domingo 28 de junio de 2026

Marcelo Conte: su historia atravesada por el arbitraje y la resiliencia

Desde hace 48 años es árbitro de fútbol, actualmente en categorías infanto- juveniles. Es un defensor de la educación y del deporte como formador en valores.

28 de junio de 2026 - 07:18

Humberto Marcelo Conte es árbitro de fútbol y fue empleado bancario. Tiene 72 años recién cumplidos y una vida de fortaleza y resiliencia. Papá de gemelas, es pergaminense de alma. Traza su Perfil en la cotidianeidad de un bar, allí donde transcurre el folklore de lo ciudadano, entre caras y voces conocidas.

Tiene una mirada del deporte y de la vida que privilegia los valores y es un defensor de la educación en el sentido más amplio del término. Por eso siempre prefirió dirigir en las categorías formativas del fútbol- aunque lo ha hecho en casi todas con muy buen desempeño- porque entiende que allí es donde se puede sembrar una semilla que reafirme lo esencial y todo aquello que sirve para patear la pelota y para vivir la vida.

Su apodo es “Pitufo”, lo adquirió en las canchas. Comenzó a incursionar en el arbitraje a los 24 años. Ya lleva 48, con la pasión del primer día, aunque con la experiencia y el temple que da el paso del tiempo.

En el inicio de la charla cuenta que nació en el barrio Acevedo. Fue hijo único del matrimonio de sus padres: Antonio Umberto- sin H porque sus padres eran italianos- y Hilda Luján Pérez “Mi viejo era ferroviario y mi mamá había trabajado en Casa Bo, aunque después fue ama de casa”, refiere.

Comenta que fue al Colegio San José de los Hermanos Maristas y que desde chico tuvo participación en un grupo juvenil cristiano de San Vicente de Paul. “Ibamos con las chicas del Huerto a trabajar en las villas de emergencia. Pasé una juventud linda, las creencias que teníamos. Chocaba en las clases de religión porque el hermano decía que había que ayudar en Africa. Y yo pensaba que primero había que ayudar al que estaba al lado.

“Tengo gemelas que tienen 37 años. Lucía, casada con Leonardo, mamá de Victoria (20) estudiante de Medicina; e Inés (14) que estudia en el Colegio Nuestra Señora del Huerto. Y Agustina, que es soltera”. “A pesar de que son gemelas tienen distinto carácter y ambas son maravillosas”, resalta.

Una mala jugada

Al hablar de su historia familiar, su relato se introduce en un capítulo doloroso: “La vida me jugó una mala pasada”, expresa. Y cuenta: “Mi esposa Graciela Leonor Sinelli, falleció repentinamente a los 37 años. Era licenciada en Trabajo Social y estaba en Pami. Sufrió un paro cardíaco cuando las nenas tenían 10 años, así que me quedé solo con ellas, mis padres y matrimonios amigos me sostuvieron y me ayudaron muchísimo en aquellos años”.

Esa experiencia triste le permitió dimensionar la finitud de la vida y apreciar lo valioso que resulta el tiempo. “Quizás a raíz de lo que me tocó vivir es que valoro tanto a la mujer, cuando se fue mi esposa, se fue para mis hijas la palabra justa, porque ella tenía otros recursos para acompañarlas, siempre sabía qué hacer y qué decir en cada situación. Para mi fue un gran aprendizaje y también una tarea que asumí con mucha dedicación y responsabilidad. Las gemelas eran chicas y yo intenté siempre brindarles lo mejor y que sintieran la ausencia de su mamá lo menos posible. Como padre di todo de mí, pero reconozco que los hombres no estamos preparados como las mujeres para la crianza”.

Con el paso del tiempo tuvo otra relación de pareja con una mujer que también falleció. “Fue otro golpe difícil de afrontar”, coincidió haciendo mención a otras situaciones de la vida dolorosas asociadas con las pérdidas. “En un momento en el que se enfermaron mis padres, yo me mudé con ellos, y los cuidé hasta el final, fallecieron ambos en un corto período de tiempo, pero me sentí tranquilo de haber podido estar siempre”.

Un cable a tierra

Confiesa que en los momentos difíciles como en los otros, siempre encontró en el arbitraje un cable a tierra. “Me ayudó a no decaer y a seguir adelante. Fue un cable a tierra y por eso lo sigo ejerciendo hasta hoy”, expresa recreando sus comienzos en esta actividad.

“Conocía el reglamento, pero no había rendido en la Liga de Fútbol. Un árbitro muy conocido, Jorge Adolfo Casich, me planteó si me animaba a dirigir un partido en la Liga de Arrecifes. Me animé, era una cuarta división, del clásico Almirante Brown y Obras Sanitarias que terminó 2 a 2. Cuatro expulsados, dos de cada lado”, recuerda.

