En diálogo con LA OPINION el psicólogo Mariano Aguirre reflexionó sobre cómo no solamente el confinamiento sino el estado de ánimo de los adultos pueden afectar la salud mental de los chicos. Insistió en la necesidad de estar disponibles, como figuras de apego, para ayudarlos a gestionar la incertidumbre y el temor.
Las plazas están vacías. Las esquinas donde habitualmente se reúnen adolescentes guardan un silencio que por momentos estremece. La sociedad en su conjunto está afectada por la pandemia de coronavirus y todos están “en casa”, cumpliendo con las medidas de aislamiento preventivo y obligatorio dispuestas por el Gobierno. Transcurridos más de 40 días de esta decisión que ayudó a “aplanar la curva de contagios” y dio tiempo al sistema sanitario para prepararse para la respuesta en la emergencia, comienzan a aparecer interrogantes respecto de las consecuencias que el confinamiento social puede tener en niños y adolescentes -que no cuentan en su estructura psíquica con los mismos recursos que los adultos para comprender en su verdadera dimensión lo que ocurre en una realidad que supera largamente lo que pudo haberse imaginado en cualquier ficción-.
Para reflexionar sobre este aspecto de la pandemia, LA OPINION entrevistó al licenciado Mariano Aguirre, psicólogo que en la órbita privada trabaja con niños y adolescentes, para conocer su mirada respecto de los efectos que “la cuarentena” puede causar en los más chicos y pensar herramientas que puedan contribuir a minimizar el impacto de una situación imprevista que irrumpió en lo cotidiano y modificó hábitos de manera drástica.
-¿Las medidas de confinamiento social pueden tener consecuencias en la salud mental de los niños y adolescentes?
-Puede haber una mayor afectación desde el punto de vista de la salud mental, pero no tanto por el confinamiento en sí sino por las situaciones que algunas familias van a tener que atravesar en relación a alguna pérdida de algún ser querido a causa del coronavirus o las dificultades económicas que puedan generarse como consecuencia de esta crisis. Por eso es importante la forma en que la familia afronte sus propios estados de ánimo y los miedos y que pueda hacerlo de manera eficaz y saludable. Creo que las consecuencias van a ir por ese lado. Obviamente que el aislamiento los va a afectar, como a todos. Lo determinante va a ser la percepción subjetiva que cada uno tenga del contagio de esta enfermedad.
-¿En situaciones donde las familias conviven con el temor, cómo se pone en juego la palabra para transmitir a los niños conceptos que los ayuden a comprender lo que sucede y al mismo tiempo los aleje del temor?
-Los niños son grandes captadores de las emociones de nosotros los adultos, que somos sus figuras de apego. Entonces es necesario poner en marcha una serie de estrategias y valernos de herramientas para ayudarlos a transitar esta contingencia. Los instrumentos son tan sencillos como poder escucharlos y mostrarnos disponibles para poder explicarles de forma clara que es un virus peligroso, pero que la mayoría de las personas se recupera. También los ayudamos enseñándoles como instrumentar medidas de cuidado personal. Tenemos que llevar tranquilidad en el mensaje para que puedan comprender la situación, evitando que la ansiedad que puede generar todo lo que pasa, se dispare. De esta manera es la forma que ellos van a poder sentirse más seguros. Pero no tenemos que olvidar que se miran en nuestro espejo.
-¿Cuáles son las herramientas a las que se puede apelar para que la vida social que pierden en estas circunstancia no los aleje de sus espacios de pertenencia?
-El cambio de las rutinas afecta la salud mental de los chicos. Y el distanciamiento social es algo nuevo que cambia la mayoría de los hábitos cotidianos. Los chicos de un día para el otro dejaron de ir a la escuela, dejaron de ir al club, dejaron de ver a sus abuelos, no asistieron más a cumpleaños, no festejaron más sus propios cumpleaños. Esto tiene un impacto y tenemos que poner en juego la creatividad para propiciarles espacios alternativos para que puedan estar en contacto con sus afectos, respetando las medidas que rigen por estos días.
Esta modificación en las rutinas tiene un fuerte impacto en los adolescentes, ya que la energía y el interés está puesto en el afuera, en sus pares. Es un cambio rotundo y en base a esto tenemos que adaptarnos y ayudarles a que ellos puedan adaptarse a la realidad actual. Es importante que la familia pueda desarrollar rutinas acordes a la realidad que nos toca. Respetar ciertas pautas y horarios para levantarnos, para realizar tareas, para pasar tiempo con amigos a través de la tecnología disponible que en ese sentido nos brinda esta posibilidad. En este punto, es vital hacer uso pero no abuso de las pantallas, para evitar otro tipo de adicciones futuras. También en relación a la familia hay que permitirse trabajar en conjunto, compartir actividades cotidianas, conectarnos con el disfrute. De esa manera podremos lograr que este tiempo no quede supeditado solamente al uso de la pantalla. No debemos olvidarnos del cuerpo. Por más que el espacio de la casa sea reducido, hay que armar circuitos para facilitar la realización de actividad física y propiciar en los chicos el juego simbólico para que fluya en ellos la imaginación y puedan canalizar sus emociones y de esa manera puedan ir elaborando lo que van sintiendo y cómo se van sintiendo.
