sábado 14 de marzo de 2026
Carina Calia

La sensibilidad de una mujer que dedicó gran parte de su vida a la tarea de enseñar

Fue docente de primaria y de nivel inicial y también secretaria del Jardín Maternal N° 1. Con más de 30 años de ejercicio profesional, acaba de jubilarse, algo que la aleja de la rutina cotidiana del aula pero no del profundo amor por la profesión que eligió y le permitió transitar un nutrido camino del que recogió la mejor cosecha.

8 de julio de 2023 - 00:00

Carina Calia es docente y recientemente se acogió al beneficio de la jubilación, hecho que la coloca frente al inicio de una nueva etapa de su vida que estrena con la satisfacción de la "tarea cumplida" y la ilusión de un tiempo por venir colmado de nuevas vivencias. También transita estos días con cierta añoranza por las tantas horas compartidas con alumnos y colegas. "Pero fue una decisión meditada que tomé convencida cuando llegó el momento", refiere en el comienzo de la entrevista que se realiza en la intimidad de su casa. Trazar su "Perfil Pergaminense" es una propuesta que recibe con cierta sorpresa. La acepta con humildad y siente que de algún modo es la oportunidad de mirar retrospectivamente no solo su biografía personal sino sus más de 30 años de trayectoria docente, para agradecer el camino recorrido.

Hija de René y Elena nació en Pergamino y hasta sus 17 años vivió en avenida Colón y el arroyo Pergamino. "Esa fue mi casa, el lugar en el que crecí junto a mi hermana Marisa, cuatro años mayor que yo".

"Tuve una infancia muy linda, vivíamos muy cerquita del Arroyo y una avenida nos separaba de la casa de mis amigas Benestante, mis primas Baquedano, las chicas de Mayud, así que pasábamos nuestras tardes jugando en la vereda, andando en bicicleta o compartiendo en la casa de cualquiera de ellas. Había un uso de la calle distinto al de hoy", sostiene y recuerda que era el silbido de su papá llamándola a comer, lo que marcaba que el momento del juego había terminado.

Su familia tenía un negocio de venta de artículos de camping y jardín y un taller de lonas de camiones y toldos. "Nuestra casa estaba arriba del negocio, y el taller, instalado al lado, así que las rutinas del trabajo de mis padres quedaban muy integradas a los tiempos de la vida familiar", refiere. Y menciona que hasta su abuela Rita atendía el negocio cuando su mamá las preparaba para ir a la escuela. "Fue la única abuela que conocí y tuve una linda relación con ella, que por temporadas se quedaba a vivir en nuestra casa y en ocasiones nos llevaba a la de ella en el barrio Centenario, un lugar que también tuvo mucho que ver con mi niñez".

La vida escolar y una vocación temprana

Fue al Jardín de Infantes N° 1, que funcionaba en calle Florida, enfrente de la Escuela N° 2, donde hizo primer grado. "Después nos cambiaron al Normal y en esa institución completé mi formación, incluso allí hice mi carrera terciaria, el profesorado nacional para la enseñanza primaria".

"Dábamos las prácticas en el mismo Colegio Normal, que era nuestro departamento de aplicación", agrega y reconoce que desde siempre supo que iba a ser maestra. "Estando en el secundario siempre que nos convocaban para cuidar grados, yo me ofrecía para hacerlo".

Al terminar la carrera continuó sus estudios para obtener el título de maestra especializada para la educación inicial en el Instituto de Formación Docente y Técnica N° 5. "Antes de recibirme ya tenía alumnos particulares en casa", comenta recordando cada paso que dio en su nutrida trayectoria docente.

Resalta la calidad de la formación recibida y jamás olvida la impronta que marcaron docentes que eran verdaderos referentes en el campo de la educación. "Recibí una formación muy rigurosa y eso me sirvió para siempre", destaca.

Los primeros pasos

Su primer trabajo como docente fue en un tercer grado de la Escuela N° 53. Lo recuerda y en la charla recrea aquel "primer día frente a los chicos".

"A lo largo de mi carrera tuve a niños muy pequeños y también a alumnos de los grados superiores y con todos siempre me sentí muy cómoda", resalta. Y en un inventario seguramente incompleto de los espacios educativos de los que fue parte en 32 años de ejercicio profesional, comenta que también trabajó en la Escuela N° 4, donde fue maestra de séptimo grado. "Estuve en muchas escuelas, en la N° 17, en la escuela de Acevedo donde llegaba 'a dedo', en la Escuela N° 22, donde titularicé como maestra de primaria. También, en la Escuela N° 2, donde aprendí mucho de Cecilia Sánchez, una docente a la que admiré".

"En cada lugar compartí con directoras, pares e integrantes de los equipos de orientación. Amé la docencia y la ejercí entendiendo que es un trabajo de equipo", agrega.

En distintos grados y diferentes escuelas siempre puso lo mejor de sí y tomó los mejores aprendizajes. Trae a la conversación su experiencia como docente de la Escuela N° 8 y refiere: "Fue una vivencia de mucho valor para mí. Allí los chicos asistían al comedor y ese momento era algo muy importante, me gustaba estar con ellos para algo más que servirles una rodaja de pan con mermelada, trataba de que ese tiempo me permitiera conocerlos más, escuchar lo que les pasaba", relata. Y comenta que en esa misma comunidad su trabajo fue más allá de lo meramente formativo. "Les llevaba revistas con dibujitos para que leyeran o cuentos de mis propios hijos, porque entendía que muchos quizás en sus casas no tenían la posibilidad de leer".

