martes 21 de abril de 2026
Omar Gorosito

Un agradecido a la ciudad que le abrió las puertas

Llegó de O'Higgins, donde nació, para trabajar en una empresa en la que aprendió a ser herrero. Hoy, y desde hace más de 40 años, se dedica a la herrería de obra y zinguería, una actividad que comparte con su hijo y su nieto. En lo personal debió afrontar una pérdida irreparable, pero fue resiliente y se abrazó a su familia para seguir adelante.

15 de julio de 2023 - 00:00

Omar César Gorosito es oriundo de la localidad de O'Higgins, Partido de Junín, provincia de Buenos Aires. Su infancia y adolescencia transcurrieron en la tranquilidad de ese pueblo apacible y entrañable para él. Allí sus padres, Nicolasa y Heriberto, tenían un hotel. "Había habitaciones que se alquilaban para dormir y se brindaba un servicio de comedor, así que siempre había muchas cosas para hacer, por esa razón empecé a trabajar de chico, cuando tenía 12 años".

"La rutina laboral de mis padres estaba integrada a la vida familiar, porque de hecho el hotel era nuestra casa, una propiedad muy grande, que aún existe, aunque con el deterioro lógico del paso del tiempo, que tenía muchas habitaciones", relata en el comienzo y describe su pueblo: "Nací y crecí en un pueblo rural, buena parte de su economía depende de la actividad del campo, tiene un banco y varios almacenes". También señala que allí hizo la primaria y luego no pudo seguir estudiando porque para ir al secundario tenía que trasladarse hasta la ciudad de Junín.

Fue el hijo menor del matrimonio y con sus hermanos, Ricardo y Marta, se llevaba muchos años de diferencia. Ellos ya no viven, lo mismo que sus padres. En su pueblo natal quedan sobrinos y viejos amigos a los que trata de ver cada vez que vuelve. "Uno de mis sobrinos es el delegado del pueblo, así que lo visitamos cada vez que podemos", refiere.

En el hotel de sus padres conoció a Nelly, su esposa, que es de la localidad de Morse. "Ella era la cocinera del hotel, nos pusimos de novios, nos casamos y conformamos nuestra propia familia".

La llegada a Pergamino

La vida los trajo a Pergamino de la mano de la posibilidad de continuidad laboral de Omar en una empresa que funcionaba en O'Higgins y que había sido comprada por una firma de Pergamino. "Cuando el hotel empezó a decaer, busqué otra alternativa laboral, y fue así que ingresé a trabajar en una fábrica de secadoras y de silos, que se llamaba García Hermanos. Comencé como chofer y trabajé un tiempo. Cuando el dueño falleció, la firma fue comprada por Permatec de Pergamino. Me ofrecieron la continuidad laboral si me establecía aquí".

Comenta que en ese tiempo en O'Higgins los trabajos escaseaban. Las características de ser un pueblo chico limitaban algunas posibilidades; él ya se había casado y había nacido su primer hijo. "Con Nelly lo pensamos, me indemnizaban o nos mudábamos a Pergamino y seguía trabajando en la empresa. No lo dudamos y nos vinimos".

Lo que cuenta sucedió en el año 1972, Pergamino era 'La Perla del Norte' y eso se notaba en su pujanza. "Yo no conocía la ciudad, pero nos recibieron con los brazos abiertos. Aquí comenzamos a transitar nuestra vida y no nos movimos desde entonces", señala.

Cuando se mudaron a la ciudad tenían a su hijo Heriberto Gustavo y aquí nació Javier Omar (46). Al llegar a la ciudad se establecieron en el barrio Centenario, alquilaron una casa y fueron estrechando lazos con una comunidad que los acogió y les brindó oportunidades. "Yo seguí trabajando en la empresa como chofer, pero me gustaba mucho la herrería y soldar, así que trabajando en esa misma firma aprendí el oficio. Estuve siete años y medio en relación de dependencia y di mis primeros pasos como herrero".

Un camino propio

Cuenta que fueron sus amigos los que lo ayudaron y le dieron el aliento necesario para que comenzara a trabajar por su cuenta. "Gracias a la ayuda que me brindaron alquilé un garaje e instalé el primer taller de herrería de obra".

Aunque no los menciona, esas amistades que resultaron incondicionales las forjó a su llegada a la ciudad. "Yo siempre jugué a la pelota paleta, eso me abrió las puertas de muchos lugares, como el Club Social y Banco Provincia. Ahí conocí gente extraordinaria y establecí vínculos de verdadera amistad. Fueron esos amigos, a los que no nombro por no cometer el pecado de olvidarme de algunos, los que me consiguieron los primeros clientes y me ayudaron incondicionalmente para que pudiera consolidarme en mi oficio y trabajar por mi cuenta". "Fueron años muy duros hasta que se armó la clientela y cuando ese garaje en el que funcionaba el taller quedó chico, esos mismos amigos me tendieron una mano para construir el lugar donde hoy funciona el taller, en el corazón del barrio Centenario".

Varios años después de estar instalado ahí, surgió la posibilidad de comprar una casa que se había construido en el terreno lindero y desde que se mudaron en el año 1998, las rutinas del trabajo y de la familia han quedado ensambladas. Antes vivían en un departamento del barrio de la UOM.

Tres generaciones

Consolidado en su oficio, refiere que comenzó haciendo herrería de obra y su fuerte fue y es la zinguería, es decir canaletas, bajadas, pluviales y conductos. "Con el tiempo fue desapareciendo la zinguería, los zingueros viejos fueron dejando y creo que debo ser el único registrado en Pergamino", agrega.

