente al área coordinando actividades, supervisando el funcionamiento de los equipos, realizando tareas docentes y participando en trabajos científicos.
Una enfermedad que dejó de ser una condena
Quizá uno de los mayores cambios que presenció la doctora Cusumano sea la evolución de la expectativa de vida de los pacientes renales. “Lo que antes era prácticamente una condena a muerte hoy se transformó en un camino largo.”
La especialista recuerda pacientes a quienes comenzó a atender siendo niños y que, décadas después, continúan luchando contra la enfermedad.
“Tengo personas que se dializaron, se trasplantaron, volvieron a diálisis, recibieron un segundo trasplante y hoy están esperando un tercero.”
La diálisis permitió extender la vida y mejorar las posibilidades de llegar a un trasplante.
“La diálisis posibilitó que los pacientes pudieran esperar un buen donante y eso cambió completamente la historia de la enfermedad.”
El orgullo del sistema argentino de trasplantes
Consultada sobre la situación de los trasplantes renales en el país, la profesional fue contundente. “Argentina está a la vanguardia en Latinoamérica.” Destacó especialmente el funcionamiento del sistema nacional y del Incucai.
“El sistema de trasplantes argentino funciona bien, es seguro y muy prolijo. Podemos sentirnos orgullosos.”
Según explicó, todos los pacientes que ingresan a diálisis son registrados y pueden decidir si desean ingresar o no a la lista de espera para un trasplante.
“Tenemos un registro nacional de diálisis que es reconocido internacionalmente y que funciona desde hace más de veinte años.”
La formación continua como bandera
A lo largo de su carrera, Cusumano recibió importantes reconocimientos internacionales, entre ellos distinciones otorgadas en Ecuador y la India.
Sin embargo, la médica considera que el verdadero valor de su trayectoria radica en la formación permanente. “No existe la medicina sin actualización continua.”
La especialista participó activamente en sociedades científicas nacionales e internacionales y considera que la educación permanente constituye una obligación profesional. “Si uno quiere ser médico tiene que saber que va a estudiar toda la vida.”
Para ella, la docencia y la medicina resultan inseparables. “La mejor forma de aprender es enseñar, porque eso obliga a prepararse permanentemente.”
La pandemia, un desafío
La llegada del Covid representó uno de los mayores desafíos para el servicio. “Mis colegas me prohibieron entrar porque yo tenía más de 70 años”, recuerda.
El equipo reorganizó completamente el funcionamiento del sector para evitar contagios. Se establecieron circuitos independientes, se modificaron los ingresos y se implementaron estrictos protocolos de traslado. “No tuvimos contagios dentro de la sala de diálisis. Eso demostró que las medidas funcionaron.”
La médica destaca que los pacientes comprendieron el esfuerzo realizado por el equipo. “Ellos fueron plenamente conscientes de que se los estaba cuidando.”