Desde LA OPINION hacemos extensivo un afectuoso saludo a todos los profesionales involucrados con esta fecha.
El dibujo arquitectónico: del lápiz y papel a las animaciones en 3D
DE LA REDACCION. Desde la antigüedad, el dibujo ha proporcionado a los arquitectos el medio adecuado para desarrollar sus ideas creativas, registrar los diseños de otros arquitectos (la única forma posible antes de la fotografía), permitir al cliente la visualización de su encargo y proporcionar al contratista la guía exacta para la ejecución de la obra.
Son un mundo poco estudiado y valorado, considerado a menudo como una manifestación artística de segunda fila.
De los pergaminos medievales a las animaciones 3D que hoy se ejecutan por ordenador (CAD), hay toda una historia fascinante de la creación visual, que sorprende por lo ingenioso, complejo y a la vez artístico de sus manifestaciones. Vale recordar que hasta el Siglo XVII, muchos pintores eran a la vez arquitectos. Fue durante el Siglo XVIII, cuando el elevado grado de especialización que empezó a requerir la práctica arquitectónica obligó a diferenciar ambas profesiones.
Medios tradicionales
Para los primeros bocetos e ideas de un edificio, los medios más inmediatos son la tinta, los rotuladores y el lápiz. Muchos arquitectos esbozan sus proyectos de una manera espontánea y sencilla en dibujos sueltos, que luego ellos mismos se ocupan de concretar y pasar a planos detallados. Los bocetos suelen ser sencillos y con ausencia de detalles, ya que buscan describir el efecto general de conjunto. Muchos tienen un encanto y una soltura, más propia del dibujo artístico, que de la severa disciplina que aplica un arquitecto tradicional.
El humilde lápiz grafito sigue siendo el instrumento favorito de muchos arquitectos por su facilidad e inmediatez de uso. Manejado con maestría y aprovechando las distintas gradaciones de intensidad que permiten, ofrece resultados magníficos y permite acabados y degradados muy elaborados.
Dibujo convencional
Los lápices de colores, que muchos creen aptos solo para niños (de hecho son un medio habitual para los ilustradores de libros infantiles), también pueden tener su papel en dibujos de arquitectura.
Los lápices requieren un acabado meticuloso y paciente, basado en la superposición de muchas capas o tramas de distintos colores para lograr un efecto rico en matices.
Otra técnica que ha seducido a los arquitectos es el pastel, sobre todo para realizar trabajos con mucho color y en los que se desea un acabado más artístico. El pastel no permite una alta precisión, pero su factura rápida y espontánea da un acabado artístico a los dibujos, que es muy apreciado.
Las tizas y lápices de colores permiten una rapidez que para bosquejos es muy interesante. También es habitual en arquitectura el uso de papeles de colores (azul o rojo), sobre el que se resaltan con más nitidez los perfiles de los edificios.
Hasta la llegada del ordenador, la acuarela era el método tradicional preferido por los arquitectos para presentar de forma definitiva sus ideas al cliente. Su aspecto grato, colorista, luminoso y fresco, su espontaneidad y a la vez precisión cuando se requería, propiciaron que todos los estudios finales se realizasen con este medio.
Dentro del dibujo arquitectónico, el empleo de técnicas mixtas y la creatividad gráfica también ha encontrado su espacio.
Dibujar con ordenador
La llegada del ordenador al diseño arquitectónico ha significado una auténtica revolución. Programas como Corel Draw, Autocad, Photoshop, Archicad y Artlantis, permiten por un lado seguir realizando dibujos en estilo y técnicas tradicionales, con acabados similares al carboncillo o la acuarela. Pero mediante el proceso que se conoce como renderización permite alcanzar un grado de hiperrealismo en el dibujo casi absoluto. Por último, gracias a la animación 3D, los expertos crean un mundo nuevo, en el cual el espectador no se conforma con unas vistas planas en dos dimensiones, sino que se le invita a pasear por el interior de sus edificios y hacerse una idea global de los mismos, como nunca antes había podido.
Se llama renders a los dibujos de acabados realizados por ordenador. Los programas informáticos permiten infinitos matices en la elaboración de renders. Autocad por ejemplo, tiene de serie más de 300 acabados y texturas diferentes para superficies arquitectónicas. Luego estas se pueden matizar entre sí, jugar con diferentes fuentes de luz, según su posición, su origen (solar, incandescente, halógena, etcétera). Se ha llegado a un grado de especialización tal, que los fabricantes de iluminación envían directamente a los programadores los perfiles lumínicos de cada uno de sus productos, para que luego sean incorporados en los programas de CAD Arquitectónico.
Animaciones en 3D
Dentro del campo del diseño arquitectónico, las posibilidades que ofrecen las animaciones en 3D son prácticamente ilimitadas. Destinadas sobre todo a seducir a clientes e inversores, despliegan todo un abanico de recursos visuales y sonoros muy efectivos que pueden llegar a marear por abrumadores. Desde la recreación del interior de una sencilla casa a permitir un paseo virtual por megaproyectos, todos los arquitectos de hoy en día empelan este recurso que es altamente eficaz.