“Comencé a tomarle el gustito, rendí en la Liga de Fútbol, después como árbitro provincial y más tarde vino la apertura del SADRA, con Guillermo Marconi, y tuve la suerte con cuatro compañeros de Pergamino de hacer el curso nacional de árbitros de la AFA. Viajábamos a Tandil y en paralelo dirigíamos en la Liga de San Pedro”, abunda agradecido por su formación y por el reconocimiento que a lo largo de una larga carrera obtuvo tanto de la Liga de Fútbol de Pergamino como del Círculo de Periodistas Deportivos que lo distinguieron por su labor.

“El arbitraje pasó a ser para mí una profesión”, destaca. Y comenta que también se formó como director técnico de fútbol a nivel nacional. “Pedí permiso y fui técnico durante un tiempo. Estuve en el Club Argentino, donde tuve cuarenta chicos a mi cargo. Siempre me gustó trabajar en la formación deportiva infantil”.

“También en el Instituto Davreux fundamos el fútbol infanto juvenil, fue una linda experiencia de trabajo”, agrega. Y reconoce: “Pero no se puede estar de los dos lados del mostrador, y con el paso del tiempo, dejé la dirección técnica y me aboqué de lleno al arbitraje, actividad que me permitió estar en distintas categorías del fútbol e incluso dirigir encuentros del Nacional B, la segunda categoría del fútbol argentino”.

“Realmente soy un agradecido, a la Liga, a la Asociación de Árbitros de Pergamino, y también un agradecido a la gente que me ha acompañado en este camino”, refiere, respetuoso de los afectos y de las relaciones que ha estrechado a lo largo de los años.

Empleado bancario

Su pasión convivió siempre con la vida laboral. “Trabajé en una Caja de Crédito y se transformó en el Banco Local, funcionaba enfrente de la Municipalidad. Después esa entidad cerró, no fuimos tomados por otra institución cooperativa, así que yo comencé a trabajar en una compañía de seguros hasta que logré la jubilación”, cuenta.

“Durante buena parte de mi vida, el trabajo convivió con el arbitraje. Sacrifiqué mucho a la familia, porque durante la semana trabajaba y los fines de semana viajaba a los lugares donde me tocaba dirigir. Pero siempre pude hacerlo, y cuando podíamos salir todos juntos un fin de semana, no dudaba en hacerlo”.

Las mejores enseñanzas

Tanto en las canchas como en la vida, Marcelo es de las personas que sabe tomar de cada experiencia un aprendizaje. Quizás por esa razón al momento de hacer un recorrido por su trayectoria, encuentra en el reconocimiento una gratificación lógica, pero en el desafío que le plantea cada encuentro deportivo, la mayor satisfacción y la mejor enseñanza.

“No sé si recuerdo un partido en particular. Cada uno es una nueva experiencia y como uno no termina de aprender cosas en la vida y la vida es continuo aprendizaje, cada partido me da una satisfacción y me deja una enseñanza”, expresa, agradecido a la Liga de Fútbol de Pergamino por permitirle seguir ejerciendo, entrenando y representando a la entidad en las canchas.

“Es un honor para mí poder arbitrar a los 72 años y volcar lo que a mi me han enseñado. En la actualidad soy árbitro en categorías del fútbol infanto juvenil, así que hago lo que me apasiona. Entiendo que si un chico está en el deporte le dice que no al alcohol, al tabaco, a las drogas y a tantas otras cosas. Y desde mi lugar intento hacer mi mejor aporte para que eso pase”.

“Las tres patas que tiene la educación son la familia, la escuela y el club para contener”, abunda este hombre que siempre estuvo vinculado al deporte. “De chico jugué en Tráficos Old Boys, era arquero. También jugué al Basquet en Douglas Haig,y a los 18 años fui dirigente del Club Tráficos. Después ya me dediqué al arbitraje”.

El presente y el futuro

En la actualidad, la vida de Marcelo transcurre en las rutinas del deporte, el tiempo con su familia y una relación afectiva que mantiene con una mujer a la que conoció a través de los Torneos Bonaerenses. “Yo me había cerrado un poco a la posibilidad de compartir mi vida con alguien, porque había sufrido muchas pérdidas. Pero nos conocimos, empezamos a hablar, iniciamos una relación hace dos años. Ella se llama Marta Liliana Tellería, vive en Ramallo, está jubilada y tiene sus hijos. Nos llevamos muy bien y coincidimos en esta etapa y esperamos poder compartir nuestra vida juntos, quizás en una convivencia”.

Cuando la pregunta lo interroga sobre el porvenir, Marcelo expresa su deseo de vivir plenamente lo que la vida tenga para ofrecerle en términos de disfrute y también de descanso. “Amo lo que hago, me siento activo para seguir, pero también tengo la firme convicción de querer disfrutar de mis hijas, mis nietas, de los amigos, y de mi compañera, y para eso hay que tener tiempo libre y dedicarme a algo que se llama familia”, concluye, deseando que Dios le de vida suficiente para concretar ese anhelo, sabiendo que nunca quedará del todo de lado el arbitraje porque “es una pasión”.

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