domingo 10 de mayo de 2026

La feligresía renovó su devoción por Crescencia, la beata pergaminense

21 de mayo de 2016 - 00:00

Numerosos vecinos participaron de la procesión, que unió la Capilla del Hogar de Jesús con la parroquia de la Merced, y luego de la celebración de la Eucaristía oficiada por el obispo de la Diócesis de San Nicolás, Héctor Cardelli. Durante la solemne peregrinación, los fieles rezaron a la beata y entonaron cantos de alabanzas y salutaciones. 

DE LA REDACCION. Un nuevo 20 de mayo fue el motivo de encuentro de numerosos devotos a María Crescencia. Ayer se cumplió el 84º aniversario de la muerte de “Sor Dulzura” motivo por el que Pergamino nuevamente se tiñó del color violáceo que esta beata, con su muestra de fidelidad y entrega a Dios, supo imprimir en los corazones de quienes la invocan.

Los pergaminenses una vez más fueron anfitriones de numerosas personas que asistieron a la celebración religiosa que tuvo su máximo punto de congregación en horas de la tarde, cuando se desarrolló la procesión y la misa presidida por monseñor Héctor Cardelli. 

Desde que el Vaticano determinó la fecha de beatificación, a fines de 2011 y luego de que “la flor del Huerto” fuera beatificada en noviembre de 2012, se inició un tiempo de preparación, espiritual y de afianzamiento de la fe de los feligreses. 

 

Preparar el corazón

Las actividades en torno a la hermana María Crescencia Pérez, comenzaron días atrás cuando se desarrolló la novena bajo el lema “María Crescencia, misericordiosa como el Padre”. La celebración de cada una de las misas diarias estuvo a cargo de diferentes sacerdotes de la Diócesis que instaron a los presentes a replicar las virtudes de la beata, entre ellas: humildad, bondad, caridad, generosidad, fortaleza, sacrificio, alegría, servicio y  paciencia. Por otra parte en cada celebración de la Eucaristía, se tuvieron presente las obras de misericordia, habida cuenta que la Iglesia Católica atraviesa un tiempo litúrgico especial, el Año de la Misericordia.

 

Día de fe

Ayer, en el día de la beata, se oficiaron cuatro misas, distribuidas en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced y la Capilla del Colegio del Huerto.

La celebración central se realizó en horas de la tarde, comenzó con la procesión cuyo recorrido se extendió desde el Hogar de Jesús hasta la Parroquia Nuestra Señora de la Merced. Cientos de fieles participaron de la celebración religiosa, marcharon por las calles rezando y entonando cánticos.

Una vez que la multitud llegó al templo comenzó la celebración de la Eucaristía que fue presidida por monseñor Héctor Cardelli.

Luego, el padre Carlos Pérez, sobrino directo de María Crescencia, ofició la segunda misa del día para dar paso a una proyección de arte mapping en 3D que tuvo lugar en la pared externa de la Capilla del Colegio del Huerto.

La última celebración de la fecha fue oficiada en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced por el padre Carlos Miri.

 

Modelo a seguir

La misa central fue celebrada por el obispo diocesano, Héctor Cardelli. Luego de la lectura del Evangelio, monseñor se dirigió al templo colmado de niños y adolescentes, todos estudiantes del Colegio del Huerto, y numerosos fieles provenientes de localidades de la región.

Durante la homilía, Cardelli calificó a la celebración como “significativa para nosotros, para la comunidad religiosa del Huerto y para la diócesis en general porque es en la que oficialmente reconocemos a María Crescencia como modelo, estímulo e intercesora”.

 

Padre misericordioso

En el contexto del Año de la Misericordia, Cardelli aseguró que María Crescencia es un “gesto amoroso de Dios. Tanto nos ama el Padre que propició nuestra creación y nosotros por medio del don de la fe reconocemos a Dios Padre. Como padre lo reconocemos porque nos creó y como misericordioso lo reconocemos porque permanentemente nos interviene con su amor y con su gracia. Cada uno de nosotros somos predilectos hijos de Dios. La relación que él tiene como cada uno de sus hijos es personal, nos conoce más que nosotros mismos, nos ama eternamente desde antes de ser concebidos, nos ama ahora y nos amará cuando estemos junto a él”.

 

Decir que “sí”

“Crescencia descubrió a Dios, lo sintió presente, se hizo cómplice de él y con su inteligencia, su bondad, sus capacidades le correspondió a Dios”, dijo Cardelli y estableció un comparativo con la predisposición de la feligresía: “Nadie sabe, ni nos imaginamos qué es lo que Dios puede hacer con cada uno de nosotros cuando le decimos que ‘sí’. A veces podemos enojarnos, sentir que Dios nos hace caminar en contra de la corriente, que somos raros porque nadie vive y piensa como quienes seguimos a Jesús, a muchos fieles les asalta la tentación de abandonar el camino de Dios pero dejen que les diga algo: la vida es corta. Nuestra vida no es eterna aquí pero el paso por este mundo es la gran ofrenda, la gran respuesta que le podemos dar a Dios”.

 

Contagiar el amor de Dios

Monseñor manifestó que “el ministerio sacerdotal también es pasajero porque es de este mundo. Nosotros estamos llamados a contagiar el amor de Dios. Cuando miramos a los santos es que nos damos cuenta de lo grande que es la capacidad del ser humano cuando predispone su corazón al Padre. El que le dice que sí a Dios no acumula para sí sino que se convierte en un enviado, un mensajero, en luz, en levadura. El mundo necesita esta presencia, esta mediación porque si no, no sabe para dónde mirar. Y los cristianos somos los que, con nuestro testimonio y nuestra vida, debemos saber y mostrar cuál es el camino correcto a seguir”. Y para ello, Cardelli aseguró que se debe ser generoso, pero por sobre todo, ser mensajero del amor de Dios porque hay “mucha gente desorientada, que perdió el rumbo ya que la búsqueda del placer inmediato ha desvalorizado la moral, las buenas prácticas. Y ante esto debemos poner en práctica las obras de misericordia. Así como lo hicieron los santos, que entregaron su vida a Dios, que gozaron la plenitud de Dios”.

 

Discípulos y profetas

Por último, monseñor instó a los fieles a ser “maestros, discípulos y profetas para todos aquellos que desconocen la riqueza de una vida encomendada a Dios y al prójimo. Pidámosle a Crescencia, en este Año de la Misericordia, en este año del Bicentenario, ser bálsamos de misericordia, sabiendo que hay más alegría en dar que en recibir, sabiendo que se multiplica lo que se da, y que en la entrega generosa, el retorno es mucho más enriquecedor, tomando como ejemplo la vida de los santos”.

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