Osvaldo José Pizzano, “Pepino” como se lo conoce, tiene 75 años. Nació en Pergamino, en el barrio Otero, vivió luego en el barrio Centenario y en la actualidad, en cercanías de Francia y 3 de Febrero, donde hace muchos años construyó su hogar.
Está casado con Graciela Inés Fossa (68) y es papá de dos hijos: Román Osvaldo (46) y Juan Ignacio (44). Tiene cuatro nietos: Agustín de 15 y Francisco de 11 de su hijo Román, que está casado con Marina Ragone; y Felipe de 11 y Ramiro de 7 de Juan Ignacio que está casado con Fabiana Mustapich.
Tiene una historia de vida sencilla y parte de su historia está vinculada al deporte por cuanto, a decir de quienes lo conocen, fue uno de los mejores defensores que tuvo el fútbol en la ciudad. Jugador de Tráfico’s Old Boys y de Juventud, integró además la Selección de Pergamino y aunque tuvo la posibilidad de “probarse” en Boca Juniors - el club de sus amores- no pudo tener esa experiencia debido a que una lesión en su rodilla le jugó “una mala pasada”.
En el comienzo de la entrevista que se desarrolla en su casa, habla de sus padres Carmela Signore y Santiago Pizzano, además de sus hermanas: “Coca”, ya fallecida, Tita y Adriana. Cuenta que fue el tercer hijo del matrimonio de sus padres. También menciona a los padres de su esposa -su suegro fue uno de los dueños de Pullman General Belgrano- donde su mujer trabajó durante 40 años.
De su infancia guarda recuerdos lindos, propios de una niñez sencilla. Su papá era albañil y su mamá ama de casa. Amante del fútbol desde siempre, recuerda que cuando tenía 6 años le mandó a pedir una pelota y una camiseta de Boca a Perón y en el relato se ve a sí mismo yendo al kiosco de su barrio un domingo de lluvia a retirar el envío que había dejado el cartero. “Perón me había mandado la pelota, me acuerdo que la fuimos a buscar, saltamos el alambrado de la cancha de Racing y así, lloviendo y todo, estrenamos el fútbol amarillo a cordón como eran antes”.
Fue a la Escuela Nº 77 en el barrio Centenario, donde por entonces vivía con su familia, pero confiesa que el estudio nunca fue su fuerte. A los 14 años comenzó a trabajar en Nasta Hermanos y se jubiló a los 55. “Se distribuían vaqueros, zapatillas, había vendedores y nosotros llevábamos los pedidos con el furgón”, relata, destacando la solidez de su vínculo laboral perdurable en el tiempo.
El fútbol
A la par del trabajo, “Pepe” o “Pepino” fue siguiendo los pasos de su pasión: el fútbol. Ya desde los 6 años había jugado en “Colo Colo” del Club Tráfico’s Old Boys y había tenido la experiencia de participar de los Campeonatos “Evita”. “La cancha donde jugábamos ese certamen estaba en la Usina vieja, ‘la batea’ le decían”, menciona.
En el futbol oficial jugó gran parte de su carrera para el Club Tráfico’s Old Boys, del que se declara hincha, aunque con el corazón dividido porque hasta su retiro luego jugó en el Club Juventud.
“En Tráfico’s fui muy feliz”, refiere y comenta que en varias oportunidades producto de su desempeño deportivo recibió convocatorias para probarse en el Club Boca Juniors. “Dos o tres veces dije que no porque no tenía demasiado estudio e irme me daba miedo; y luego en una oportunidad en la que había aceptado, el día antes de viajar jugando un partido, me lesioné la rodilla y eso me impidió hacer esa experiencia.
“Me jodí la rodilla izquierda en un partido Douglas-Juventud y ya se complicó. Me tuve que operar y no pude ir; seguí jugando, pero con una pierna menos”, señala, aunque hoy a la vuelta de la vida no lo lamenta porque entiende que las cosas suceden del modo en que tienen que ser.
Respecto de su paso por el Club Juventud, señala que “con varios veteranos tuvimos la posibilidad de ganar varios campeonatos”.
Se retiró del fútbol teniendo 30 años, en 1972. Siempre fue marcador central y aunque disfrutó la gloria, nunca dejó de ser el “tipo sencillo” fiel a sus valores.
“Tengo muchos recuerdos de esa época. Esperabas el domingo con entusiasmo para jugar al fútbol. Siempre tengo presente a personas increíbles que conocí en el fútbol, como Carozzo, Colard, los Palermo, Lázzari, entre muchos otros que eran jugadores bárbaros”.
También jugó en la Selección de Pergamino. “Recuerdo siempre un partido contra Tres Arroyos que acá ganamos 5 a 0 y en el encuentro que disputamos allá no podíamos ni agarrar la pelota con la mano, fuimos a penales, me tocó patear el último y convertí, pero en la definición finalmente perdimos”.
Asegura que vivió las épocas de fuerte rivalidad entre Tráfico’s Old Boys y Douglas Haig, pero menciona con orgullo que fue parte de una generación de jugadores que finalizado el partido podían unirse en la confraternidad. “La cancha en ese tiempo estaba de ‘bote a bote’ y en la calle no se hablaba de otra cosa que del partido”, cuenta y con gratitud expresa que el fútbol le dejó muchas enseñanzas además de permitirle contar con medios de subsistencia para cumplir sus metas. “Gracias al fútbol hice mi casa, compré los muebles y progresé. No me puedo quejar”.
