También conocido como Día de Reyes, el 6 de enero se celebraba desde tiempos inmemoriales en Oriente, pero con un sentido pagano: en Egipto y Arabia, durante la noche del 5 al 6 de enero se recordaba el nacimiento del dios Aion. Creían que él se manifestaba especialmente al renacer el sol, en el solsticio de invierno que coincidía hacia el 6 de enero. En esta misma fecha, se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos.
La fiesta de la Epifanía sustituyó a los cultos paganos de Oriente relacionados con el solsticio de invierno, celebrando ese día la manifestación de Jesús como Hijo de Dios a los sabios que vinieron de Oriente a adorarlo. La tradición pasó a Occidente a mediados del siglo IV, a través de lo que hoy es Francia.
La historia cuenta que tres reyes magos fueron guiados por la estrella de Belén hasta el lugar que contiene el mismo nombre. Esta estrella señalaría el nacimiento del niño Jesús, el rey, razón por la que los reyes magos le llevaron regalos: oro, mirra e incienso.
Se puede aprovechar esta fiesta de la Iglesia para reflexionar en las enseñanzas del relato bíblico de la llegada de los Reyes Magos: Los magos representan a todos aquellos que buscan, sin cansarse, la luz de Dios, siguen sus señales y, cuando encuentran a Jesucristo, luz de los hombres, le ofrecen con alegría todo lo que tienen.
La estrella anunció la venida de Jesús a todos los pueblos. Hoy en día, el Evangelio es lo que anuncia a todos los pueblos el mensaje de Jesús.
Los Reyes Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado. El seguir a Dios implica sacrificio, pero cuando se trata de Dios cualquier esfuerzo y trabajo vale la pena.
Los Reyes Magos tuvieron fe en Dios. Creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Quizá ellos pensaban encontrar a Dios en un palacio, lleno de riquezas y no fue así, sino que lo encontraron en un pesebre y así lo adoraron y le entregaron sus regalos. Enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos.
Los Reyes Magos sintieron una gran alegría al ver al niño Jesús. Supieron valorar el gran amor de Dios por el hombre.
Para reflexionar
En la Epifanía, los cristianos celebran el amor de Dios que se revela a todos los hombres. Por ello una sugerencia para vivir esta fiesta es reflexionar y contestar las siguientes preguntas: ¿Qué regalo le voy a dar a Jesús este año que comienza?; ¿Qué puedo cambiar para ser mejor?; ,¿Qué regalos le voy a ofrecer a Jesús?; ¿Me encuentro alegre porque Dios me ama?; ¿Tengo fe en Dios?; ¿Sé vivir en la pobreza?; ¿Soy generoso (con mi tiempo, con mi persona, con los demás)?; ¿Suelo perseverar en mi vida espiritual a pesar de las dificultades que se me presentan?; ¿Obedezco a Dios con prontitud?