sábado 04 de abril de 2026

Omar “Toto” Bedini: una vida ligada al Club Argentino

17 de julio de 2016 - 00:00

Es un ferviente defensor de esa institución que ha formado parte de su historia desde que era un niño. Actualmente es cobrador de la entidad. Trabajó desde niño, y junto a su esposa fue construyendo el presente familiar del que disfruta con hijos y nietos. Se complace con ir a la cancha y compartir tiempo con amigos.

O mar Angel “Toto” Bedini es un hombre ligado al Club Argentino desde que era un niño. Hoy tiene 68 años y es cobrador de la cuota social de esa entidad deportiva, lo que lo mantiene en contacto con muchas personas y vinculado a la entidad de sus amores.

Nació en Salto Argentino y llegó a Pergamino teniendo cuatro años cuando sus padres se establecieron en esta ciudad de la que él es parte. Sus costumbres son urbanas, disfruta de la charla con amigos, de la vida en familia y las dinámicas de la vida en el club, la cancha, la gente, las tareas que le gusta realizar y que concibe como un modo de retribuir todo lo que esta institución le ha dado.

Es un hombre agradecido. De apariencia sencilla y sonrisa pícara. Habla de los amigos con la emoción de quien tiene buenos valores. Se emociona cuando el relato lo lleva por los caminos de la familia y del progreso conseguido con trabajo.

Le dicen “Toto” desde que jugaba al fútbol en las divisiones inferiores del Club Argentino. Adoptó ese apodo y se reconoce en él. Asegura que el club es parte misma de su vida. “Siempre dije que quería devolverle al club lo mucho que me dio cuando era joven y eso es lo que hago en la medida de mis posibilidades, aunque a decir verdad, es el club el que sigue brindándome muchas cosas.

“Estoy muy agradecido al Club Argentino, allí crecí y aprendí mucho de lo que sé. Siendo un chico, no tenía agua caliente en mi casa y me bañaba en el club y comía el puchero y el guiso. En ese lugar hice infinidad de amigos”. 

Desde hace 28 años se dedica a cobrar la cuota societaria de esa entidad deportiva, antes había integrado la comisión directiva, en la gestión de Néstor Vives. “Ahora ya no tengo cargos dirigenciales, estoy viejito y alejado, pero siempre me gustó participar de una institución que quiero mucho”, refiere durante la charla que se desarrolla en su casa con su esposa Nélida Margarita Maya como testigo. Están casados desde hace 41 años y pasaron muchos más años de la vida juntos, porque se conocieron siendo niños, luego se encontraron en la juventud, en un baile del Club Argentino, estuvieron siete años de novios y luego contrajeron matrimonio.

Tienen dos hijos: Claudio, casado con Susana Yumarra y Miguel, casado con Daiana Brito. Son abuelos de Joaquín, Delfina y Francesca. “Mis dos hijos viven en Pergamino, el más chico de hecho vive con nosotros, así que estamos siempre acompañados”, refiere y confiesa que disfruta del tiempo en familia. “Mis hijos han crecido, pero yo sigo tratándolos como chicos y preocupándome por las cosas que les pasan”.

 

Trabajar desde niño

De origen italiano, conserva los valores de sus raíces “gringas”. Lo afirma con orgullo y recuerda su infancia, en la casa paterna de España y Ameghino.  El relato lo lleva a compartir vivencias experimentadas con su único hermano: Osvaldo, que vive en Salto. También el recuerdo de la Escuela Nº 17 y el primer trabajo. “A los nueve años fui cadete de la Farmacia Popular y más tarde trabajé en una droguería del mismo dueño, donde estuve durante 40 años. A los 16 tenía la llave de la droguería para abrir y cerrar todos los días. Siempre me tuvieron mucha confianza y mucho de lo que tengo, incluso mi casa, se lo debo a ese patrón que fue muy bueno conmigo y confió mucho en mí.

“Construí mi casa con lo que ganaba en mi trabajo, era una época en la que resultaba fácil crecer trabajando”, refiere.

En forma paralela a la droguería y en su afán de progresar, realizaba la cobranza de Campomar en la ciudad de Arrecifes. “En aquel tiempo éramos novios con mi esposa, viajábamos los sábados y domingos en la moto para realizar la cobranza, cobrábamos por una vereda cada uno; ella preparaba unos sándwiches que comíamos durante el viaje y yo me llenaba los bolsillos de encendedores  ‘Carucita’ para venderlos en la recorrida”, relata y asegura que ese esfuerzo les permitió establecer las bases de lo que fue la vida juntos. “Cuando nos casamos ya teníamos todo. Mi sueldo de la droguería era para la casa, el sueldo de ella como costurera era para ropa, lo que recaudábamos producto de la cobranza nos servía para ir cubriendo otros gastos y lo que ganábamos con la venta de los encendedores lo usábamos para nuestras salidas de fin de semana”.

