domingo 26 de abril de 2026

María del Carmen Polola: 50 años de trabajo en la Asociación Pergamino de Cultura Inglesa

Dedicó buena parte de su vida a esa institución que la recibió a los 17 años. Forjó allí su historia laboral y construyó vínculos que han nutrido su vida.

26 de abril de 2026 - 07:18

Aseguran que el trabajo es un gran ordenador de la vida y el espacio en el que las personas pasan buena parte del tiempo vital. Cuando además esa tarea se abraza con pasión y responsabilidad, todo confluye para hacer de ese ámbito una especie de “segunda casa amada”.

Conocer la historia de vida de María del Carmen Polola es confirmar esa premisa. Desde hace 50 años trabaja como secretaria administrativa en la Asociación Pergamino de Cultura Inglesa. Ingresó a los 17 años, apenas terminó el secundario, un 19 de abril, y aún trabaja allí, con el entusiasmo del primer día. Cualquiera que haya pasado por esa institución la conoce. Generaciones de familias han interactuado e interactúan con ella a diario. Ama lo que hace. Y eso se nota. La entrevista en la que traza su Perfil Pergaminense se concreta en un alto de la tarea, en la biblioteca de Cultura Inglesa. El lugar está vestido de libros, y su memoria repleta de historias. Se siente cómoda y a gusto. Su relato da cuenta de las rutinas cotidianas, del tiempo compartido con otros, y de una actividad que le gusta realizar.

“Cuando terminé la secundaria entré a trabajar en Cultura Inglesa, y este lugar es el que me ha acompañado desde mis 17 años, tengo 67, así que hace cincuenta años que estoy acá”, señala en el comienzo y la gratitud la invade.

Nació en Pergamino y fue la menor de tres hermanos: “Juan Carlos me lleva 13 años y José Angel, 11, así que fui de verdad la más pequeña de la familia y la mimada de todos”, cuenta y menciona a sus padres Carmelo y Carmen Fontana. “El se dedicaba a repartir kerosene y garrafas en un camioncito que iba recorriendo la ciudad, y ella era ama de casa”.

Hizo la primaria y hasta el segundo año de la secundaria en el Hogar de Jesús, después se pasó al Comercial, donde egresó con el título de perito mercantil. “El año pasado tuvimos el reencuentro por los 50 años de egresados, fue muy lindo”.

Su llegada a Cultura Inglesa

Evoca su ingreso a la Asociación de Cultura Inglesa, con un tono de la voz que deja ver el profundo amor que siente por ese lugar: “Cuando terminé el secundario tenía idea de irme a estudiar Ciencias Económicas a Rosario, pero era el año 1976, en un momento muy convulsionado del país y me dio temor, así que desistí de iniciar mis estudios universitarios. Me tomé el verano para descansar, tomé un trabajo apenas unos días en la Sociedad Rural. Mi prima me mostró un aviso que había salido en LA OPINION, en el que pedían personal administrativo con conocimiento de inglés. Había que mandar una carta a la Casilla de Correo 75. Sin más detalle que ese, envié la carta, a los pocos días, me respondieron y me citaron a una entrevista. Así conocí Cultura Inglesa y me enamoré de este lugar”.

“Me entrevistaron Denis Eugenio Mc Donnell, presidente; Alan George Wrigth, tesorero, y estaba también Luis Gaye”, recuerda. Y continúa: “Yo no sabía bien cómo se había ido, pero al jueves siguiente me llamaron para mantener un diálogo con Lía de Miguel, que era la directora, así que el puesto fue mío y, desde entonces, soy secretaria administrativa de Cultura”.

Desde siempre su tarea consistió en ocuparse a las cobranzas, las gestiones del alumnado y el manejo administrativo de la filial. “Comencé en este mismo lugar, el edificio lo habían comprado en 1973, solo que no estaba como ahora. La secretaría funcionaba en la parte de atrás. Se hicieron muchas reformas”, describe recordando que Cultura Inglesa es una asociación civil sin fines de lucro y señalando que hasta el año 1980 la institución fue una filial que dependía de Rosario. “Desde ese momento finalizados todos los trámites, pasó a tener plena autonomía”.

Vínculos y momentos

Su trabajo le permitió vivir todos los momentos que atravesó la institución al tiempo que conocer a generaciones enteras que pasaron por sus aulas. “Docentes, alumnos, familias, comisiones directivas integradas por papás de estudiantes de la institución, compañeros de trabajo, compartí estos años con muchísimas personas, siempre valoré mucho la confianza que la institución depositó en mí y lo que me permitió aprender”, resalta.

“Siempre destaqué y destaco el compromiso y la labor inmensa que despliegan los integrantes de la comisión directiva, le dedican tiempo y están detrás de cada detalle”, agrega y señala: “En estas cinco décadas tuve trato con todos los que pasaron. Actualmente, tengo mucho trato con Silvina Machain que es la presidenta, Mercedes Prieto, la tesorera, y Celina Sequeira, la secretaria”

“Y de los alumnos y sus familias, que puedo decir, no tengo más que palabras de agradecimiento hacia ellos, lo mismo que a los profesores de Cultura Inglesa”, agrega.

“Generaciones enteras han pasado por la institución y hoy los que eran chicos que venían a estudiar inglés, traen a sus hijos, y algunos, hasta sus nietos”, destaca.

