El paisajismo vive un momento de transformación profunda y 2026 llega cargado de nuevas ideas y tendencias que redefinen el modo en que entendemos el jardín doméstico. Ya no se trata solo de embellecer el exterior, sino de crear espacios que cuiden, inspiren y acompañen la vida cotidiana.
Desde rincones íntimos que funcionan como refugios personales hasta pabellones que ordenan grandes parcelas o pequeños huertos que nos conectan con la tierra, las tendencias de este año dibujan una nueva forma de habitar la naturaleza.
El jardín emocional y sensorial
En 2026 surge con fuerza la idea del jardín emocional, un espacio diseñado para despertar los sentidos y aportar bienestar integral. Inspirado en principios de neuroarquitectura, el paisajismo se centra en cómo los colores, aromas, texturas y sonios naturales influyen en nuestro estado de ánimo.
Así, los espacios exteriores rebosantes de naturaleza se convierten en auténticos escenarios terapéuticos: caminos que invitan a la contemplación, flores aromáticas que estimulan la memoria, plantas que aportan calma con su tonalidad y fuentes o láminas de agua que generan serenidad a través del rumor. Más que un lugar estético, el jardín se transforma en un escenario vivo donde los estímulos naturales generan bienestar y conexión profunda.
Arte al aire libre
Está en boga la concepción del jardín como una galería de arte en la que se integran esculturas y piezas artísticas para provocar emoción y creatividad. Estos elementos aportan ritmo, profundidad y un punto focal que transforma el espacio en una experiencia estética completa, casi museística, en la que naturaleza y arte se fusionan para despertar sensibilidad y ofrecer un refugio inspirador al aire libre.
Paisajes vivos que celebran las cuatro estaciones
Los jardines, diseñados para potenciar la experiencia emocional, se expresan a través de una estética naturalizada que, entre otros aspectos, refleja con fuerza el cambio de las estaciones.
La tendencia new perennial propone un paisajismo aparentemente espontáneo, pero en realidad cuidadosamente planificado, donde cada planta ocupa un lugar estratégico y, al mismo tiempo, el conjunto transmite frescura y libertad. Se podría hablar de un ‘desorden controlado’.
Por otro lado, se priorizan especies autóctonas y resistentes, capaces de adaptarse a las variaciones climáticas y de ofrecer un espectáculo visual cambiante: esplendor vegetal en primavera, frondosidad intensa en verano, matices ocres en otoño y vegetación desnuda en invierno.
Exteriores completos: vivir al aire libre con todas las comodidades
Otra tendencia marcada consiste en que los exteriores se conciben como espacios totalmente equipados para la vida cotidiana y social, integrando (si el espacio lo permite) piscina, salón de verano, comedor al aire libre y, cada vez más, hasta cocinas exteriores que permiten disfrutar intensamente del aire libre.
Este diseño en realidad convierte el jardín en una prolongación de la vivienda, donde se puede descansar, compartir comidas, organizar reuniones o simplemente relajarse en un entorno natural.
La tendencia de las huertas
En los últimos años estamos viendo un auténtico furor por los huertos dentro del jardín, así los exteriores se convierten en un lugar de alimento. Esta tendencia, cada vez más extendida, no exige grandes espacios: con macetas, parterres bien orientados o incluso estructuras verticales, se pueden cultivar verduras y frutas directamente en casa.
Hay una explicación de esta tendencia y va más allá de ofrecer productos saludables, y son que, cultivar nuestro propio huerto estimula una conexión más íntima con la naturaleza, fomenta la biodiversidad (con polinizadores, insectos útiles y vida vegetal diversa) y aporta bienestar emocional al implicar cuidado, observación y recolección.
La era de los jardines regenerativos
Los jardines ya no se conforman con ser sostenibles: dan un paso más y buscan ser regenerativos. Esto significa que, además de reducir el impacto ambiental, contribuyen activamente a mejorar el ecosistema en el que se integran. Se diseñan con especies de bajo consumo hídrico y resistentes, sistemas de riego inteligentes y materiales reciclados, pero también con suelos vivos, mayor biodiversidad y menos dependencia de productos químicos.
El objetivo es que el jardín no solo se mantenga fácilmente, sino que devuelva a la naturaleza más de lo que toma: captura carbono, favorece polinizadores, mejora la fertilidad del suelo y ayuda a mitigar los efectos del cambio climático.
Fuente: Hola.