martes 05 de mayo de 2026
Omar Murisengo

Un luchador que hizo del trabajo un pilar edificante de la vida

Es el propietario de "La Casa del Motor", un emprendimiento comercial que tiene 35 años de historia. Atravesó crisis y supo salir adelante, actuando con responsabilidad. Forjó su familia sobre la base de buenos valores e hizo de ella su principal construcción. En su Perfil habla del camino recorrido y de aquellos atributos que hacen de su biografía un testimonio.

12 de agosto de 2023 - 00:00

Omar Alberto Murisengo nació en J.A. de la Peña el 7 de febrero de 1956, pero todos sus recuerdos de la infancia tienen que ver ya con su vida en Pergamino, por cuanto su familia se estableció en la ciudad cuando él era muy chico. "Estuve muy poco tiempo en el pueblo, porque mis padres se mudaron a una casa que habían construido aquí", refiere en el comienzo de la entrevista que se realiza en una pausa de la tarea cotidiana que desempeña como propietario de "La Casa del Motor", un emprendimiento comercial que conduce desde hace 35 años.

Al trazar su Perfil Pergaminense habla de sus padres, Mario Dante y Estela Rosa Francisconi. "El trabajaba como camionero en la jabonera Amancay, después fue camionero para Roberto Genoud y más tarde fueron socios en un emprendimiento de acopio de miel que funcionó en Alsina 30. Ella, que tiene 93 años, fue ama de casa, durante años tuvo máquinas industriales y tejía; y también tuvo un almacén".

"Ellos me enseñaron la cultura del trabajo", resalta y recuerda la época en que su mamá tejía: "Se pasaba tardes en la máquina y yo le cebaba mates, a ella, a unas tías y amigas que la ayudaban".

También conserva inolvidables recuerdos del almacén que funcionaba en su casa. "La vida y el trabajo de mi madre quedaban integrados en ese lugar entre terrones de azúcar y comestibles que se vendían. Estábamos a una cuadra de donde funcionaba la Pepsi, en esa época era todo campo y el almacén era el único en esa zona. Mi madre tuvo 37 años el negocio".

Omar tiene 67 años y una hermana seis años menor, Cecilia. "Fui el primer hijo del matrimonio de mis padres, después nació mi hermana y crecimos juntos", señala y cuenta que hizo primero inferior y primero superior en la Escuela N° 53 y en la Escuela N° 4. "Después me pasé a la Escuela Pío XII, que después se transformó en el Colegio San José de los Hermanos Maristas, y ahí cursé el resto de mis estudios hasta terminar el secundario", agrega.

Trabajar desde chico

Teniendo 13 años, durante los meses de verano trabajaba en la carpintería de Cignoli como mandadero. "Yo comencé a trabajar desde chico, mis padres no me dejaban estar en las vacaciones del colegio sin hacer nada. Y cuando terminé la escuela, ingresé al mercado laboral. No era posible para nosotros que yo siguiera una carrera universitaria (le hubiera gustado estudiar Arquitectura) así que ingresé a trabajar en un taller mecánico haciendo cobranzas. Y luego, durante unos cuantos años, trabajé con mi padre en el acopio de miel".

"Las fumigaciones condicionaron mucho la apicultura, así que mi papá liquidó la sociedad que tenía con Roberto Genoud y siguió por su cuenta haciendo acopio en un galpón que montó en un terreno que compró al lado de casa. En ese tiempo se exportaba a Japón e Inglaterra. Cuando la actividad dejó de ser rentable, ingresé en un taller mecánico en el que trabajé durante 10 años", menciona.

El negocio propio

Estando en el taller no solo conoció como la palma de la mano la actividad sino que se introdujo en el mundo de los repuestos y advirtió que existían espacios de vacancia para asegurar que aquel que necesitara un repuesto, pudiera tenerlo de inmediato. Fue naciendo en él la aspiración de trabajar por su cuenta y así fue que de la mano de un socio capitalista nació 'La casa del motor', un 8 de agosto de hace 35 años. "Al principio funcionábamos en Avenida y Moreno, después nos mudamos varias veces", refiere y recuerda que en los comienzos él mismo viajaba mucho para vender a los talleres.

Con mucha dedicación su actividad comercial se fue consolidando y creciendo. En un momento llegó a tener viajantes que abarcaban un radio de 400 kilómetros a la redonda de Pergamino. Con el paso de los años, compró la parte a su socio y siguió solo. "En más de 30 años de actividad comercial las pasamos todas", asegura. Y menciona que el negocio atravesó una dura crisis. "Fuimos creciendo y cayendo. En el año 2000 me fundí", señala y comenta que el Plan Canje que se había instaurado durante la gestión de Carlos Menem había tenido un fuerte impacto sobre su actividad. "Nadie necesitaba comprar repuestos porque entregaba su vehículo y le daban un 0 kilómetro que pagaba con muchas facilidades", describe. Y agrega: "No fuimos ajenos a ese contexto y nos caímos".

Recuerda con pesar aquellos momentos complejos: "Fue muy duro, mi esposa estaba embarazada de nuestro hijo menor y tuvimos que remar mucho para salir adelante".

"Viajaba de lunes a viernes porque nos habíamos quedado sin viajante. Tenía que salir yo a vender, y a cobrar lo que pudiera. Había que ponerle el pecho y salir adelante como fuera. Subsistimos porque toda la vida le habíamos cumplido a nuestros clientes", resalta.

