José Manuel González "Pepe" es pergaminense por adopción. Tiene 78 años y nació en Laboulaye, provincia de Córdoba, y creció en Buenos Aires. Hijo único del matrimonio de sus padres Araceli y Ernesto. "Mi papá era español, venido de La Coruña, y mi mamá argentina. El fue empleado de la Municipalidad de Lanús y ella, ama de casa", refiere en el comienzo de la entrevista que se realiza en la intimidad de su hogar. Está acompañado por su esposa Irma Ester Marchiselli "Goyi". Son inseparables, y lo dicen durante la charla. Se miran del modo especial en que lo hacen aquellas parejas que se conocen a la perfección y conservan la complicidad que los hace pares en el tránsito por la vida.
"Fui bautizado en la Catedral de Buenos Aires. Cursé mis estudios primarios en la Escuela N° 8 de Luis Guillón, Partido de Esteban Echeverría. Y jugué al básquet en el Club Vecinal Luis Guillón, en la categoría 'Cebollitas'. Atrás de la iglesia del barrio había un potrero en el que jugábamos al fútbol y por quedarme jugando a la pelota tuve que hacer el catecismo en una semana para poder tomar mi primera comunión. A mis 15 años, nos fuimos a vivir a Lanús y jugué al básquet en Lanús, donde me ficharon y llegué a jugar en Primera", menciona.
"Conservo hermosos recuerdos de mi infancia jugando a las bolitas. Llegué a juntar mil, de colores con dibujos adentro. En esa época se llamaban bolitas japonesas", cuenta, y refiere que, en su adolescencia, la principal atracción era ir a los cines de calle Lavalle. "Nos cruzábamos de sala en sala, bailábamos en el cine y tenían que encender las luces para que nos fuéramos".
Una ciudad que lo abrazó
Llegó a Pergamino el 1° de octubre de 1962. Reconoce que la llegada a Pergamino supuso de su parte cierta adaptación. "Cuando llegamos nos establecimos en el barrio Acevedo, a una cuadra de la cancha de Tráfico's. Después nos mudamos al Centro, en calle Uriburu 59, hoy Florida".
"Como jugaba al basquetbol empecé a practicar en el Club Argentino, enseguida me ficharon y pidieron el pase, pero el club me quedaba lejos de mi casa, y en ese tiempo me daba temor tener que volver solo. Yo no conocía la ciudad. Así que eso me desalentó y dejé de jugar", relata. Y reflexiona: "Hoy hay más peligros que antes, pero en ese momento, sentía miedo. Siempre recuerdo la insistencia del 'Chongo' Araldi para que siguiera jugando, pero no me arrepiento y conservo lindos recuerdos de mi incursión en el deporte".
Cuando su familia se mudó más cerca del Centro, comenzó a frecuentar lugares emblemáticos de ese Pergamino que, destaca, lo abrazó desde el primer día. "Yo trabajaba en un taller de herrería y no siempre me alcanzaba el dinero. Frecuentaba la pizzería 'La Marcelita' que estaba enfrente del Cine Ideal. El dueño me prestaba cinco pesos, y con eso iba al baile del Club Argentino. Ya estaba de novio por entonces", comenta, recordando hermosas épocas de la juventud.
"También iba a cenar a lo del 'Tiburón' González, un bodegón que estaba enfrente de la panadería Amoruso. Nunca comí milanesas con fritas y ensaladas como las que hacían ahí", recuerda.
Su historia laboral
Ya establecido en la ciudad, comenzó a trabajar en un taller metalúrgico, propiedad de unos amigos y así fue escribiendo su historia laboral. Más tarde ingresó a la Cooperativa Eléctrica.
"Fui empleado de Redes, como se llamaba la sección en la que me desempeñaba, y allí aprendí mucho", menciona y agrega que en paralelo con su trabajo, en sociedad con otras cinco personas, armó una empresa dedicada a la realización de montajes eléctricos.
