El tradicional asado argentino atraviesa un momento simbólico y económico que refleja cambios profundos en los hábitos de consumo. Según relevamientos realizados en carnicerías y supermercados, el fuerte aumento del precio de la carne vacuna generó una brecha histórica frente a otras proteínas, al punto que hoy, por el valor de un kilo de asado, los consumidores pueden adquirir casi tres kilos de pechito de cerdo.
El dato surge de un informe de la Federación Porcina Argentina (FPA), que relevó precios en distintos puntos de venta del país y confirmó una diferencia cada vez más marcada entre las carnes. Actualmente, el kilo de asado ronda los 18.000 pesos, mientras que el pechito de cerdo se comercializa alrededor de los 6.700 pesos, una relación que explica buena parte del cambio en la elección de los hogares argentinos.
Un cambio que empieza en el bolsillo
Carniceros y supermercadistas coinciden en que la decisión del consumidor ya no responde únicamente a preferencias culturales, sino principalmente al poder adquisitivo. La carne vacuna, históricamente eje de la mesa argentina, comenzó a perder volumen frente a alternativas más económicas como el cerdo y el pollo.
La diferencia de precios no es casual. La producción bovina presenta costos estructurales más elevados: para obtener un kilo de carne vacuna se requieren cerca de siete kilos de alimento balanceado, mientras que el cerdo necesita alrededor de 2,8 kilos y el pollo apenas 2,4 kilos, lo que impacta directamente en el precio final al consumidor.
Este escenario explica por qué las proteínas sustitutas ganan terreno incluso en momentos donde también registran aumentos, aunque a un ritmo menor que la carne vacuna.
La carne vacuna, presionada por múltiples factores
Durante 2025 y comienzos de 2026, la carne fue uno de los alimentos que más subió dentro de la canasta básica. Especialistas del sector señalan que la combinación de costos productivos, menor oferta de hacienda liviana, recomposición de precios atrasados y dinámica exportadora impulsó una escalada que terminó trasladándose al mostrador.
En los primeros meses de 2026, algunos cortes populares comenzaron a superar los 20.000 pesos por kilo e incluso acercarse a los 25.000 en determinadas plazas comerciales, consolidando una tendencia alcista que impacta directamente en el consumo interno.
A esto se suma que la carne vacuna ya venía aumentando por encima del promedio inflacionario en el último año, fenómeno que aceleró el cambio de hábitos alimentarios.
Menos asado, más diversificación
El desplazamiento relativo del asado no implica necesariamente una caída del consumo total de proteínas animales, sino una transformación del menú cotidiano. El cerdo, históricamente asociado a consumos ocasionales, gana protagonismo gracias a su precio competitivo y a mejoras en calidad y presentación comercial.
Desde el sector porcino destacan que el cambio cultural ya comenzó: cortes como pechito, bondiola o carré aparecen cada vez más en parrillas familiares, reemplazando parcialmente a la carne vacuna en reuniones sociales y comidas de fin de semana.
En paralelo, el pollo continúa consolidándose como la proteína más accesible, tendencia que se mantiene desde hace años y que acompaña la caída progresiva del consumo per cápita de carne bovina.
Impacto en toda la cadena cárnica
El fenómeno no solo afecta al consumidor final. Carnicerías y supermercados observan una modificación en el mix de ventas, con menor volumen de cortes tradicionales y mayor rotación de alternativas más económicas. Esta reconfiguración obliga a los comerciantes a adaptar su oferta y estrategias comerciales.
Al mismo tiempo, la cadena ganadera enfrenta el desafío de sostener la producción en un contexto donde el consumo interno —históricamente el principal destino de la carne argentina— muestra señales de retracción.
La situación abre un debate estructural: si el asado, uno de los símbolos culturales más fuertes del país, comienza a transformarse en un producto cada vez más selectivo, el mercado cárnico podría ingresar en una nueva etapa, marcada por mayor diversificación proteica y cambios permanentes en la dieta nacional.
Un cambio que trasciende lo económico
En Argentina, el asado no es solo un alimento sino un ritual social profundamente arraigado. Sin embargo, la evolución de los precios demuestra que incluso las tradiciones más firmes se adaptan a la realidad económica.
Hoy, la comparación entre carnes refleja algo más que una diferencia de valores: muestra cómo la economía redefine hábitos cotidianos y cómo el consumidor argentino comienza a reorganizar su mesa frente a un escenario de costos crecientes y poder adquisitivo limitado.
El desafío hacia adelante será encontrar un equilibrio entre producción, precios y consumo que permita sostener la competitividad de toda la cadena sin perder uno de los emblemas históricos de la cultura alimentaria nacional.