Hace seis años, la palabra “coronavirus” todavía sonaba lejana. Aunque la Organización Mundial de la Salud había declarado la emergencia sanitaria internacional el 30 de enero de 2020, en Argentina reinaba una aparente normalidad. Hasta que el 3 de marzo todo cambió.
Ese día, el Ministerio de Salud confirmó el primer caso de covid-19 en el país.
El anuncio oficial en Argentina
“Tenemos el primer caso de coronavirus confirmado en el país”, informaba el entonces ministro de Salud, Ginés González García, en una conferencia de prensa que compartió con el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, y la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti.
Se trataba de un hombre de 43 años que había regresado de un viaje por Italia y España. Presentaba fiebre, tos y dolor de garganta. Tras acudir a una guardia médica, fue aislado e internado en la clínica Suizo Argentina. El diagnóstico fue confirmado por la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Dr. Carlos Malbrán en menos de 24 horas.
Las autoridades insistían en que se trataba de un “caso importado” y que el país se encontraba en etapa de contención. El mensaje buscaba llevar calma en medio de una creciente inquietud social.
De la calma al aislamiento
Por entonces, en el mundo ya había más de 90 mil casos confirmados y más de 3 mil fallecidos en 73 países. El 11 de marzo, la OMS declararía oficialmente la pandemia.
En Argentina, el giro decisivo llegaría el 20 de marzo, cuando el presidente Alberto Fernández anunció el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO). La cuarentena, que en principio iba a extenderse hasta fin de mes, se prolongaría durante meses y transformaría por completo la vida cotidiana.
El barbijo —inicialmente desaconsejado para la población general— se volvería obligatorio. El alcohol en gel desaparecería de las góndolas. Las clases, el trabajo y los encuentros familiares migrarían a plataformas como Zoom. La palabra “protocolo” pasaría a formar parte del vocabulario diario.
Lo que aún no sabíamos
Aquel 3 de marzo nadie imaginaba la magnitud de lo que vendría: hospitales colapsados en distintas partes del mundo, fronteras cerradas, vuelos cancelados, campañas masivas de vacunación y debates políticos y sociales que atravesarían cada decisión sanitaria.
Con el tiempo llegarían las vacunas, las flexibilizaciones y lo que se llamó “la nueva normalidad”. Pero ese primer anuncio marcó un antes y un después.
Seis años después, el recuerdo de aquel martes sigue funcionando como una bisagra en la memoria colectiva: el día en que el coronavirus dejó de ser una noticia lejana y se convirtió en parte de nuestra propia historia.