viernes 13 de marzo de 2026
Blas Satuf

Un hombre que de la mano de la electrónica creó su comercio y forjó su destino

Aunque de chico realizó otros trabajos temporarios, siempre sintió vocación por la electrónica y estudió por correspondencia. Hace 61 años es dueño de un negocio líder en el rubro. Al frente del mismo, todos los días encuentra una razón para seguir adelante, creciendo y reinventándose de la mano de los adelantos tecnológicos, sin perder la calidez del trato con sus clientes.

1 de julio de 2023 - 00:00

Blas Alberto Satuf tiene 79 años. Nació el 2 de mayo de 1944 de manera casi fortuita en Buenos Aires, donde se habían establecido su familia a raíz de una oportunidad laboral de su padre. "Ellos se habían mudado allá, pero nuestros orígenes familiares eran pergaminenses", destaca.

De raíces sirio libanesas, creció en el seno de una familia de mucho trabajo, con ansias de progreso y tomó esos valores que atesoró para siempre. "Mis padres fueron Blas Asmat y Maruca Jalil. Yo fui el mayor de tres hermanos, después vinieron Juan- que vive en Acebal- e Isabel Adela -ya fallecida-", cuenta en el comienzo de la entrevista que se realiza en un alto de la tarea que a diario realiza en su comercio, Electrónica Centro, dedicado a la venta de insumos para la reparación de equipos electrónicos.

"Cuando yo nací, vivíamos en una casita en Martín Coronado, en el partido de Tres de Febrero. Nos vinimos a Pergamino cuando yo tenía siete u ocho años. Mi abuela paterna había fallecido y mi papá ya no quiso quedarse más en Buenos Aires, asi que como mi abuela tenía una casa grande en la calle Monseñor Scalabrini, nos establecimos allí hasta que comenzamos a construir nuestra propia casa", relata, recordando que ese hogar que los acogió en el regreso tenía muchas habitaciones.

En Pergamino terminó la escuela primaria. Su memoria le juega una mala pasada al momento de precisar a qué establecimiento concurrió, pero menciona que quedaba en la entonces calle Uriburu. Tampoco recuerda con precisión el nombre de la maestra que le resaltó que él venía con un muy buen nivel de formación de la escuela a la que había concurrido cuando vivía en Buenos Aires. "Siempre me acuerdo que fue ella quien hizo las gestiones para que yo pudiera rendir y hacer en un solo año los dos que me faltaban para terminar la escuela primaria".

De su niñez conserva lindos recuerdos. "La vida era sencilla en nuestra época, vivíamos en una ciudad floreciente, con muchas oportunidades, y pertenecíamos a una familia que siempre le gustó trabajar", destaca.

La electrónica

Al finalizar la escuela primaria, siguió su vocación y comenzó a estudiar electrónica por correspondencia. "Era muy habitual en esa época ese sistema de enseñanza. Aprendí mucho y me dedicaba bastante porque me gustaba la electrónica, desde siempre me gustó", resalta.

En paralelo ya estaba trabajando en un comercio que quedaba en calle San Nicolás. "También a través de un amigo, cuando salía de la escuela iba a la Farmacia Riera y llevaban tubos de oxígeno en bicicleta".

"Después cuando ya comencé a estudiar electrónica me aboqué a eso. Abrí mi propio negocio cuando terminé de estudiar. Tenía 18 años cuando inauguré mi primer emprendimiento comercial en España y Laprida. Al principio me dedicaba básicamente a la reparación de artefactos electrónicos y después fui incorporando repuestos y todo los insumos para la venta", describe.

"Arranque solo, con una cuota de coraje y muchas ganas", resalta y comenta que fruto del crecimiento que fue teniendo con la actividad comercial logró comprar un salón en calle Lagos y Luzuriaga. "Del barrio Acevedo mudo el negocio al centro. En ese momento estaba Winco y yo era el representante oficial en Pergamino y San Nicolás".

"En esa instancia debió incorporar a varias personas, porque el caudal de trabajo que había era importante y yo viajaba mucho. Una chica a la que yo le había enseñado electrónica quedaba al frente del local en la atención al público", menciona y recuerda que por ese entonces se había intensificado la actividad de service y eso le imprimía al negocio una dinámica particular.

Debido a la condición de ser service oficial de Winco, realizaba viajes a San Nicolás y para la venta de mercadería, también iba a otras localidades de la zona. Lo hacía en su propio vehículo, al principio un auto, luego una camioneta y finalmente un colectivo que adaptó para recorrer otras distancias, llevando mercadería. "Conocí gente maravillosa, clientes muy fieles y muchos amigos con los que me sigo frecuentando o que vienen al negocio hoy que ya no viajo", agrega.

La vigencia

Con 61 años de vida comercial, de manera ininterrumpida, el negocio funcionó en distintos lugares. "Después nos mudamos a Doctor Alem, entre Pueyrredón y Mitre, ya con menos servicio de reparación y con más venta de repuestos", comenta. Y señala: "Cuando empecé a viajar a distintos lugares para vender al por mayor le dejé a los chicos que trabajaban conmigo la parte de reparación y yo me quedé con la venta de materiales eléctricos".

Menciona que siempre viajaba solo y disfrutaba del trayecto. La zona geográfica era amplia. Afirma que comercialmente le iba muy bien porque era una época muy fuerte del rubro. "Hoy el mercado y la propia sociedad han cambiado mucho, en la actualidad sería imposible hacer lo que yo hacía de viajar con el colectivo cargado de mercadería y regresar hasta con el dinero en mano", describe.