-¿En esta tarea de poner palabras y explicaciones desde la comunidad de los adultos respecto de lo que sucede, hay que esperar la pregunta de los chicos o hay que anticipar el diálogo para que no convivan con la incertidumbre?
-Ellos captan mucho el modo en que nos sentimos. Hay que tener una escucha atenta para ubicar respuestas que ellos necesiten. Lo importante es hablarles con claridad. Si hay algo que no entendemos, debemos recurrir a fuentes confiables como la Organización Mundial de la Salud. Es importante escucharlos, validar lo que dicen, sobre todo en los adolescentes. Sabemos que la transgresión ante una situación de rebeldía es una señal de alarma. Para evitar los conflictos, es necesario escucharlos, protegerlos brindándoles información confiable y evitando que accedan a noticias falas que pueden acrecentar su intranquilidad. Los papás tenemos un doble desafío porque antes la carencia o la falta de tiempo para vincularnos con nuestros hijos, era lo que preocupaba y afectaba. Hoy tenemos disponible ese tiempo y por ahí no sabemos cómo vincularnos. Ahí tenemos una tarea. La forma es esa, tratar de estar disponibles, acercarnos a ellos, preguntarles qué sienten, cómo se sienten, darle valor a lo que dicen.
-¿Qué manifestación de los niños debería representar una señal de alarma en este contexto?
-En relación a los cambios de conducta tenemos que estar atentos a las alteraciones del comportamiento y del estado de ánimo. Hay que prestar atención si sufren de pesadillas, si tienen miedos nocturnos, si están comiendo más o menos de lo habitual. En relación al comportamiento, observar si los berrinches y la rebeldía son más frecuentes de lo habitual. El miedo y la ansiedad cuando están exacerbadas son señales a las que hay que estar atentos.
-En estos días se habló mucho de la depresión en los niños. ¿En qué medida los efectos que las condiciones del presente puedan generar en la salud mental de los niños serán transitorias o habrán llegado para quedarse?
-Si esta situación se prolonga en el tiempo los profesionales de la salud mental vamos a tener bastante trabajo. El estrés post traumático y la depresión se cursan con ansiedades, pesadillas y hasta somatizaciones y también pueden asociar que la calle es algo peligroso. Para evitar que esto ocurra es muy importante el acompañamiento familiar y profesional en los casos que resulte necesario.
-¿Aquellos chicos que están bajo tratamiento de terapia tienen la posibilidad de sostener esos espacios de atención en la pandemia?
-Se buscan alternativas para poder sostener la respuesta terapéutica pero no se realizan sesiones presenciales. También depende de la inquietud de cada familia el poder recurrir a este espacio de manera virtual. En esta última fase de la cuarentena se ha incrementado el nivel de demanda. Tengo mamás que llaman, porque los síntomas en los chicos se van agudizando y el hecho de sentirse escuchados los va ayudando a sobrellevar mejor la situación y a bajar la tensión. Hay más consultas y por eso, ya que no hay circulación del virus en la ciudad, entendemos que pueda haber cierta flexibilización con los cuidados necesarios, porque es cierto que no todos se sienten cómodos en la virtualidad para sostener un espacio de terapia, ni una videollamada tiene la misma impronta que lo presencial.
-En los últimos días se generó mucho debate respecto de las salidas recreativas para los chicos. Desde tu óptica y en el actual contexto epidemiológico de la ciudad ¿cuál es tu mirada?
-Me pareció atinada la postura del presidente en relación a que los chicos pudieran salir a 500 metros de su casa con fines de recreación. Pero entiendo la postura que también han tomado los intendentes en un contexto muy delicado. Pero personalmente entiendo que es sumamente necesario que los chicos puedan salir a recrearse, haciendo un recorrido corto, con todas las medidas de prevención, por más que las plazas o las canchas de fútbol permanezcan cerradas. Estar al aire libre los ayudaría también para tomar el aislamiento como algo que no es eterno. No tenemos que descuidar que ellos no tienen las mismas herramientas que podemos tener nosotros para comprender la situación que vivimos.