Llegamos a Pergamino con mi esposo Agustín René de la Sota hace muchos años, buscando un nuevo destino porque yo ya no quería vivir en Capital Federal, se había muerto mi madre que era todo para mí. Podría haber sido Pergamino, Tierra del Fuego o Malvinas, daba igual, donde fuera porque lo que yo quería era salir de donde estaba viviendo, refiere en el comienzo de la entrevista que se desarrolla en la cocina del cuerpo deliberativo, en la planta alta del Palacio Municipal, donde pasa sus mañanas.
Asegura que proviene de una familia de bases muy humildes que lograron prosperar hasta conseguir una posición acomodada. Su padre era repuestero y tenía un negocio en Warnes.
No abunda en demasiadas referencias a su pasado familiar y sí se concentra en hablar de la familia que armó con su esposo. Es mamá de Cristian de la Sota, que trabaja en el Municipio, en el área de Comunicaciones, en pareja con María Ana del Luján; y Cinthia Noelia, en pareja con Damián y técnica de laboratorio en la Clínica Pergamino. Ambos están en pareja y aún no tienen hijos. Clara confiesa que sueña con ser abuela.
La llegada a Pergamino
Llegó a Pergamino un domingo de septiembre, un día en el que cayeron piedras que causaron grandes destrozos. Se establecieron en una casa rodante en 9 de Julio al 1500 que les prestó Rolando Federico, un amigo de su suegra. Al poco tiempo comenzó a trabajar en Fiorucci, en el área de Control de Calidad. Allí estuvo diez años. Nuestros comienzos en Pergamino fueron muy sacrificados, mi hijo se había quedado en Capital Federal con mi suegra y yo vivía con mi esposo.
Con lo que ahorramos durante los tres meses que vivimos en la casa rodante, pudimos alquilar en el barrio José Hernández. El papá de una compañera de Fiorucci, Mónica Agnescino nos facilitó la firma que nos pedían como garantía. Un sábado de diciembre, después que terminaron las clases, pudimos traer a mi hijo y a mi suegra a vivir con nosotros, relata y comenta que un par de meses después se mudaron al barrio Centenario, en Rivadavia 1725.
Nuestra vida fue así, expresa mientras su memoria rescata los recuerdos de aquellos comienzos. Su marido era mecánico, vino a Pergamino sin empleo, comenzó a trabajar como guardavidas en el Parque Municipal y más tarde trabajó en rectificaciones Gómez, hasta que se jubiló.
Asegura que supieron complementarse y forjarse un futuro. También supieron hacer de su estadía en Pergamino una oportunidad para establecerse. Mi suegra era de Arrecifes y se vino a Pergamino; mi suegro de Junín también se vino para acá, se casaron, se fueron a vivir a Salta y después a Capital Federal. Algo nos unía a Pergamino de algún modo.
A su esposo lo conoció en la esquina de su casa en Buenos Aires. Ella tenía 15 años y él 19 años. A los 21 años se casó y hace 49 que están juntos.
El Concejo
Clara trabaja en el Concejo Deliberante desde hace 23 años. Llegó porque tenía amistad con Marcelo Conti y al acudir para realizar un trámite se atrevió a preguntarle si ella no podía tener un lugar allí. La persona que estaba en el puesto que ella ocuparía se fue y quedó la vacante. Marcelo Conti fue quien hizo las tratativas ante el intendente de entonces: Alcides Sequeiro y la respuesta afirmativa le permitió ingresar como empleada. En aquellos años su hija tenía apenas cinco años, sin embargo el aliento de los amigos y la ayuda para cuidarla no impidieron que pudiera aceptar. Sus jefes eran: Conti, Azpeitía y Fusco.
Su tarea fue siempre la misma: es la encargada de atender a los concejales, servir el café y colaborar en todo lo que necesitan los integrantes de los distintos bloques políticos. Creo que hasta ahora nadie tuvo quejas de mí y me gusta mi trabajo. Todo lo que sé de lo que hago me lo enseñó Gustavo Lagodiuk, refiere.
Es delegada del Sindicato Municipal desde hace doce años. Es peronista, militó en Buenos Aires y también en Pergamino, aunque hace seis años que ya no lo hace.
Otras labores
Estando en Buenos Aires aún, Clara se dedicó a varias actividades, fue peluquera, modista en Creaciones Rubens que confeccionaban prendas para los artistas. Me gusta la ropa fina y el bordado y eso es lo que hacía allí. También fue tejedora a máquina en varios comercios y hasta que se casó trabajó en una fábrica de guantes. Su tarea era plancharlos. Era planchadora de guantes de las mujeres más famosas, cuenta.