Asegura que como en toda relación laboral, ha vivido momentos alegres y situaciones complejas. Menciona una que tuvo que ver con un momento histórico del país, la Guerra de Malvinas: “Recuerdo aquellas circunstancias como muy dificultosas. Teníamos una guardia policial permanente durante las 24 horas porque se habían recibido algunas amenazas. Eso generaba temor en las familias y sacudió un poco a la institución”.

Su vida entera

En lo personal Cultura Inglesa ha acompañado el desarrollo de todas las dimensiones de su vida. Se emociona al resaltarlo: “Cultura es mi vida”. “Yo llegué teniendo 17 años, y aquí estoy, gracias a las personas que me apuntalaron, que me marcaron el camino y que fueron incondicionales”, insiste.

“Desde que comencé Cultura Inglesa se transformó en mi segundo hogar, pasaba más tiempo acá que en mi propia casa”, añade en un relato colmado de vivencias inolvidables, imposibles de poder traducirse en el espacio de este artículo.

María del Carmen se jubiló en 2019, pero sigue trabajando. Hoy con horario corrido. “Me dieron esa posibilidad y la tomé. Vivo a una cuadra y media, así que estar acá es como estar en casa”, reitera.

Su vida personal no puede escindirse de su pertenencia a la institución en la que trabaja. “Estando acá me pasaron todas las cosas que viví en la vida”, destaca. Y se introduce en su universo íntimo para contar: “Me casé siendo muy jovencita y a los pocos años, me separé. A los 29 años conocí a Roberto Rossi, mi marido y papá de mis hijos, él era de Acevedo y compartimos muchos años juntos”.

“Falleció hace cuatro años, y aunque nos habíamos separado, cuando él enfermó acompañé a mis hijos en ese tránsito doloroso”, agrega.

“Soy mamá de dos hijos, Gastón (37), que está en pareja con Noelia Rodríguez, trabaja en una empresa que administra campos. Y Eliana (35) que es diseñadora gráfica, pero no ejerce ya que trabaja en una empresa inmobiliaria”, cuenta, con la tranquilidad de verlos encaminados.

“Ellos siempre entendieron que mi trabajo demandaba tiempo y me han disculpado algunas ausencias, aunque siempre intenté estar muy presente. De hecho, fueron al jardín N°908 y a la Escuela N° 62 y yo integraba la cooperadora, siempre me gustó colaborar”.

Trabajadora incansable, siente que el esfuerzo marca un camino y deja una huella. “Mi papá fue así, vivíamos en un hogar de clase media donde había que estudiar o trabajar, nada venía dado. La misma política la repetí con mis hijos. Creo que con el padre fuimos buenos ejemplos”.

Buenos vínculos

María del Carmen agradece el estar rodeada de buenas personas. Su núcleo afectivo más próximo está conformado por sus hijos, sus sobrinos, primos y amigos entrañables. “Soy muy sociable, tengo una linda familia y muchos amigos”, afirma y vuelve sobre su trabajo para destacar que allí también se nutrió y nutre de relaciones valiosas. “No puedo dejar de mencionar a Viviana Coltrinari, que fue la directora hasta que ingresó Anabela Arizmendi que es la actual directora”.

“Tampoco, a Ester Felsmann, una docente que comenzó prácticamente conmigo y se fue hace dos años. Y Valeria Mijich, de El Socorro, que fue quien me reemplazó en mi licencia de maternidad y con quien construimos una linda amistad”.

“También tengo muy buenos recuerdos de Hugo O’ Brien padre que fue tesorero muchos años; Alfredo Calzolari y José Luis Robutti, ambos presidentes; y de Graciela Parodi de Rafel, regente durante muchos años”, agrega.

En el presente, comparte su jornada laboral con Jorgelina Cartosiello, a quien define como “una persona hermosa, ‘una chispa’ con los chicos, que me recuerda un poco a mí cuando era joven”.

El futuro

Cuando la entrevista la interpela sobre el futuro, confiesa que aspira a poder seguir trabajando. “Tengo pensado continuar mis estudios de inglés, me faltaron dos años para recibirme, es mi materia pendiente”, añade y reconoce que le gusta lo que hace en el trabajo y en la vida. “En mi tiempo libre voy a pilates, salgo con amigas y viajo”, describe, mientras en retrospectiva el espejo de la vida le muestra un camino provechoso.

“Sinceramente me siento muy emocionada por cumplir 50 años haciendo mi trabajo. Es un honor y una responsabilidad”, manifiesta. Y cuando lo asevera, su decir abre una reflexión sobre el sentido de pertenencia. Sentir que su labor es parte de una historia, la reconforta.

“Algunas veces me cuesta asumir que pasaron cinco décadas. La tarea que hago cambió mucho con los años, desde la calculadora y el lápiz con el que hacía la contabilidad cuando entré a los sistemas informáticos de hoy, todo es distinto. Pero algo de la esencia, perdura. Y aquí estoy, aún, y ojalá pueda seguir, no me veo sin Cultura Inglesa”, reconoce, consciente de que en algún momento dará un paso al costado. Cuando ese día llegue, seguramente lo recibirá ya sin urgencias, dispuesta a disfrutar de todo lo que ha sembrado en tantos años de tarea incansable. Mientras tanto, sentirse honrada y agradecida es lo que la sigue convocando a brindar lo mejor de sí en ese lugar amado.

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