"Muchos fines de semana me iba con mis hijos a ordenar el salón, limpiar bancos y decorar las paredes para convertirlo en un espacio acogedor donde ellos se sintieran cómodos y estar en la escuela les resultara atractivo. Mi mamá, incluso, cocía las cortinas que colgábamos en el aula", agrega, destacando la disposición de la directora de esa institución que "siempre acompañó cada iniciativa".

"Cuando los papás no podían ir a firmar las planillas para el Servicio Alimentario Escolar, con varias compañeras salíamos por los barrios y tomábamos contacto con las familias y con la realidad que vivían muchos de nuestros alumnos. Me sirvió mucho conocer esas historias, nutrirme de ellas", resalta.

Entiende que cada contexto es particular para la enseñanza y confronta al docente con la búsqueda de estrategias que respeten la singularidad de cada alumno. "Educar es crear lazos, si ese vínculo no se construye, el chico no aprende", afirma convencida.

Su tránsito por la educación inicial

En una ocasión pidió movimiento al nivel inicial. "Cuando logré titularizar me tocó ir al Jardín N° 901, el mismo al que yo había asistido como alumna cuando se llamaba jardín N° 1, y de esa institución no me moví más", destaca.

"Cuando comencé me asignaron la sala de 5 porque yo venía de primaria, pero después me pasaron a la de 4 hasta que llegué a la de 3 en el turno mañana", agrega.

"A la par de eso, seguí trabajando en primaria. También estuve en la Escuela N° 31 de la Villa San José, en el límite del Partido de Pergamino con Salto, otra experiencia muy enriquecedora".

En la Secretaría de Asuntos Docentes

A raíz de un problema en sus cuerdas vocales, tuvo que dejar el aula y fue asignada a una tarea administrativa en la Secretaría de Asuntos Docentes. "Allí aprendí mucho, estaba en Mesa de Entradas, conocí a todos los docentes de Pergamino. Tuve jefas y jefes muy buenos y compañeros incondicionales".

"En mi carrera siempre busqué aprender. En cada institución en la que me tocó trabajar o en cada tarea que desempeñé siempre me interrogué sobre aquello que podía aprender de esa experiencia. Y de mi paso por la Secretaría de Asuntos Docentes surgió la inquietud de rendir para secretaria".

"Era titular en el Jardín N° 901 y en la Escuela N°4, y rendí el examen para ser secretaria, aprobé y pude elegir tomar el cargo en el Jardín Maternal N° 1 que se creó en 2017. Fui secretaria en esa institución que recibe a bebés de 0 a 2 años. Fue hermoso", relata.

La jubilación

Con 57 años Carina Calia se jubiló el pasado 30 de junio. "Tenía 32 años de servicio y cuando cumplí mis 55 años inicié los trámites. Sentía que había llegado el momento".

"Sentí mucha felicidad cuando me llegó la jubilación. Todos me decían que iba a extrañar y eso me pasa, extraño a las personas, a los chicos, pero había algo de la rutina que ya me agobiaba y me marcaba que era necesario dar este paso", reconoce. Y prosigue: "Tenía necesidad de tener más tiempo para mí".

En el horizonte de los proyectos lo que aparece es descansar y viajar. "Tengo un grupo de amigas ya jubiladas, algunas de ellas son de Rosario, que viajan mucho, así que me sumaré a ellas", comenta.

Hoy dedica su tiempo a la familia y los amigos. "El año pasado falleció mi mamá así que con mi hermana cuidamos a mi padre".

"Me gusta salir con amigas, conversar, acompañarlas como ellas me han acompañado siempre", agrega, destacando la riqueza de esos vínculos que preserva.

En lo laboral reconoce que nunca se deja de ser docente y fiel a esa convicción no descarta poder dar clases particulares. "Uno siempre vuelve al origen", señala y recuerda a aquellos primeros alumnos que recibía en su casa.

Sus motivos de vivir

Cuando el diálogo se introduce en el universo de la vida personal, cuenta que está divorciada hace varios años y es mamá de tres hijos: Luisina (32), que es contadora y trabaja en la Universidad Nacional de San Antonio de Areco; Fiorella (30) que también es contadora, trabaja en el área de Auditoría de la Unnoba y está de novia con Ignacio; y Stefano (26) que es estudiante de Abogacía y vive en Rosario. "Ellos han sido y son mi razón de vivir, el motivo que encontré para no caerme cuando estuve muy triste", refiere y confiesa que cuando se divorció estuvo mucho tiempo sola porque "me aboqué a criarlos".

"Parece antiguo lo que digo, pero fue así; ellos fueron mi prioridad y mi motor", recalca. "Y cuando crecieron tuve que hacer la tarea de dejar de estar tan encima de ellos, no fue fácil y hubo mucha terapia", destaca, respetuosa de esa dedicación incondicional que es la que le permite disfrutar de un vínculo sano con ellos.

"Varios años después del divorcio y cuando los chicos ya habían crecido, tuve una relación de pareja que fue linda mientras duró, y hoy estoy sola", señala. Y cuando la pregunta la interroga sobre el futuro de la vida personal confiesa: "Me siento muy bien y si volviera a relacionarme con alguien, ya no sería para convivir".

Sobre el final de la entrevista, sentada en el comedor de su casa, ese espacio acogedor siempre dispuesto a recibir a los suyos, se muestra complacida con el paso del tiempo y agradece cada vivencia. "En lo personal me siento muy feliz por los hijos que tengo, soy afortunada".

"En el trabajo era la que enseñaba, pero también aprendía siempre. La docencia es un gran aprendizaje", resalta.

"En cada plano de la vida, he aprendido a quedarme con lo mejor de cada experiencia, creo que es una señal de madurez y equilibrio", concluye. Y esa reflexión traduce la esencia de una mujer comprometida con sus valores, que ha enseñado y también ha aprendido, en el ejercicio de la docencia y en la vida.

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