La solemnidad del Corpus Christi revive la institución de la Eucaristía del Jueves Santo y recuerda el gran milagro de Jesús al permanecer tangible por el resto de la Historia, a través de bienes tan cercanos y propios al hombre como el pan y el vino.
DE LA REDACCION. La Iglesia celebra hoy Corpus Christi, la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. Cada comunidad religiosa de nuestra ciudad ha organizado distintas actividades que acompañarán los ritos de rigor para esta festividad. La Parroquia Nuestra Señora de la Merced realizará una procesión, a partir de las 16:00 con la Santa Hostia consagrada para luego celebrar misa.
En este día se recuerda la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo el Jueves Santo durante la Ultima Cena, al convertir Jesús el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre. En la cronología de la vida terrenal de Jesús, se erige como una fiesta muy importante por cuando recuerda la permanencia de Cristo entre los hombres tras su Ascención al Cielo, hecho que fue recordado 40 días después de la Pascua, el pasado 17 de mayo.
La Iglesia vive de la Eucaristía, ese pan y vino no es solo alimento material sino espiritual, por cuando constituye el recordatorio de la presencia redentora y reveladora de Jesús en la Tierra y revitaliza su mensaje de sencillez y humildad, al elegir estas simples especies para perpetuarse.
Jesús dona su cuerpo. Y en esta fecha se pone de manifiesto que es necesario nutrirse de su Cuerpo y de su Sangre porque es él el que hace pasar del ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que hace que los fieles salgan del individualismo para vivir juntos la fe.
Origen de la fiesta
Dios utilizó a santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258.
Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se intensificó por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.
Ella le hizo conocer sus ideas a Roberto de Thorete, el entonces obispo de Liège, que se impresionó favorablemente e invocó un sínodo en 1246 para ordenar que la celebración se tuviera el año entrante pero no vivió para verla ya que murió el 16 de octubre de 1246. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a nuevo obispo, Enrique de Guelders, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.
Urbano IV publicó la bula Transiturus el 8 de septiembre de 1264, en la cual ordenó que se celebrara la solemnidad de Corpus Christi en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.
La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta.
Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del Siglo XIV.