Su vida familiar
En otro tramo de la entrevista comenta que conoció a su esposa jugando a carnaval. “Eramos vecinos, chocamos en una esquina que me querían mojar y así la encontré”, señala con una emoción que se le nota en la voz cuando habla de la mujer que lo acompaña en cada momento de su vida. Recuerda que eran muy jóvenes cuando se conocieron y luego de cuatro años de novios se casaron en 1971.
Lo inunda un sentimiento de profunda gratitud cuando refiere que su compañera supo acompañarlo en los buenos tiempos y asistirlo como pocas mujeres pueden hacerlo en las malas. Eso la vuelve un ser incondicional. Se entienden con solo mirarse.
Así fueron armando su familia y con esfuerzo construyendo su hogar: “Compramos el terreno a una familia que vivía cerca, y empezamos a levantar la casa, primero tuvimos una experiencia con Alvear construcciones que al final no resultó y desde ahí en adelante seguí con mi viejo, junto a él construí mi casa y con lo que ganaba del fútbol iba juntando para comprar las cosas que necesitaba, cada año firmaba con el Club por un objetivo; a veces era el techo, otras los muebles”.
Confiesa que vivió con entusiasmo la llegada de los hijos y los acompañó en cada instancia de sus vidas sin marcarles cuáles tenían que ser sus decisiones. “En algún momento creí que podían jugar al fútbol, pero los chicos tomaron otro camino”, afirma.
Hoy disfruta plenamente de los nietos y fueron ellos quienes lo introdujeron en el interés por otros deportes, ya que uno juega al basquetbol, otro practica natación y solo uno de ellos juega al fútbol.
La bicicleta
Sabe que fue uno de los mejores jugadores que dio el fútbol local y acepta el calificativo con humildad y aunque su talento le hubiera permitido desplegarse en cualquier otra tarea cuando dejó de jugar, a su retiro “colgó los botines” y se alejó de las canchas. Eso abrió espacio para la práctica de otro deporte que le apasiona: el ciclismo.
Reconoce que se subió a la bicicleta cuando dejó de jugar a la pelota para “poder seguir comiendo sin engordar”, pero a poco de andar esa actividad se transformó en una pasión. Se inició en las competencias y tuvo un muy buen desempeño en cada carrera que lo tuvo como protagonista. “Me fui a correr a la montaña y acá gané algunas carreras. Conservo los trofeos”, señala en la intimidad del diálogo.
“Un perro me bajó temporalmente de la bicicleta”, añade y relata algunos episodios que comprometieron su salud y lo dejaron sin poder pedalear.
“En enero estaba en el Parque pedaleando y una señora venía con el perro, pasó el pelotón, yo venía detrás, el animal se cruzó y me caí lesionándome los hombros. Al mes y medio me agarró un ACV, me recuperé; y cuando volví a pedalear tuve otro accidente con un perro en el Parque Municipal que me quebró la cadera. La verdad es que no deberían permitir llevar animales sueltos a un espacio donde mucha gente practica deportes. Es un verdadero peligro”.
Otro pasatiempo
Desde hace tiempo, otro de los pasatiempos de Pepe es jugar a las bochas. Lo hace en un bar al que concurre que posee canchas techadas. La cita es a las 14:00. “Siempre jugué en Vicente López y ahora nos juntamos en un lugar que tiene un lindo espacio para jugar, con aire acondicionado y buffet. Los fines de semana hay torneos muy lindos”.
Un hombre sociable
Se define a sí mismo como “amigo de los amigos” y disfruta del tiempo compartido con sus afectos. Apegado a su familia, a su barrio, sabe valorar las pequeñas cosas. De esas se nutre.
“Cada tanto nos juntamos a comer con los compañeros del fútbol, se organizan comidas en San Nicolás o en Santa Teresa a las que voy”, cuenta. También en el ambiente del ciclismo tiene relaciones de amistad que valora. Se define como un hombre “sociable”.
“Me quiere todo el mundo, no tengo problemas con nadie. Con la gente que compartí en el deporte quedamos como hermanos, pudo haber rivalidad dentro de la cancha, pero cuando terminaba el partido, éramos todos amigos y eso se mantiene.
“Hace un tiempo nos íbamos a Luján a visitar a la virgen, éramos un grupo numeroso y siempre llevábamos para hacer el asado. Nos íbamos pedaleando y regresábamos en un colectivo. Durante nueve años compartimos esa experiencia con grandes amigos, conservo las fotos de cada viaje”, comenta y asegura que para descansar le gusta el río y los lugares donde se puede hacer un buen asado debajo de alguna planta. Prefiere los lugares tranquilos, sabe disfrutar de la vida y es feliz viendo crecer a sus nietos. No pide mucho más.
A lo largo de los años ha sabido mantener lazos que conforman su universo y más que ser recordado como uno de los jugadores de fútbol más destacado, prefiere ser considerado como un hombre que no ha tenido problemas con nadie. Esa es su gloria más preciada y lo que atesora hoy que ya está lejos de las canchas de fútbol viviendo a pleno otras cosas que le regala la vida.