Acepta la entrevista para delinear su perfil pergaminense con una cuota de humildad, propia de las personas que no desarrollaron una tarea pública, que simplemente trabajaron casi en el anonimato. Tiene un hablar sencillo y una voz familiar. Responde con simpleza. Cuenta que nació en Chacabuco, donde vivió hasta el 28 de febrero de 1978, el año del Mundial. Hace 38 años que vivo en Pergamino, así que me siento pergaminense. Cuando llegué a esta ciudad estuve sin regresar a Chacabuco durante seis meses, no viajaba mucho porque no se podía y aquí siempre me sentí muy bien recibida, cuenta en el comienzo. La motivación fue a través de una amiga que vivía aquí. Ella me impulsó a venir. Me arriesgué. Yo tenía 22 años. Vine con otra amiga y empecé a armar mi propio camino en esta ciudad, refiere.
Su primer trabajo fue ayudando a la tía de una de sus amigas, una mujer llamada Helen, que hacía sueldos y jornales. Las oficinas funcionaban en la Galería Puey-rredón, ella me fue enseñando cómo hacer trabajos administrativos. Después cuando abrieron una zapatería en calle San Nicolás, que se llamaba El mundo del calzado, buscaban empleadas, me anoté, entré, estuve un tiempo y cuando cerraron volví con Helen y me quedé hasta que comencé a trabajar en una oficina en calle Pinto, antes de llegar a Merced.
Su ingreso a la radio
Un día la señora Elena Mondot le dijo que buscaban una secretaria en la radio, que se presentara. En ese momento era importante para la tarea saber escribir a máquina y Cota sabía hacerlo. Se presentó al día siguiente, entusiasmada por la posibilidad de conseguir ese empleo. La recibió Susana Otone, le tomó los datos, le preguntó qué sabía hacer, lo consultó con Carlos Trincavelli (padre) que en ese momento era el director de la emisora y al día siguiente ya estaba trabajando. Fue un 15 de marzo y para el 1º de noviembre la pusieron efectiva. Pasaron 35 años desde entonces. Así se dio mi llegada a la radio, recuerda y menciona que trabajaba los domingos a la mañana, los sábados a la tarde y durante la semana hacía horario cortado. Mi tarea fue siempre administrativa, atender el teléfono, atender a la gente, tomar avisos comerciales, muchas cosas. Me gustaba mucho mi trabajo. Ahí comenzó mi vida en la radio, relata.
A través de su trabajo conoció a mucha gente que de otro modo no hubiera sido posible. Por medio de la radio, del teléfono, de la dinámica del trabajo cotidiano tuve la posibilidad de conocer a muchas personas, es imposible mencionarlas a todas, pero hay gente con la que he establecido una amistad sin conocerla personalmente.
No menciona a nadie en especial, pero recuerda anécdotas de situaciones cotidianas. Lo curioso es que a muchas personas aprendí a conocerlas por la voz que tienen, con el tiempo uno sabe quién llama.
Cuando comenzó la conducción de la radio estaba a cargo de Carlos Trincavelli (padre) y del señor Montardit. Los recuerda con admiración. Trincavelli era una persona excelente. Siempre me decía: Cuando usted necesite algo, me golpea la puerta y sabe que yo estoy. Y era así, siempre estaba predispuesto a resolver cualquier problema. Con Susana le decíamos Trinca, a veces le expresábamos: Qué lindo está para salir a comer esta noche. El nos miraba, llamaba a su esposa y le avisaba que no lo esperara a cenar porque iba a salir con las chicas de la radio. Tenía esas cosas. Cuando viajaba a Buenos Aires nos traía del Jockey Club las masas finas. Para Pascuas, unos huevos exquisitos. Siempre tenía un detalle de cuidado hacia nosotras.
El señor Montardit subía muy poco a la radio, pero cuando lo hacía siempre tenía muy buen trato.
Después la dirección pasó a manos de Carlitos. Y trabajar con él fue como trabajar con un empleado más, aunque con el respeto que uno le tiene a un jefe.
En la administración Cota compartió la tarea con Susana y en una época llegaron a conformar un equipo de cinco administrativas. Los turnos comenzaron a rotar y luego quedamos Susana y yo, que hemos sido inseparables.
Asegura que la relación con locutores, operadores y empleados de la radio siempre fue como de familia. Es como si fuéramos hermanos. Uno pasa mucho tiempo juntos, trabajamos siempre juntos, señala y menciona las vivencias de haber compartido durante 35 años el mismo espacio de trabajo.