Incorporación de tecnologías
En estos últimos 100 años los avances aplicados a la arquitectura no tienen precedentes. Desde la aparición de la computadora personal, todo cambio. Se deduce que si las representaciones son tan esenciales en el trabajo arquitectónico, entonces el tipo de medio y técnica para representarlos que se utilice, tiene un efecto directo y duradero en la práctica y pensar arquitectónico. Este principio presenta un gran desafío para los arquitectos contemporáneos ya que los cambios dramáticos en la representación aparejados con la incorporación de las tecnologías electrónicas presuponen un grado comparable de cambios en el quehacer arquitectónico.
Desde el momento en que el arquitecto enfrenta a un potencial cliente, el proceso creativo comienza a desarrollarse. A medida que una entrevista se desarrolla, en la mente del arquitecto se disparan ideas y se recrean espacios, se procesa cada palabra para poder comprender realmente cuáles son las necesidades primordiales a tenerse en cuenta al momento de delinear los primeros bocetos, es decir, la materia prima que permite a los profesionales desarrollar una propuesta coherente y sustentable desde un marco teórico.
Metodología de proyecto
El uso de la computadora como medio analógico de diseño, resulta determinante tanto en el desarrollo del proceso como en las características finales del proyecto.
La evolución cotidiana del hardware y el software hace de la computadora una herramienta substancialmente distinta. Mientras que una herramienta tradicional se aprende a usarla y luego se la usa, una computadora se aprende a usarla permanentemente. El diseñador debe, necesariamente, afrontar dos problemas simultáneamente: cómo resolver su diseño y cómo utilizar la computadora para ello. Adecuar las innovaciones tecnológicas a cada nuevo problema de diseño implica el desarrollo de habilidades innecesarias en la práctica tradicional.
Arquitectura Digital
Es evidente que la evolución de los métodos de representación en la arquitectura hizo que el profesional incorpore conocimientos y herramientas digitales para aumentar su productividad, acortar tiempos y mejorar la comunicación tanto con su cliente, como con sus contratistas. Queda expuesto que la documentación mediante métodos análogos es hoy obsoleta, y la producción digital mediante software como el Architectural Desktop ofrece versatilidad, velocidad y conectividad mejorando significativamente los resultados finales.
La coexistencia de ambos métodos perdurará largo tiempo, al menos hasta que los software CAD incorporen herramientas y formas de visualización capaces de permitir al usuario suplantar el lápiz por el mouse, convirtiéndose así en un sistema único e ideal para el proyecto y desarrollo de documentación arquitectónica.
¿Por qué se contrata a un arquitecto? La importancia de no prescindir de sus servicios
DE LA REDACCION. Pocas personas se dan cuenta de lo complicado que puede resultar la construcción de un edificio, local o vivienda por lo menos, hasta que se encuentran perdidas en un cúmulo de dificultades, reglamentaciones municipales, alternativas de diseño, especificaciones, contratistas, presupuestos, etcétera.
El arquitecto es el profesional que tiene la formación, entrenamiento, experiencia e imaginación necesarios para guiar a las personas durante todo el proceso de diseño y construcción, desde colaborar para ayudarlo a definir qué es lo que necesita construir hasta la manera de obtener el máximo provecho para su inversión.
Los arquitectos aportan un enfoque totalizador de la cuestión. No solo diseñan espacios para resolver necesidades básicas del interesado sino que crean ámbitos atractivos especialmente acondicionados para habitar, trabajar y desarrollar todas las funciones que caracterizan la vida del hombre. Conduciendo a contratistas y proveedores, los arquitectos hacen posible que el proceso culmine en un proyecto bien construido, que cumpla con las expectativas del interesado y que encuadre dentro de los costos y tiempos previstos.
El arquitecto, con sus conocimientos y experiencia en diseño y en los aspectos técnico-constructivos, reúne las mejores condiciones para presentarles a los clientes alternativas y opciones.
Inversión
Los honorarios por los servicios que brinda el arquitecto deben ser considerados como una sensata inversión y no como un costo adicional al del proyecto, entre otras, por las siguientes razones: un proyecto bien concebido puede ser construido de forma más eficiente y económica, evitando o minimizando improvisaciones, sorpresas e imprevistos que originan costos adicionales y prolongan innecesariamente el lapso de construcción.
El arquitecto produce planos y especificaciones seleccionando materiales y terminaciones, en función de su calidad, belleza, durabilidad y costo. Estos planos y especificaciones no solo sirven para construir la obra sino que son imprescindibles para obtener propuestas serias y confiables de contratistas y proveedores.
El buen diseño y la buena construcción siempre aportan un valor agregado: mayor valor inmobiliario a una propiedad y en ciertos casos más clientes para un comercio o mayor productividad en los lugares de trabajo.
El arquitecto puede, por ejemplo, programar etapas, advertir a tiempo posibles problemas vinculados con la normativa oficial, coordinar la labor de especialistas en proyectos complejos, recomendar contratistas y proveedores competentes, asesorarlo para que suscriba contratos equitativos y ejercer controles para que la construcción se lleve a cabo de acuerdo con los planos, las especificaciones, los montos y los plazos previstos.