La inundación y el incendio
En su historia personal hay dos hechos traumáticos que la condicionaron: uno fue la inundación que le hizo perder todas sus pertenencias; el otro fue el incendio a la Municipalidad que le disparó un cuadro de asma.
Ambos episodios me trataron muy mal. Con la inundación tuve más de dos metros de agua en mi casa y perdí todo lo que tenía, me salvé de casualidad porque mi hijo logró sacarnos. Durante varios días estuvimos durmiendo en el Concejo Deliberante donde nos ayudaron mucho. De a poco fui reponiendo lo que había perdido, pero hubo cosas insalvables, como las fotos familiares que se llevó el agua. Eso me afectó mucho. En ningún momento lloré cuando vi que mi casa estaba tapada por el agua, pero al volver y descubrir que ya no tenía las fotos de mi madre, ni las de mi casamiento, ni las de mis hijos cuando eran chicos, fue devastador porque esa es la historia de uno.
Asegura que muchas personas la ayudaron a rearmarse de esa tragedia. Menciona a algunos como Onilda Castellini, Roque Masello, Peluca Mollo y Rosa Tulio.
Años más tarde le tocó vivenciar otra tragedia: el incendio a la Municipalidad. Ese día me quedó marcado. Fue algo muy terrible e injusto. En lo personal me afectó mucho, psicológicamente y en mi salud porque a partir de allí se me declaró el asma.
Lo único que recuerda es que quería irse porque se ahogaba y no la dejaban porque el fuego no estaba controlado. Recién nos pudimos ir cuando Diego Brigati nos vino a buscar y nos fue sacando uno a uno de la mano. Fue muy triste, no lo voy a olvidar más.
Su presente
Entre las 7:00 y las 13:00, cualquiera que vaya al Concejo Deliberante puede verla por los pasillos. Es eficiente en su tarea y siempre sonríe. Trabajo en un horario fijo, pero también vengo cuando hay sesión o alguna reunión en la que me necesitan. Me gusta mi trabajo y cuando me convocan estoy. Nadie tiene quejas sobre mi persona, siempre estoy dispuesta para todos.
Cuando no trabaja le gusta estar en su casa y destina parte de su tiempo libre a enseñar tejido en el Centro de Jubilados de calle 25 de Mayo. También va a un curso de dibujo técnico en el Centro de Empleados de Comercio
Considera que a su edad la cabeza debe estar ocupada porque de lo contrario las ideas se atrofian.
Sabe que trabajará hasta fin del año que viene cuando se cumplan los 25 de servicio. Ya todos saben que me voy y estoy preparada para ello porque imagino que voy a ser abuela en el futuro y necesitaré tiempo para cuidar y disfrutar de mis nietos, asegura.
No le tiene miedo al retiro porque considera que las personas se preparan para jubilarse. Entiende que no se aburrirá porque su cabeza va a seguir estando ocupada. Cuando la entrevista la interroga sobre sus proyectos, cuenta que ya se inscribió en un plan lanzado por el Gobierno nacional para terminar la escuela secundaria. Lo señala con ilusión y confiesa que siempre fue una inquieta por aprender cosas nuevas. Estudió Inglés desde chica, aunque no recuerda bien el manejo de ese idioma. También se formó en otras competencias, pero terminar la escuela secundaria fue siempre la asignatura pendiente. Siempre me gustó aprender, pero es cierto que cuando me casé dejé todo y me gustó también seguir y acompañar a mi marido dedicándome a mis hijos.
Pergaminense
Se siente pergaminense y trabaja en el lugar de la ciudad que de algún modo más representa esa identidad. Pergamino es una ciudad que me gusta, siempre me trató bien. Es cierto que en Buenos Aires tenía de todo, pero mi mamá había muerto y yo no quería estar más allá. Hoy me siento una pergaminense más. Acá están mis afectos más entrañables y mis amigos, entre ellos, Graciela Tisera, Nélida Coria con sus hijos y nietos, Mabel de Francisco, vecinos, compañeros de trabajo y amigos incondicionales de toda la vida. No tengo problemas con nadie. Soy servicial y creo que me quieren por como soy: una buena persona capaz de estar al lado de cualquiera que me necesite. Una buena persona, concluye y sonríe.