A menos de un mes de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, el chavismo inició un viraje inesperado. De la retórica antiimperialista pasó a un pragmatismo acelerado, con señales de acercamiento a Donald Trump, negociaciones energéticas en marcha y una oposición venezolana relegada del centro de la escena.
Del discurso de guerra al lenguaje del entendimiento
Hasta diciembre, la dirigencia chavista advertía que una intervención de Estados Unidos desataría “100 años de guerra” y que no saldría “ni una gota de petróleo” hacia el norte. Sin embargo, tras el operativo del 3 de enero que terminó con Maduro detenido en Estados Unidos, el mensaje cambió de manera abrupta.
La vicepresidenta y presidenta interina, Delcy Rodríguez, comenzó a hablar de “entendimiento desde la divergencia”, liberó presos políticos y se mostró dispuesta a inaugurar una nueva etapa de cooperación internacional. Incluso evitó reclamar públicamente por la situación judicial del líder chavista.
Donald Trump, que hasta días antes calificaba al régimen como autoritario, sorprendió al elogiar a Rodríguez y definirla como una “mujer maravillosa”, en un gesto político que marcó el nuevo clima bilateral.
Petróleo, dólares y una transición bajo tutela
El eje central del acercamiento es el petróleo. Según fuentes del sector, Estados Unidos ya negoció una primera venta de crudo venezolano por unos 500 millones de dólares, fondos que quedaron bajo control internacional y que serían volcados de manera indirecta a la economía local.
El secretario de Energía, Chris Wright, afirmó que Washington supervisará la comercialización del petróleo y el destino de los ingresos, mientras se evalúa permitir una mayor circulación del dólar dentro de Venezuela. Parte de esos recursos podrían destinarse a salud, alimentos y al pago de salarios públicos.
Para el chavismo, el ingreso de divisas es clave para sostener la estabilidad económica y preservar su viabilidad política. Para Estados Unidos, el control financiero funciona como garantía y herramienta de presión.
La oposición, desplazada del centro de la escena
Mientras se acelera el diálogo entre Caracas y Washington, el movimiento opositor liderado por María Corina Machado quedó relegado. Aunque mantuvo contactos con Trump y le entregó su Premio Nobel de la Paz, las negociaciones centrales avanzan con emisarios directos del chavismo.
Analistas internacionales advierten que el régimen busca ganar tiempo, recomponer la economía y conservar el poder, apostando a que el interés político de Estados Unidos se diluya con el correr de los meses. “Liberan presos y hacen gestos ahora porque están conmocionados”, sostuvo un exfuncionario norteamericano.
¿Apertura real o maniobra de supervivencia?
El escepticismo persiste. Ejecutivos petroleros y economistas señalan que sin un marco legal sólido, seguridad jurídica y normalización institucional, Venezuela seguirá siendo un destino “in-invertible”. La recuperación plena del sector energético demandaría inversiones superiores a los US$100.000 millones en una década.
Para algunos expertos, intentar un boom petrolero sin transición democrática es una estrategia riesgosa. Para otros, el pragmatismo chavista refleja que, por primera vez en años, el poder real ya no está en Caracas sino en Washington.
Atribución
Esta nota se basa en un artículo publicado por The New York Times, con autoría de Ana Vanessa Herrero, Anthony Faiola, Samantha Schmidt y Evan Halper, con traducción de Jaime Arrambide.