El último informe técnico del INTA Pergamino, elaborado por Guadalupe Tellería y Paula Melilli de la AER Junín, describe un marcado cambio en el balance hídrico del distrito. Luego de varios años condicionados por el fenómeno “La Niña”, el período mayo–agosto 2025 estuvo signado por lluvias muy superiores al promedio histórico, que revirtieron el déficit acumulado pero también trajeron nuevos desafíos.
Según el documento, las precipitaciones de agosto superaron ampliamente los registros normales, provocando un ascenso sostenido del nivel freático. Las zonas bajas del relieve, con escaso escurrimiento, comenzaron a mostrar signos de anegamiento y dificultades para el tránsito rural, afectando incluso áreas productivas.
El análisis de imágenes del satélite Sentinel-2 permitió comparar la cobertura vegetal y la humedad superficial del suelo entre agosto de 2024 y agosto de 2025. En este último año, los tonos más claros en la imagen reflejan vegetación activa y vigorosa, señal de una recuperación del paisaje agrícola tras la sequía.
Sin embargo, los cuerpos de agua –identificados en tonos oscuros– también aumentaron, evidenciando mayores acumulaciones superficiales producto de los excesos hídricos. El índice mNDWI, que mide la presencia de agua en superficie, mostró un salto notable entre ambas campañas: mientras que en 2024 predominaban los suelos secos, en 2025 el 11% del área presentó anegamientos y un 3% suelo saturado, frente a solo un 5% el año anterior.
Precipitaciones por encima del promedio
El régimen de lluvias durante la campaña 2024/25 se ubicó muy por encima del promedio histórico (1942–2023). En los meses de noviembre de 2024 y mayo de 2025, los acumulados superaron los 150 y 200 milímetros, respectivamente.
Esta marcada recuperación contrasta con las campañas previas, cuando la falta de agua limitó el crecimiento de los cultivos y la recarga de las napas.
Para el INTA, estas condiciones favorecen al trigo en desarrollo y ofrecen buenas perspectivas para el maíz temprano y la soja, siempre que las napas se mantengan dentro de los rangos óptimos. Pero al mismo tiempo, exigen un manejo cuidadoso en sectores donde el ascenso freático podría volverse limitante.
Las napas, protagonistas de la nueva campaña
El estudio también incluye un mapa actualizado del nivel freático, elaborado con datos de UNNOBA y la Asociación de Ingenieros Agrónomos de Junín (AIAJ). Allí se observa una gran variabilidad espacial, con zonas donde el agua subterránea se ubica a menos de 80 centímetros de la superficie, especialmente cerca de la laguna El Carpincho y el noreste del partido.
En los sectores más altos del sudoeste, en cambio, la napa desciende a más de 2,8 metros, dentro del rango ideal para los cultivos de verano.
El informe retoma el modelo conceptual de Jobbágy y Nosetto (2017), que define los rangos óptimos de napa según cultivo: entre 0,7 y 1,7 metros para trigo, 1,2 a 2,2 m para soja y 1,4 a 2,4 m para maíz. Mantenerse dentro de esos márgenes garantiza un aporte hídrico positivo; superarlos implica riesgos de asfixia radicular, pérdida de nutrientes y caída del rendimiento.
Un escenario desafiante, pero con oportunidades
En su análisis final, el INTA subraya que la campaña 2025/26 presenta un escenario hídrico complejo, pero también prometedor.
El exceso de lluvias y la recuperación de las napas reponen el agua del perfil, ofreciendo ventajas para la siembra gruesa, aunque obligan a monitorear permanentemente las variables climáticas y edáficas.
“El desafío estará en ajustar el manejo por ambientes, aprovechar el beneficio de las napas en rangos óptimos y prevenir los efectos del anegamiento en los bajos”, concluye el trabajo. “El desafío estará en ajustar el manejo por ambientes, aprovechar el beneficio de las napas en rangos óptimos y prevenir los efectos del anegamiento en los bajos”, concluye el trabajo.
En definitiva, el agua volvió a ser protagonista en el norte bonaerense: tras la sequía, el desafío ya no es la falta, sino el control del exceso. Una nueva etapa para la producción bonaerense, donde la observación, la tecnología y la planificación se vuelven claves para sostener los buenos rendimientos.