La alimentación de los astronautas a bordo de la nave Artemis II experimentó una transformación, con menús que incluyen comidas tan familiares como el macarrón con queso y la carne asada. Todo esto forma parte de una estrategia diseñada para enfrentar los retos de futuras misiones de larga duración, según reveló la revista National Geographic.
El objetivo de la NASA es mantener el bienestar físico y emocional de los tripulantes en entornos extremos, al tiempo que se anticipa a los próximos desafíos de la exploración espacial: extender la vida útil de los alimentos más allá de los estándares actuales y desarrollar sistemas autosuficientes de cultivo en el espacio, según la agencia.
La nave Artemis II cuenta con alimentos elaborados y seleccionados por el Laboratorio de Sistemas de Alimentos de la NASA, una unidad especializada en nutrición para vuelos espaciales. El menú, ajustado a las preferencias de la tripulación y presentado en envases herméticos, incluye 200 opciones, desde guisos tradicionales hasta versiones liofilizadas de postres y bebidas.
Cómo se seleccionan y conservan los alimentos para el espacio
En la Estación Espacial Internacional, los astronautas disponen de un repertorio de 200 opciones alimenticias preparadas para conservar sabor, nutrientes y seguridad sanitaria entre uno y tres años. Durante el proceso de selección para Artemis II, la tripulación evaluó todas estas alternativas en cuatro sesiones de cata de una hora y eligió sus comidas preferidas para la expedición, detalló Xulei Wu, directora del Laboratorio de Sistemas de Alimentos de la NASA.
Este sistema representa un cambio respecto al menú limitado de las misiones Apollo, donde los astronautas consumían cubos compactados de carne, pan y fruta. El comandante de Apollo 8, Frank Borman, describió en 1968 que los alimentos eran tan insípidos que “no suena como un respaldo entusiasta”.
Wu explicó que es imposible establecer un menú estándar “que todos amen” debido a las diferencias de preferencias y restricciones fisiológicas. Por esta razón, el equipo ajusta las recetas según los comentarios que la tripulación brinda tras sus misiones.
Recientemente se eliminaron los cheese grits por desaprobación generalizada y se experimentó con técnicas de conservación como la radiación gamma y los haces de electrones para mantener la textura y el sabor incluso después de años de almacenamiento. Por ejemplo, el guiso de ternera con piña fue tratado con radiación para prevenir microbios; sin embargo, las enzimas de la fruta provocaron la descomposición de la carne, lo que modificó su textura.
Actualmente, las cocinas espaciales incluyen un calentador de alimentos a bordo de la nave Orion, capaz de elevar la temperatura de las raciones entre 68 °C y 80 °C en menos de una hora. Este avance reemplaza las antiguas pistolas de agua caliente, según Wyeth McKinley, instructor de la tripulación Artemis. Inicialmente, se planeaba limitar su uso a las tres comidas principales, pero la demanda de “snacks a cualquier hora” llevó a recalibrar los controles de energía y temperatura, señaló Paul Boehm, gerente de sistemas de la cápsula.
Restricciones técnicas y nutricionales en los menús espaciales
La selección de alimentos debe cumplir con criterios estrictos: los menús deben ser agradables, variados y fáciles de consumir en microgravedad, y evitar ingredientes que desprendan partículas, como el pan tradicional, para impedir la dispersión de migas y posibles riesgos en los sistemas de la nave. Por esta razón, las tortillas y panes planos reemplazan al pan convencional. Además, la dieta, baja en sodio, busca proteger la salud ósea, una prioridad bajo condiciones de ingravidez, según Space Food Systems.
De cara a misiones más extensas —como la instalación de bases lunares o los viajes tripulados a Marte—, los desafíos en materia de alimentación aumentan. Suresh Pillai, director del National Center for Electron Beam Research de Texas A&M University y especialista en conservación de alimentos por irradiación, explicó que se busca lograr alimentos aptos hasta por siete años de almacenamiento. Las técnicas experimentales ya han permitido alcanzar los cuatro años, y se espera lograr la meta a corto plazo.
Fuente: Infobae.