La relación cliente/arquitecto
El éxito de una construcción depende de muchos factores, pocos de los cuales son más importantes que una buena relación entre el cliente y el arquitecto. Sin la plena cooperación del cliente y sin confianza mutua resulta muy difícil que el arquitecto realice bien su tarea.
El arquitecto puede brindar un asesoramiento muy valioso desde los primeros tramos de su actuación. Muchos problemas podrían evitarse si el arquitecto fuera consultado, inclusive, antes de comprar un terreno, ya que no solo conoce las restricciones que pueden afectar a determinado terreno sino que también está en condiciones de descubrir buenas posibilidades en terrenos aparentemente inadecuados y dificultades que no se le ocurrirían al cliente en otros que a éste le parecen apropiados.
En la relación cliente/arquitecto, la formulación del programa de necesidades constituye una de las etapas de mayor importancia de todo el proyecto. El primer paso es preparar dicho programa, el cual debe incluir, con la mayor precisión posible, las necesidades del cliente y todas las limitaciones que deben observarse en cuanto a tiempo y costos. El cliente debe informar al arquitecto acerca de servidumbres, derechos de vecinos u otras disposiciones reglamentarias que puedan imponer restricciones al uso del terreno. El arquitecto, en cambio, debe informarse con respecto a las normas oficiales vigentes.
La tarea del profesional
La tarea del arquitecto consiste en interpretar a su cliente y plasmar sus necesidades en un edificio que sirva a los fines de aquel en todo sentido y represente el valor del dinero invertido, dentro de límites acordados en cuanto a tiempo y costo. Esta tarea constituye un proceso complejo. Los edificios deben estar bien planeados, sin desperdicios de superficies, de modo de proveer espacios adecuados para todas las actividades que allí se han de realizar. Deben estar convenientemente emplazados en el terreno, tener buenos accesos y estar organizados de tal modo que se facilite la circulación de las personas, los vehículos o mercaderías y construirse teniendo en cuenta las reglamentaciones vigentes.
Además, los edificios deben satisfacer las necesidades físicas de los ocupantes durante todas las estaciones del año. Su diseño debe facilitar la climatización adecuada de sus interiores y brindarles protección de las actividades que producen molestias.
Parte de las tareas del arquitecto implica tener en cuenta, en el diseño, los mínimos detalles de una obra, de modo que todos los accesorios y equipos, cada superficie y cada terminación satisfagan requisitos funcionales y estéticos. Entre otras cosas, el éxito de su gestión depende de que preste cuidadosa atención a todos los detalles.
El arquitecto debe captar la atmósfera adecuada para cada edificio, trátese de una escuela o un hospital, una fábrica o un aeropuerto, un centro comercial o una vivienda privada. Lo que resulta adecuado para un tipo de edificio puede no serlo para otro. La meta del arquitecto consiste en encontrar para cada caso la solución que cumpla de manera óptima los objetivos de su cliente, al tiempo que satisfaga las necesidades de los futuros usuarios y armonice con el paisaje y el resto de los edificios del entorno.
La ética profesional
La ética profesional es definida en general, como el conjunto de los mejores criterios y conceptos que debe guiar a la conducta de un sujeto por razón de los más elevados fines que puedan atribuirse a la profesión que ejerce.
El Código de Ética establece guías y reglas de comportamiento para los arquitectos en el cumplimiento de sus obligaciones con los clientes y público en general, con la dignidad de la profesión y con los demás profesionales y constituye un compendio de comportamientos básicos en los que se debe basar la práctica de la profesión. Sus disposiciones son de cumplimiento obligatorio y han sido previstas para preservar derechos de los clientes, de los colegas y del público en general y para promover la más alta estima y respeto que merece la profesión.
Dirección de los trabajos
El arquitecto debe visitar el terreno e inspeccionar periódicamente la ejecución de los trabajos, controlar su progreso, proporcionar a los contratistas las instrucciones y los planos complementarios que puedan ser necesarios, coordinar la acción de los diversos contratistas cuando no hay una empresa constructora y verificar periódicamente el avance de los trabajos a los efectos de su certificación y posterior pago por el propietario.
Cuando el cliente encarga la construcción de un edificio directamente a una empresa constructora, deja de lado la ventaja que le ofrece el asesoramiento profesional desinteresado con respecto al diseño, al costo y a otras cuestiones.
La presencia de un profesional a cargo de la dirección de la obra es necesaria para evaluar y decidir las numerosas cuestiones que habitualmente se suscitan durante la construcción de una obra. ¿Quién controlará que los pagos que se realicen sean proporcionales al efectivo avance de los trabajos?, ¿Quién intervendrá si hay que efectuar modificaciones, ampliaciones o reducciones de obra, si se desea reemplazar materiales o acelerar o reducir el ritmo de obra?, ¿Quién podrá garantizar que los nuevos precios cotizados sean correctos?, ¿Quién arbitrará si hay desacuerdo con el constructor por la ejecución de determinado trabajo y para decidir si la obra está correctamente terminada y en condiciones de ser recibida?