sábado 21 de febrero de 2026

Malezas: la labranza ocasional muestra sus límites, pero abre una ventana al manejo integrado

Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA en Carlos Casares rompió 20 años de siembra directa y analizó cómo impacta la labranza ocasional en la emergencia de malezas. No redujo la cantidad, pero sí modificó las especies presentes.

16 de septiembre de 2025 - 09:18

Especialistas de la Fauba advierten que el verdadero desafío en el manejo de las plagas está en superar la visión cortoplacista del agro y planificar manejos de largo plazo para evitar “supermalezas” en todas las zonas agrícolas.

La siembra directa se adoptó masivamente en los 90 por sus beneficios en la conservación del suelo, la humedad y la reducción de costos de laboreo. Sin embargo, el uso continuo de herbicidas como único sostén del sistema abrió la puerta al avance de malezas resistentes y tolerantes.

“Ante las dificultades de control, los productores recurrieron cada vez más a los herbicidas, lo que aceleró la aparición de resistencias en soja, maíz, trigo y girasol”, explicó Fernando Oreja, investigador de la Universidad de Clemson (EE.UU.).

El ensayo de FAUBA: un quiebre de 20 años

En un campo de Carlos Casares, investigadores de la facultad realizaron dos pasadas de disco a 15 cm de profundidad, rompiendo dos décadas de siembra directa.

El resultado fue concreto: la cantidad de semillas de malezas en superficie fue similar a la de los lotes sin labranza, pero la composición cambió.

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Solo en siembra directa: verdolaga, trébol carretilla, trébol blanco. Solo en labranza: chamico, pastito de invierno, verónica.

En algunos casos, la labranza enterró especies problemáticas de semillas pequeñas, como la rama negra. En otros, trajo a la superficie malezas más fáciles de controlar químicamente.

Una herramienta más, no la solución

“La labranza ocasional puede ser un recurso puntual, pero no reemplaza la necesidad de un manejo integrado. Si se usa repetidamente, pierde efectividad”, subrayó Oreja.

El investigador insistió en que la rotación de cultivos debe ocupar un lugar central: modifica calendarios, densidades, rastrojos y herbicidas, generando condiciones menos favorables para las malezas.

Si bien muchos productores reconocen la importancia de diversificar prácticas, la realidad de los alquileres anuales y el trabajo de contratistas limita la posibilidad de planificar estrategias a largo plazo.

“Cuando la lógica está dominada por contratos cortos, se privilegia la solución inmediata: aplicar otro herbicida. Pero esa respuesta tiene fecha de vencimiento”, advirtió el especialista al medio oficial de la Fauba, "Sobre La Tierra". “Cuando la lógica está dominada por contratos cortos, se privilegia la solución inmediata: aplicar otro herbicida. Pero esa respuesta tiene fecha de vencimiento”, advirtió el especialista al medio oficial de la Fauba, "Sobre La Tierra".

Supermalezas: lo que viene

En Estados Unidos ya existen malezas resistentes a hasta ocho modos de acción de herbicidas. “Hay lotes que parecen cultivos de malezas y no se pueden cosechar”, contó Oreja, señalando a Amaranthus palmeri como el mayor enemigo en el sudeste de ese país.

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Argentina ya registra casos de resistencia a tres modos de acción distintos. “Si seguimos con esta lógica, vamos camino a repetir el escenario norteamericano”, alertó.

El estudio de la FAUBA refuerza una idea clave: ninguna herramienta por sí sola alcanza. La labranza ocasional puede aportar, pero solo como parte de un enfoque más amplio que combine prácticas culturales, químicas y mecánicas.

“Las malezas tienen una enorme capacidad de adaptación. No se trata de erradicarlas, sino de mantenerlas bajo niveles que no afecten los rendimientos. La clave está en usar un abanico de medidas, no una sola”, concluyó el investigador.

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