Cuando dejó de trabajar en la droguería tuvo un minimercado enfrente del Colegio Nacional. Durante doce años se dedicó a esa tarea y cuando las cosas dejaron de funcionar, decidió cerrar las puertas y empezar de nuevo. “Fue una circunstancia difícil y ahora a la distancia sé que por no hacerle caso a mi mujer, y pensar siempre en los amigos y prestar,  me fundí”, reconoce. “En las malas el club me ayudó mucho, el presidente de ese momento me convocó para hacer la cobranza, fue ahí que comencé a dedicarme a lo que hago ahora”.

 

El Club Argentino

Los recuerdos y las vivencias en el Club Argentino se llevan parte de la charla. Fue jugador de las divisiones inferiores hasta que sufrió una fractura que lo alejó de la práctica deportiva. Eso nunca consiguió apartarlo de su pasión. Acompañó a sus hijos a la cancha y sigue yendo.  

“Jugaba de tres, siempre me gustó el fútbol, es mi pasión, soy hincha de Argentino y de Boca Juniors”, señala y reconoce que en torno al Club Argentino le han pasado las cosas más significativas de la vida. “Todo me pasó en el club, junto a mi familia, es mi amor”, confiesa.

Asegura que en esa institución conoció gente, se divirtió y divierte mucho, y descubrió el verdadero valor de la amistad y de los afectos entrañables. “Allí conocí a muy buenos dirigentes, tuve muchos compañeros y siempre recibí lo mejor. Cuando tuve la posibilidad de ocupar cargos directivos lo hice con compromiso y en la actualidad, ya retirado de lo dirigencial, si puedo dar una mano, siempre me tienen a disposición. Me llevo muy bien con la gente del club, con Federico Selak, José Luis Cano, Guillermo Capdevila, Martín Morales, ‘Lucho’ Zuccarelli y con tantos otros con los que comparto muy buenos momentos. Hago la cobranza, voy a la cancha, corto el pasto, me dedico a lo que puedo y me hace muy bien”, agrega, sabiendo que en la medida de sus posibilidades consiguió el objetivo de poder devolverle a esa institución tanto de lo que le dio a él en su formación.

 

De valores aprendidos

“Toto” asegura que tiene buen carácter. Eso se nota en su modo de vivir. Le gusta el contacto con la gente y siempre le gusta estar ocupado para que “la cabeza no funcione a 200 kilómetros por hora”.

Aunque tiene sentido del humor, reconoce que los asaltos que sufrió trabajando en la cobranza le dejaron temores que condicionan su ánimo. Sin embargo, a diario trata de correr esa “tendencia depresiva” para disfrutar de las cosas sencillas de la vida.

Posee valores que aprendió de sus padres. “La mejor enseñanza de la vida me la dio mi padre Angel y mi madre Anunciada, ellos siempre me inculcaron que la honestidad es la esencia de la persona, que lo importante es la familia, los amigos y el club”. Esos valores aprendidos lo sostienen. Recuerda a esos progenitores que le ofrecieron lo mejor. Su papá trabajando de verdulero y su mamá siendo costurera. “El valor del trabajo lo aprendí de ellos”, afirma.

Asimiló esas enseñanzas que se transformaron en su propia manera de sentir la vida. “Tengo muchos amigos, perdí a uno: Luis Cabrera y eso me dejó muy mal. También soy muy amigo de la gente que trabaja conmigo: Liliana, Fidel, ‘Pachu’, Amalia y ‘Patita’ Viale.

“Además tengo amigos en el Bar Enrique, un lugar que frecuento por las mañanas para compartir una mesa con Gerardo, Hugo, Horacio, ‘el Gringo’, Eugenio, Silvio, Ayelén y Marcos. Me gusta charlar con ellos, leer el diario y tomarme un ‘cortadito’.

“También tengo una peña con gente con la que compartí la experiencia de integrar la Liga de Fútbol. Nos reunimos en la casa de cada uno, vamos rotando, y disfrutamos de encontrarnos y compartir recuerdos. Integran ese grupo: Angel, Alfredo, Angel, Miguel, Luis, Juan, Carlitos y también participaba el recientemente fallecido Alberto Monacci”.

Esa costumbre forma parte de su rutina cotidiana. El resto del tiempo lo comparte con su familia y con la gente del club. En este momento de la vida disfruta de rutinas sencillas y se emociona con lo cotidiano, con la presencia de sus hijos y nietos. Disfruta de salir en auto, agarrar la ruta compartiendo unos mates con su esposa y compañera de toda la vida.

“Cuando no estamos paseando, o cuando dejo a mi esposa en casa de mi suegra Margarita, me voy al club. La cancha es un lugar en el que me gusta estar y ahí se me pasa todo. Me pongo a conversar, comemos asados, nos reímos. Lo disfruto mucho. Mi familia me ha acompañado en esa pasión y esa es una dicha”, comenta este hombre que ha recorrido un largo camino y hoy se contenta con lo simple, ahí donde están los valores que perduran.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Te Puede Interesar