De sus muchos años de labor en la radio, recuerda largas jornadas de transmisiones especiales, acontecimientos que formaron parte de la historia misma de la ciudad. Menciona particularmente uno: la trágica inundación de 1995. Pasamos noches sin dormir, el trabajo fue intenso. Nos íbamos a dormir dos o tres horas y volvíamos, nos quedábamos toda la noche en la radio, que fue un canal de comunicación increíble en esa tragedia. La gente se acercaba a donar medicamentos, ropa, salíamos con los chicos en el móvil a recorrer. Todos hacíamos de todo y el cometido era tender una mano a tantos vecinos que nos necesitaban, incluso varios de nuestros compañeros que se inundaron. Fue muy triste.
El retiro
La decisión de jubilarse tuvo que ver con la necesidad personal de destinar tiempo a los afectos y la convicción de haber cumplido un ciclo.
Toda mi vida estuve dentro de la radio, uno pasa más tiempo con los compañeros de trabajo que con la familia, que yo además la tengo en Chacabuco. A medida que iban naciendo mis sobrinos me daba cuenta que no podía disfrutarlos tanto. Hoy todos están grandes, tienen sus propias familias, me han dado sobrinos nietos y creo que llegó el tiempo de hacer ese pasaje, de dejar el trabajo y abocarme a otras cuestiones de la vida.
No me arrepiento de haber trabajado tanto. Tengo muchos recuerdos de la radio que me los voy a llevar siempre conmigo. Los voy a ir a visitar, me fui de mi rol de trabajo, pero no me jubilé de la vida y la amistad permanece.
Su familia
Desde hace veinte años está en pareja con Omar Rizzo Toti. Vivimos los dos solos y somos familia, expresa con la emoción de haber compartido con este compañero gran parte de su vida. Lo conoció trabajando en la radio. El trabajaba en una empresa de remis con la que Cota viajaba. El trabajaba en Remis Pergamino, yo vivía en calle Laprida, en lo de Digilio a quien le alquilé durante catorce años. Siempre llamaba a esa agencia para que me vinieran a buscar. Un domingo se olvidaron de ir a buscarme, me vine caminando, llegué furiosa, llamé por teléfono y me atendió él que se disculpó de todas las formas que pudo. Después de eso, cada vez que llamaba un remis venía él. Y en los viajes, sin que yo emitiera una palabra, me fue contando su historia. Todo empezó así, me invitó a tomar un café y fuimos armando nuestra relación. Vivimos juntos hace veinte años. Hoy vivimos en el Centro, el se dedica a hacer fletes.
No tuve hijos, él tiene los suyos con los que tengo una hermosa relación, agrega y confiesa que le hubiera gustado ser mamá y siento que hubiera sido una madraza. Siempre digo que Dios no me dio hijos, pero me dio sobrinos, tengo catorce, y varios sobrinos nietos.
Con los hijos de Omar me llevo muy bien. Valeria tiene a Brian, que es mi ahijado, y Nicolás. Lucas vive en Villa Constitución y tiene a Laureano y Loana. Con ellos siempre tuve muy buena relación y también con la mamá de ellos he podido establecer un muy buen vínculo, y somos grandes amigas, cuenta y menciona los momentos compartidos.
Afirma cuál es el lugar en el que le gusta vivir. A su lugar de origen la une la certeza de saber que allí están sus raíces y gran parte de la familia. Voy cada vez que puedo, cuando me quedo me cuesta volver, pero cuando llego a Pergamino siento que este es mi lugar después de tantos años. Mis hermanos vienen a visitarme, y estamos siempre en contacto. Eso acorta las distancias.
A Pergamino la une su presente y lo que la vida le depare en el futuro. No tiene demasiados planes, piensa dedicarse a cuidar su salud y a disfrutar de rutinas sencillas. Aún está conmovida por lo que significó su retiro. El último día de trabajo en la radio me llamó un señor, un oyente que escuchó la nota que me hizo Bravo al aire y se me largó a llorar porque decía que me iba a extrañar, fue muy emocionante.
Con Gustavo Pérez Ruiz y Susana que es como una hermana para mí por todas las cosas que vivimos dentro de la radio, hablábamos de esto, de las relaciones que uno establece sin darse cuenta. Cuando brindé con ellos lloré, porque jubilarme es dejar atrás 35 años de vida. No es fácil, pero llegó el tiempo, concluye, con la mirada atenta a su presente. Descansar, caminar, dedicarme a mi salud y esperar lo que el futuro traiga, sin pensarlo demasiado, porque viene solo.