En el partido bonaerense de 9 de Julio, la situación hídrica es alarmante para el campo. Las consecuencias de la desidia política, agravada por las condiciones climáticas adversas, que depositó lluvias fuertes en toda la región, hacen que los productores estén renunciando a la campaña invernal y miran de reojo el inicio de la temporada gruesa.
Los registros de lluvias marcan que, entre 1961 y 2024, el promedio anual fue de 1.060 mm. Sin embargo, la tendencia cambió drásticamente: desde 2015 (con 1.034 mm) hasta 2023, las precipitaciones oscilaron entre un mínimo de 616 mm (2022) y un máximo de 966 mm (2017), configurando tres campañas agrícolas consecutivas con marcada restricción hídrica.
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La campaña 2024/2025 se perfilaba bajo la misma condición, hasta que las lluvias se intensificaron a partir del 14 de febrero. En agosto, los distintos cuarteles ya habían superado los 1.000 mm, lo que colapsó la cuenca —que venía seca por la sequía previa— y generó extensos anegamientos.
INFORME PREOCUPANTE
De acuerdo con informes elaborados por la AER 9 de Julio y el Grupo GIS de la EEA INTA Pergamino, la superficie afectada asciende hoy a 110.000 hectáreas (70 % de uso ganadero y 30 % agrícola). Además, se detectaron 160 km de la red caminera comprometidos —incluyendo rutas provinciales y caminos secundarios y terciarios— con cortes de entre 10 y 100 metros que bloquean el acceso a vastas áreas productivas.
Las consecuencias son severas: se redujo entre un 60 y 70 % la superficie sembrada con cultivos de fina y ahora está en riesgo la implantación de maíz temprano, girasol y soja. La situación impacta tanto en la producción como en la vida social de la región, que continúa en estado de alerta.