Reconoce que no sabe a ciencia cierta cómo nació su vocación, pero intuye que fue en aquella empresa que le permitió aprender el oficio. "Estando en O'Higgins uno no sabía bien a qué se quería dedicar, había que hacer lo que fuera, la mayoría de las oportunidades de trabajo que se presentaban eran para hacer changas. Cuando llegué a Pergamino el horizonte fue otro, y aquí descubrí mí vocación. Esa empresa en la que trabajé despertó mi amor por la herrería", recalca este hombre que en la actualidad trabaja en su propio taller. Lo hace con su hijo Javier (46) y su nieto Gustavo (22). "Las tres generaciones estamos trabajando juntas. Eso es hermoso. También tengo un empleado y un equipo con el que tercerizo tareas cuando surge algún trabajo en la zona rural".

Un duro golpe

En el año 1992 la vida los golpeó duramente y la muerte les arrebató a su hijo mayor. Sucedió en un accidente de tránsito. "El tenía una motito, iba a trabajar, tuvo un accidente y perdió la vida", relata Omar que confiesa que fue "algo terrible".

"Hasta hoy no lo podemos superar, simplemente uno intenta aislar el dolor y seguir adelante porque hay otro hijo, un nieto y una bisnieta, grandes razones para vivir", abunda. Y prosigue: "Gustavo tenía 20 años cuando murió, fue un dolor tremendo". Cuando relata las instancias de la muerte de su hijo, algo en él se desgarra, en el tono de la voz y en la expresión de la mirada.

Su esposa lo acompaña en la entrevista. Llevan 53 años de casados y ha sido el amor que se tienen el pilar que los ha sostenido en la adversidad. Se miran con profundo respeto y son resilientes. Se quedan con el recuerdo siempre presente de su hijo y se abrazan al resto de los integrantes de una familia unida que se ha fortalecido en el dolor y ha encontrado el modo de seguir adelante. "Javier está casado con Laura, ella trabaja en un estudio contable y es quien lleva la papelería del taller", menciona. Y cuenta que su nieto Gustavo le dio a su primera bisnieta, Ambar de 4 años.

Un apasionado del deporte

Desde que a los 8 años comenzó a jugar a la pelota paleta, el deporte lo acompañó siempre. "La cancha quedaba al lado de mi casa, así que era como el patio, comenzar a pelotear era algo casi natural", refiere. Jugó hasta los 52 años. "A lo largo de los años representé en Pergamino al Club Social e intervine en dos provinciales. Siempre fui de segunda, nunca alterné en el profesionalismo, fui 'del montón', pero me dediqué mucho e hice muchos amigos".

"El deporte me ha dado grandes satisfacciones. Entre ellas el hacer sido distinguido en cuatro oportunidades por el Diario LA OPINION en la terna de pelota paleta. Conservo esos cuatro trofeos como un tesoro", menciona.

El haber realizado una actividad de impacto durante tantos años, le valió una operación de caderas y eso lo obligó a buscar otras alternativas para mantenerse activo. Optó por la bicicleta siguiendo una recomendación médica y fue dejando atrás la pelota paleta y el paddle, deporte con el que salió campeón y subcampeón provincial.

Ordenado en sus hábitos alimentarios y en sus costumbres, con 71 años, hace un tiempo comenzó a practicar danzas folklóricas: "Desde hace cinco años estoy bailando folklore con Hernán Zárate en el 'Espacio Popular El Candil'. Practicamos danzas tradicionales, algo muy lindo. Fue mi primer acercamiento a la danza, aunque el folklore me gustó siempre".

Esa actividad no solo le permite hacer "algo que le gusta mucho", sino que lo acerca a personas con las que ha establecido una relación de afecto. Su esposa lo acompaña a las peñas "Hemos hecho un grupo de amigos maravillosos con los que da gusto compartir", resalta.

Un buen balance

Salvando el hecho trágico e irreparable de haber perdido un hijo, cuando llega el tiempo del balance Omar reconoce que es "positivo". Mira a los ojos a su esposa al momento de hacer esa apreciación y ambos coinciden en afirmar que, con mucho sacrificio, siempre han buscado el modo de seguir adelante. Es la fuerza de su hijo que ya no está, y el amor incondicional del que tienen siempre a su lado lo que se ha transformado en motor para seguir teniendo metas y sueños por cumplir. "Hoy no somos tan ambiciosos ya al momento de soñar, nos contentamos con poder disfrutar de nuestra familia, viajar y recoger el fruto de una siembra que ha sido sostenida", señala Omar. Y vuelve sobre la memoria de su hijo para referir que transitar esa pérdida ha sido realmente doloroso: "Uno no sabe cómo seguir. Nunca se está preparado para perder un hijo. Pero por nuestro otro hijo, que tenía apenas 16 años cuando su hermano murió, es que sacamos fuerza y seguimos adelante, sin olvidarlo nunca".

Sin haber perdido jamás la fe, esa que reconforta y ayuda a sanar, sobre el final de la entrevista se muestra agradecido a la vida. "Siempre le agradezco a Dios por la familia que tengo, por los amigos que me han dado tanto, por mi trabajo y también le agradezco a mis clientes que me han otorgado su confianza. No puedo pedir nada más, lo demás ya está hecho", concluye con la sencillez de aquellas personas que han desarrollado la templanza frente a lo adverso y que se han abrazado a las buenas cosas de la vida, para seguir sin renunciar a la buena esencia.

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