jueves 11 de junio de 2026

Un escenario internacional similar al de la pre Segunda Guerra Mundial

Por Luis Rosales /ESPECIAL PARA LA OPINION

10 de mayo de 2024 - 00:00

El Congreso de Estados Unidos, con la rebeldía de algunos diputados, de algunos congresistas "trumpistas", finalmente aprobaron o autorizaron al Gobierno norteamericano a darle ayuda, o un paquete de ayuda de 95 mil millones de dólares, 95 billones en términos americanos, a Ucrania, Israel y Taiwán. El gran tema era la guerra de Ucrania, que está prácticamente empantanada en el campo de batalla, pero ese empantanamiento, finalmente, en medio de un largo plazo, dicen los especialistas en estrategia militar, que termina favoreciendo a Putin, a Rusia. Ucrania, mientras tanto, sigue pidiendo ayuda, sigue pidiendo recursos, tanto en Europa como en los Estados Unidos, pero había un freno de esta ayuda, lo que hace presuponer que en caso de ganar Trump en las elecciones generales de noviembre y asumir en enero del año que viene, eso hace presuponer que es probable que la nueva administración norteamericana o reduzca o revea el tema de la ayuda a Ucrania en esta guerra. Ahora, por un lado, tiene que apurarse la administración actual y Ucrania en todo lo que pueda este año, por esa alternativa. Se habla ahora de una contraofensiva rusa, tiene que poder resistirla Ucrania, de lo contrario, su posición va a ser cada vez más compleja a los efectos de recibir ayuda. Y esto es porque militarmente Rusia tiene todavía, si bien muy desgastada, mucha espalda para poder seguir resistiendo. Es un país mucho más grande, con una economía mucho más desarrollada y una industria armamentística importante y poderosa, además de contar con la provisión de armas por parte de Corea del Norte, de algunos otros recursos por parte de China y de drones de Irán, que es el gran fabricante de estos dispositivos en la actualidad. Entonces, en este sentido, los tiempos apremian para todas las partes. 

El otro monto importante de ese paquete de ayudas va para Israel, y ahí hay una situación compleja porque hay bastantes diferencias políticas entre la administración del presidente Biden y el primer ministro Netanyahu. Son prácticamente las antípodas de lo que toleran las democracias occidentales, antípodas ideológicas. Pero ahí prima siempre un elemento que en geopolítica o en relaciones internacionales hay que tener en cuenta: desde fines de la Segunda Guerra Mundial en adelante, desde la creación del Estado israelí en adelante, siempre Estados Unidos es un aliado estratégico a largo plazo. Y no importa el color político de un gobierno o del otro para este apoyo estratégico, para que persista o perdure este apoyo estratégico, no se pone en tela de juicio. Ahora, el cambio de color político, tanto en Jerusalén como en Washington, puede implicar más acercamientos o menos acercamientos en lo concreto, en lo táctico. Pero una administración demócrata, bastante progresista, entre comillas, o de izquierda, está proveyendo de gran ayuda a un Gobierno israelí de extrema derecha, y en un momento particular donde la opinión pública está discutiendo acciones de Israel y la propia opinión pública americana, sectores de la opinión pública, para muchos minoritarios, pero muy ruidosos, activos, que pueden complicar la campaña electoral, como estamos viendo en los campus universitarios de todas las principales casas de estudios norteamericanas. 

Y por último, Taiwán. Taiwán es una causa nacional china, como si fueran las Malvinas de Argentina, porque para ello hay que recordar que para los chinos continentales, los chinos desde China comunista, de la República Popular China, la gobernada por Xi Jinping desde Beijing, Taiwán no es más que una provincia rebelde. Para los taiwaneses, Taiwán es la auténtica China. Y esto se debe a que cuando fueron expulsados los japoneses después de la Segunda Guerra Mundial, la guerra civil china, en la expulsión de los japoneses, fue ganada por los comunistas al mando de Mao Zedong. Y la República de China tuvo que prácticamente trasladarse a las apuradas, huir de Beijing, y se refugiaron en la provincia de Formosa, o de Taiwán. Y ahí hubo una especie de continuidad de la República de China. Entonces, había dos Chinas, la República Popular, pero que era enorme, que abarcaba todo el continente, toda la parte continental, gobernada desde Beijing por los comunistas, y la República de China en Taiwán, gobernada por los nacionalistas. Durante muchos años, prácticamente todo el mundo reconocía a Taiwán, y es más, tenía el lugar y el veto en las Naciones Unidas como triunfante de la Segunda Guerra Mundial. Esto pasó a partir de 1973, una serie de acuerdos de Kissinger y Nixon, con Mao y la visita de Nixon y Kissinger a Beijing, en medio de la Guerra Fría con la Unión Soviética, el reconocimiento pasó a China. Y como es un mercado, cuando empezó a incorporar economía de mercado en algunos aspectos chinos, y a crecer económicamente y como mercado en la mayoría de los países del mundo, entre elegir la isla de Taiwán, con 20, 30 millones de habitantes, o el gigante de Beijing, con 1.000, 1.500 millones, depende de la época, de habitantes, todos iban inclinando por la China comunista, y entonces China popular. Y ahí están las cosas. Ahora, Estados Unidos tiene un tratado de colaboración militar con Taiwán. Si es agredido, tiene que responder, y eso es muy fuerte, y China lo sabe. Pero por eso está este refuerzo de armamentos y ayuda militar a Taiwán. 

En síntesis, es un panorama que, en una aparente decisión del Congreso norteamericano, que le permite a la administración norteamericana un paquete de ayuda militar importante de 100.000 millones de dólares, uno pueda analizar los tres frentes de conflicto que afectan a la humanidad. Podría decirse de diferente naturaleza, pero hay un hilo conductor, porque enfrente a Ucrania, Israel y Taiwán, se encuentra casi otro eje, que es Rusia, Irán y China comunista, o China popular. Y eso casi va empezando a perfilar o a dibujar una situación parecida a la de la preguerra de la Segunda Guerra Mundial, a la situación previa a la Segunda Guerra Mundial. Ojalá que sea solo eso, una similitud, pero que no genere las mismas consecuencias que en aquellos tiempos, que después empezó un efecto dominó, que no se pudo parar y la humanidad terminó con 60 millones de muertos, bombas atómicas, etcétera…

(El autor es integrante del Grupo TAV)

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