Somos lo que comemos, dice el refrán. En el caso argentino la frase se complejiza: ¿somos asado y empanadas? Sí, pero también centolla, humita y carbonada. La conclusión a la que llegan quienes desean conocer el país desde sus raíces es que la gastronomía es un excelente ordenador de la hoja de ruta.
Al respecto, Luciano Nanni, coordinador del Torneo Federal de Chefs de FEHGRA, asegura: “Hoy la tendencia global es consumir productos que cuenten una historia”. Efectivamente, este fenómeno es mundial y, según un informe de Research and Markets, el turismo culinario crecerá 22,8% al año hasta el 2029.
Este tipo de turismo representa un impacto altamente positivo en dos sectores fundamentales para la economía: la hotelería y la gastronomía. Fomentar y profundizar el vínculo estrecho que históricamente une a ambos implica hacer girar la rueda de las economías locales.
Argentina es un país con una extensión enorme, donde cada región presenta su propia mixtura de tradiciones y costumbres. Para los turistas, tanto extranjeros como locales, acercarse a estas propuestas culinarias significa conectar con la identidad local, en contraste con la universalidad que ofrecen menús más estandarizados. Pero el diferencial de la cocina regional no se reduce a la autenticidad, sino que también implica un plus de calidad.
La ruta del vino en las provincias cordilleranas, la ruta de la empanada en el Norte o la ruta del queso en la región Centro ponen en valor los productos tradicionales. Según un reporte de la consultora Taquion, la comida es el contenido más compartido en las redes sociales, lo cual evidencia que la gastronomía representa un canal de promoción altamente efectivo. De esta manera, el saber culinario se combina con ambientaciones auténticas e inmersivas, generando un combo con un enorme atractivo turístico.
El propio Torneo Federal de Chefs apunta a desarrollar ese espíritu de promoción de las identidades regionales. Allí, cocineros de todos los rincones del país exponen platos e ingredientes que combinan la más auténtica tradición con las nuevas técnicas de la alta cocina. Trucha marinada chubutense, lingote de chivo mendocino y cazuela de guanaco santacruceño fueron algunos de los platos destacados en las rondas clasificatorias. La propuesta es clara: novedad y tradición no son aspectos necesariamente contrapuestos.
El turismo gastronómico, una experiencia que deja huella
En definitiva, el turismo gastronómico funciona porque la cocina es un aspecto inseparable de una cultura y de su identidad. Es, a la vez, causa y consecuencia de costumbres y tradiciones que explican por qué un pueblo, una ciudad o una provincia es lo que es. Es, en definitiva, una experiencia que deja huella.
Fuente: Ámbito.