Desde hace 29 años el negocio funciona en avenida Juan B Justo, en pleno corazón del barrio Centenario. La vigencia está intacta, algo que lo gratifica y que le da el impulso de seguir adelante, cada día.

En la fábrica Annan

En su juventud también trabajó en el sector de expedición de la Fábrica Annan de Pergamino. Allí conoció a María Ferrero (82), su esposa. "Ella también trabajaba en la fábrica. Era oriunda de la localidad de Roberto Cano, pero tenía una tía en Pergamino, donde se quedaba. Fue así que nos conocimos, nos pusimos de novios y cuando ella dejó de trabajar regresó al campo y yo viajaba los fines de semana para vernos".

"Ese trabajo que tuvimos los dos de alguna manera marcó nuestro destino", resalta, recordando las vivencias inolvidables de aquellos tiempos de juventud.

La vida familiar

Blas se casó con aquella "excompañera de la fábrica" cuando ambos eran muy jóvenes y están juntos desde entonces. "Ella fue ama de casa y me acompañó siempre en el negocio". Tuvieron dos hijos: Walter (53) y Gustavo (52). "Mis hijos están divorciados, soy abuelo y bisabuelo".

Habla de su familia con profundo amor y de los nietos con una ternura que se traduce en el brillo de la mirada. "Mis nietos son Juan Pablo, Melina, Santiago, Nicolás y Brenda. Y mis bisnietos son Simeón, Benicio, Salen y Gian".

"Llegan para cambiarte la vida", resalta y asegura que, aunque el trabajo le ha demandado muchas horas fuera de su casa, siempre ha encontrado en su familia el refugio.

Al hablar de su historia familiar, cuenta que su padre falleció tempranamente a los 50 años a raíz de un problema coronario. Eso modificó de algún modo la historia de su familia, porque su mamá quedó sola. Blas la acompañó desde entonces de manera incondicional. Ella falleció hace seis años y hasta el día de hoy la recuerda como "un ser increíble, dueña de una fortaleza enorme que nos marcó el buen camino".

El fútbol

Otro capítulo importante de su historia de vida lo escribió de la mano del deporte. Comenzó a jugar siendo adolescente y sus habilidades como arquero le permitieron crecer como deportista. Se inició en el Club Tráficos, casi por casualidad: "Un día iba caminando y me llaman para que empezara a entrenar con el equipo, no lo dudé. Enseguida empecé a jugar y salimos campeones", refiere este hombre que jugó no solo en la liga local sino regional, en la ciudad de Rojas. "Jugué en varios clubes de Pergamino y de la zona. Acá, además de Tráficos, jugué para Juventud y guardo hermosos recuerdos de ese tiempo".

Tenía condiciones y disciplina y la posibilidad de abrir el horizonte para jugar en el fútbol grande se le dio cuando lo convocaron para irse a la ciudad de Rosario a probarse. Cuando lo cuenta confiesa que imaginaba para él una carrera deportiva, pero su papá en ese momento no estaba bien de salud y era "tiempo de quedarse en casa".

"Desistí de irme y ya después no seguí jugando al fútbol, llegaron otras responsabilidades, y es verdad que en la vida todo no se puede. Por supuesto que me hubiera gustado seguir en el deporte, pero no se dieron las circunstancias", agrega. Y se queda con el mejor balance de su paso por el deporte, los campeonatos, los amigos y las experiencias adquiridas.

Hincha de Boca Juniors, hoy disfruta del deporte mirando los partidos. Antes lo hizo acompañando el desempeño deportivo de sus hijos. "En una ocasión, Walter jugaba en Tráficos y tenían que disputar un partido en la cancha de Platense, recuerdo que los llevé en el colectivo que usaba para viajar por el negocio", cuenta y celebra el hecho de poder compartir la pasión por el fútbol con sus hijos.

El presente

Al frente del negocio como el primer día, supo reinventarse para acompañar los cambios que con los avances de la tecnología en el rubro de la electrónica se han dado naturalmente en su actividad. "En la zona no hay otros negocios de esta naturaleza. Nuestro fuerte hoy es trabajar con quienes se dedican a la reparación de aparatos eléctricos, es el único negocio que ha quedado en la zona y por esa razón a diario vienen muchos comisionistas de ciudades de la región a buscar materiales y repuestos que necesitan".

"A ellos se les suma el cliente particular, una clientela sumamente fiel a lo largo de 61 años de actividad comercial", resalta, agradecido.

"Vendemos repuestos de radio, audio y televisión para quienes reparan estos artefactos. Y, además, controles remotos, equipos de audio, parlantes e insumos de electricidad y electrónica", describe.

Le gusta su trabajo y el contacto con la gente. Pero también anhela ese tiempo libre para disfrutar de otras cosas. "Imagino en el futuro quizás armar algo más chico en casa. Me gusta venir a trabajar, pero también creo que va llegando el tiempo de estar más tranquilo", refiere, aunque confiesa que le cuesta tomar una decisión, no tanto por él, sino por la innumerable cantidad de clientes que llegan a diario al negocio.

"Creo que voy a seguir unos añitos más, después la vida dirá", afirma confesando que no piensa demasiado en la vejez. "Simplemente dejaré que llegue", concluye. Y cuando la entrevista termina, de inmediato se dispone a atender a esos clientes que llegan, que lo conocen y que a lo largo de tantos años han entablado con Blas esa relación sustentada en el respeto y la confianza, pilares fundamentales de un vínculo que celebra y agradece.

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