Este viernes por la tarde Axel Kicillof volvió a Pergamino. Vino, según dijo, a inaugurar un jardín de infantes. "Desde que asumimos, la educación es una prioridad indiscutible en nuestra gestión: ya inauguramos 316 nuevos edificios escolares y concluimos más de 8.500 obras en escuelas", se entusiasmó ante el micrófono.
Una inauguración con fecha vencida
El detalle, calificado de "insólito" por los propios pergaminenses, es que ese jardín ya había sido inaugurado. Lo hizo el intendente Javier Martínez en marzo, al inicio del ciclo lectivo. Según explicaron desde la comuna a este diario, la Provincia arrancó la obra hace unos tres años, después la paralizó, la empresa contratista se retiró y fue el Municipio el que retomó los trabajos, los terminó y puso el edificio en funcionamiento, financiado con el Fondo Educativo que administra el jefe comunal.
Los patrulleros que ya estaban
Algo parecido ocurrió con la entrega de patrulleros y motos para la policía del distrito. Unidades que ya hace al menos seis meses están en funcionamiento, circulando por los barrios de Pergamino, presentadas ahora como si fueran flamantes. Dos actos centrales, montados sobre obras y compras que no eran nuevas. Hubo tiempo, además, para la política nacional. Para el hospital, no.
Donde se necesitan médicos y abundan militantes
"A Pergamino no va a llegar el sector privado a resolver las necesidades de los vecinos: la educación, la seguridad, la salud y la vivienda son responsabilidad del Estado", cerró el gobernador. La frase, impecable en el papel, choca de frente con lo que ocurre a pocas cuadras de la foto.
El Hospital San José no depende de la Nación ni del Municipio: depende de la propia Provincia que conduce Kicillof. Y es ahí donde el discurso se cae solo. Porque en el San José se necesitan médicos y abundan militantes. Cada semana que pasa nos despertamos con la renuncia de un nuevo profesional: esta semana una pediatra, la anterior un cirujano, y así, sin pausa. Servicios sensibles como Pediatría, Terapia Intensiva y Neonatología parecen sostenerse a pulmón, con conducciones que se diluyen y guardias que se cubren como se puede. La Sociedad Argentina de Pediatría ya lo advirtió por escrito y nadie movió un dedo. Las médicas que aún quedan describen su trabajo con una imagen que lo explica todo: "es un Tetris, movés una pieza y se cae otra".
Es un hospital donde la política pesa más que la salud. Donde se reparten cargos con más facilidad de la que se cubren guardias, donde la lógica del aparato reemplazó a la del estetoscopio. Y a ese hospital —el único que de verdad le pertenece— el gobernador no fue. Ni una recorrida, ni una mención, ni un gesto.
El título que no pudo ser
Hay un título que a este diario le hubiera gustado escribir: "El gobernador vino a visitar el Hospital San José". No pudo. Porque, simplemente, no ocurrió. Y es que viven en Narnia. En la misma semana en que un funcionario nacional explicó el origen de su fortuna asegurando que encontró bitcoin en un pendrive, el gobernador inaugura lo ya inaugurado y estrena patrulleros usados. Cada quien con su cuento de hadas. Mientras tanto, en el mundo real, el único hospital que les pertenece se queda, semana a semana, sin quién lo sostenga.