Buscando el modo de salir adelante ante la adversidad, no dudó nunca de honrar sus compromisos y de aceptar la ayuda de quien podía tenderle una mano: "Tuve la suerte de juntarme con Adrián Mirad. El necesitaba que alguien le acomodara la parte de repuestos de Tractores Deutz y yo necesitaba trabajar y que alguien me diera una mano. Estuve alrededor de ocho meses con él y fue una alianza virtuosa, los dos nos salvamos. El organizó lo que necesitaba y a mí me sirvió para solucionar mis problemas y saldar las deudas que tenía".

Un buen presente

Superada aquella que fue una gran dificultad para Omar, el presente de la actividad comercial transita por otro sendero. "Nos esforzamos mucho, pero estamos muy consolidados. Todas las experiencias sirven. En la actualidad vendemos para una amplia zona, somos referentes en nuestro rubro, e incluso a través de Internet vendemos para distintas provincias. Somos distribuidores también de tapas de cilindro, algo muy requerido. Nuestros clientes son talleristas, rectificadores y también compradores particulares".

"Hoy tenemos muchas más distribuciones que en aquel momento y estamos más firmes. Solucionamos los problemas financieros y nos consolidamos con el acompañamiento fiel de nuestros clientes y la vocación de trabajo de los que formamos parte de esta empresa", resalta, agradecido. Y cuenta que el lugar en el que funcionan en la actualidad, en calle Paraguay, es fruto de "ese esfuerzo sostenido". "El local es nuestro, lo construimos desde cero en un terreno baldío que compramos y mudamos el negocio, ya para quedarnos acá, después de ocho mudanzas".

Una familia que sostiene

Omar sabe que nada de lo que hizo hubiera sido posible sin el sostén y el apoyo incondicional de su familia. Está casado con Norma Haesler, nacida en Ciervo Petizo, una localidad de Chaco, a 130 kilómetros de Resistencia. "Nos conocimos siendo muy jovencitos, a los 15 años, en un baile acá en Pergamino; estuvimos varios años de novios y a los 23 nos casamos. Estamos juntos desde entonces y es mi compañera de ruta -ya que en todos los viajes de negocios me acompaña- y de vida", menciona. Tienen tres hijos: Ivana Soledad (42), casada con Santiago Fernández y mamá de Agustín (14) y Paulina (10). María Laura (32), estudió Psicología, está casada con Joaquín López y embarazada de un bebé que llegará en febrero. Y Mauro Alberto (23), es soltero y estudiante de la carrera de Cine en Buenos Aires.

"Tenemos una linda familia, las chicas trabajan conmigo en el negocio y el menor está haciendo su carrera en Buenos Aires", señala y cuenta que cuando no está trabajando su mayor placer es "descansar y viajar".

También menciona a los amigos cuando se refiere a sus pilares afectivos. "No sé si son muchos, pero son amigos de verdad", destaca. Y con nombre propio menciona a: Luis Domínguez, Neddie Baquedano, Oscar "Cacho" Fondato, Claudio Weiskoff y 'Lalo' Mac Gann".

La mayoría de sus amistades los cosechó en Maristas y el vínculo se fortaleció en los torneos de fútbol que se disputaban y de los que Omar participó en diversos lugares. "Eran hermosas esas instancias de encuentro e intercambio deportivo. Con el profesor Stachiotti hacíamos calistenia y nos entrenábamos para jugar". Otros se los regaló la vida y todos conforman un aspecto esencial. Hoy los encuentros los reúnen no solo a ellos sino a sus familias.

Hincha de Douglas Haig, River Plate y amante de los viajes y del buen descanso, confiesa: "Si pudiera subirme a un motor home, creo que no me bajaría más".

Sin embargo, los viajes aún quedan destinados a las vacaciones o a esos tiempos de desconexión que resultan tan necesarios. En lo cotidiano, su rutina está asociada al negocio, un lugar en el que ama estar y del que no se imagina lejos por mucho tiempo. "De aquí no me saca nadie", bromea. Aunque reconoce que el hecho de haber podido conformar una sociedad anónima de la que su esposa y sus hijos son parte, da la tranquilidad necesaria de saber que en el futuro alguien más continuará transitando el camino de una actividad comercial que tiene su impronta y que se ha forjado en el sacrificio y el esmero puesto en la tarea. "La continuidad da tranquilidad", resalta, reconociendo que el negocio es parte importante de su vida. "Es lo que siempre quise tener", expresa y destaca: "Esta es la vida que busqué toda la vida".

Vuelve sobre sus comienzos como empleado en un taller mecánico para resaltar: "Puse este negocio sabiendo que alguien que necesitara un repuesto merecía tenerlo con inmediatez. Creo que lo hemos logrado brindando siempre un buen servicio y cumpliendo con cada uno de nuestros clientes".

"Cuando nació el negocio existía Darder y Lozano, si algo no se conseguía ahí, había que recurrir a un comisionista y esperar varios días. Digamos que estando en el taller vi ese renglón que faltaba y con ese socio capitalista con el que me inicié nos fue muy bien y enseguida vimos resultados. Estábamos resolviendo una necesidad de nuestros clientes", relata, este hombre que se define a sí mismo como un luchador que ha adoptado la previsión y la cautela como atributos para llevar adelante la dinámica comercial y la propia vida, sabiendo que la palabra honrada tiene un valor inmenso y es esa llave que abre las puertas de cualquier oportunidad y permite la permanencia.

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