"Con el paso del tiempo renuncié a la Cooperativa y en el año 1981 se disolvió la sociedad, así que me quedé sin empleo", cuenta y reconoce que esa fue una época difícil. "En ese tiempo en que mis hijos eran chicos, mi esposa se puso al hombro el hogar con su trabajo en la costura", destaca.
Cuando logró reinsertarse en el mercado laboral, lo hizo en Amperio, una empresa del rubro de electricidad en la que trabajó 14 años.
Otro capítulo importante de su historia laboral fue su paso por Agricultores Federados Argentinos, un lugar en el que trabajó durante mucho tiempo, abocado a la instalación y control de los tableros de electricidad de las distintas plantas de esa entidad.
La familia, su principal construcción
Mirando a su esposa a los ojos, cuenta que la conoció a través de alguien cercano. "Eramos muy jovencitos, en 1964 nos pusimos de novios y cinco años después nos casamos. Hicimos nuestra fiesta de casamiento para 150 personas en el Club Compañía del que era socio. Hace 59 años que Irma y yo estamos juntos", resalta y afirma que la clave ha sido respetarse siempre, amarse profundamente y vivir sin desacuerdos. "Nunca tuvimos un no, nuestros chicos jamás nos escucharon levantar el tono de voz".
Tienen dos hijos: Gustavo (52), soltero, profesor de Inglés que vive en Buenos Aires y viaja a distintas partes del mundo brindando conferencias; y Mauricio (49), comerciante, fanático de Douglas Haig, divorciado y actualmente en pareja con Romina Abate. Son abuelos de María Pía, de 15 años.
Ya retirado de la actividad laboral, disfruta de su jubilación. Sus días transcurren en la intimidad de su hogar, donde le gusta mirar televisión y escuchar música. "Somos de salir bastante, nos gusta ir a desayunar y disfrutar de la gastronomía que tiene esta ciudad", menciona. Y comenta que siempre fueron de tener una vida social activa. "Durante muchos años fuimos parte de esa generación que iba a las emblemáticas confiterías de la ciudad como La Luna, el Complejo LA OPINION PLAZA y otros tantos lugares que nos gustaba frecuentar. En la noche de Pergamino hicimos muy buenos amigos. Me gustaba ir a jugar al dominó, iba al Club Sirio, también en su momento a Corcho?s", resalta y reconoce que la pandemia cambió los hábitos y muchas de aquellas sanas costumbres. "Igualmente salimos bastante, siempre juntos, la gente nos conoce como 'Goyi y Pepe', donde está uno, está el otro", afirma y destaca que la familia ha sido la principal construcción de ambos.
"La familia de mi esposa me acogió, yo no tenía hermanos, así que sus hermanas, Mirta y Alicia, y sus cuñados, fueron mi familia, lo mismo que sus padres con los que siempre me llevé muy bien. Me abracé a ellos", resalta, agradecido.
"No morir rico"
Afirma que no tiene asignaturas pendientes. "Hemos tenido la posibilidad de viajar, conocemos casi toda la Argentina y parte de Europa. Tuvimos la posibilidad incluso de viajar en crucero, algo que yo ni había imaginado. Fueron experiencias espectaculares. Y en lo cotidiano nos gusta disfrutar de nuestros hijos, de nuestra nieta y pasar tiempo solos o con amigos", sostiene. Y afirma que su consigna para la vida es: "No morir rico".
"No quiero morirme rico, quiero vivir plenamente, como lo hago, dándonos pequeños gustos, ayudando a nuestros hijos y tomando decisiones que vayan en coincidencia con nuestros anhelos", reflexiona sobre el final. Y se define como "una persona que siempre ha tratado de obrar con rectitud".
"Creo que soy una persona sana en todo sentido, derecho, y agradecido a esta ciudad que me abrió las puertas y que a diario me hace sentir, un pergaminense más", concluye. Y sabe que eso sucede como consecuencia de un modo de ser, comprometido con el otro, y tratando siempre de transcurrir la vida por la senda del buen obrar.