El mercado de la soja comenzó el nuevo año con un tono claramente negativo y dejó atrás la expectativa de haber encontrado un piso técnico. La última rueda previa a Año Nuevo y los primeros movimientos de enero reactivaron la presión vendedora y volvieron a inclinar la balanza hacia un sesgo bajista, en un contexto dominado por factores productivos y técnicos más que por la demanda.
Según el análisis del especialista Esteban Moscariello, los futuros de soja con vencimiento marzo perforaron niveles clave: cayeron por debajo de los mínimos de mediados de diciembre y quebraron el umbral psicológico de los 10,50 dólares por bushel. Ese movimiento encendió nuevamente las señales técnicas negativas en el corto plazo y debilitó cualquier intento de recuperación.
El factor determinante detrás de esta dinámica sigue siendo el escenario productivo en Sudamérica. En Brasil, las condiciones climáticas mayormente favorables durante la segunda quincena de diciembre reforzaron las proyecciones de una cosecha récord para 2026. Las lluvias se generalizaron en las principales regiones sojeras y consolidaron estimaciones que apuntan a una producción muy elevada, lo que refuerza la percepción de abundante oferta global.
En el caso argentino, si bien las últimas semanas mostraron un patrón más seco, los modelos climáticos anticipan la posibilidad de nuevas precipitaciones en el inicio del año. Ese escenario reduce, al menos por ahora, los riesgos productivos inmediatos y aporta tranquilidad al mercado en términos de oferta regional.
Desde el punto de vista técnico, no solo la soja, sino también sus subproductos, harina y aceite, marcaron nuevos mínimos de corto plazo. Los indicadores de momentum continúan mayormente alineados con una tendencia bajista y el calendario inmediato ofrece pocos estímulos capaces de revertir ese escenario.
Hasta el próximo informe relevante del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, previsto para el 12 de enero, el mercado carece de catalizadores alcistas de peso. En ese contexto, los operadores mantienen una postura cautelosa y con foco en la evolución climática más que en la demanda puntual.
China compra, pero no alcanza
Ni siquiera el reciente repunte en las compras por parte de China logró sostener los precios. De acuerdo con fuentes del mercado, este comportamiento refleja un cambio de prioridades entre los operadores, que hoy asignan mayor importancia a las perspectivas de oferta sudamericana que a las señales aisladas de demanda.
En paralelo, las estadísticas oficiales chinas sobre el uso de harina de soja en la alimentación animal siguen generando dudas. Si bien desde Beijing se insiste en una menor dependencia de las importaciones, los datos publicados no muestran una tendencia clara y presentan inconsistencias metodológicas. Esa falta de correlación se hace evidente al contrastar los informes oficiales con el comercio exterior: durante 2024, las importaciones chinas de soja crecieron con fuerza, aun cuando se informaba un menor uso interno de harina.
Para analistas privados, los avances de China hacia una mayor autosuficiencia siguen siendo limitados. La soja continúa siendo la opción más competitiva tanto por su aporte proteico como por su rol en la producción de aceite vegetal, lo que asegura su centralidad en la matriz alimentaria y energética del país.
Un arranque de año con varios frentes bajistas
El inicio de 2026 encuentra al complejo sojero enfrentando varios factores que presionan a la baja. Entre ellos se destacan el rebalanceo de los fondos índice en los primeros días hábiles de enero, el buen panorama climático en Sudamérica y las expectativas de una mayor superficie sembrada con soja en Estados Unidos para la próxima campaña.
"Para analistas privados, los avances de China hacia una mayor autosuficiencia siguen siendo limitados. La soja continúa siendo la opción más competitiva tanto por su aporte proteico como por su rol en la producción de aceite vegetal". "Para analistas privados, los avances de China hacia una mayor autosuficiencia siguen siendo limitados. La soja continúa siendo la opción más competitiva tanto por su aporte proteico como por su rol en la producción de aceite vegetal".
En un plano más amplio, los mercados agrícolas transitan un proceso de reordenamiento tras un año marcado por una fuerte volatilidad. Las decisiones de inversión y comercialización siguen condicionadas por un entorno global complejo, donde conviven tensiones geopolíticas, señales macroeconómicas mixtas y ajustes en los precios de la energía.
Con ese telón de fondo, el mercado comienza a mirar más allá del corto plazo y a incorporar en el análisis el impacto potencial del informe de enero y las definiciones de área para la campaña 2026. Mientras tanto, la soja arranca el año sin red, con el clima como principal árbitro y con un mercado que, por ahora, se inclina claramente hacia la cautela.