domingo 05 de abril de 2026

Brahin Julio: un emblema de la música coral, a la que dedicó su vida

30 de abril de 2016 - 00:00

Integró el Coro Polifónico, se formó como director y condujo el Coral de Cámara hasta hace algunos días en que dejó esa actividad para atender su vida personal. Es un hombre de la cultura y su historia de vida da testimonio de cómo el esfuerzo rinde el mejor de los frutos: el reconocimiento del público en un aplauso de pie y la mano tendida de la amistad.

B rahin Julio, tiene 79 años y es conocido por su labor como director del Coral de Cámara de Pergamino y por su tarea comprometida con la formación de cantantes. Amante de la poesía, lector de la literatura universal y conversador inteligente. Tiene una mirada crítica del estado actual de la cultura y se siente reconocido por la gente. No tanto por los gestores del hacer cultural. Pero no reniega de eso. Se contenta con haber fundado múltiples agrupaciones corales y haber compartido su arte con notables artistas, muchos de ellos amigos. 

Nació en Intendente Alvear, La Pampa. Allí vivió hasta los 12 años y vuelve a su pueblo cada año para recorrer las calles donde siente que puede considerarse nuevamente “un pibe”. Con su familia se vino a Pergamino, fue al Colegio Nacional y más tarde se estableció en la ciudad de Buenos Aires.

Recuerda con cariño a sus padres y recrea algunas de las vivencias experimentadas con sus hermanos. Eran cuatro, y él fue el mayor de ellos. Tiene los más bellos recuerdos de la escuela primaria en Intendente Alvear y considera que allí aprendió poesía y se nutrió de educación escolar y de un montón de cosas que le sirvieron luego para desarrollar su vida. “Lo único que sirve es lo que perdura”, refiere en una frase que repite varias veces durante la entrevista que se realiza en su casa de calle Azcuénaga en la que vive desde hace muchos años. 

Al llegar a Pergamino vivió con sus abuelos maternos en Rivadavia y Echevarría y considera que siempre fue una persona que supo adaptarse a las diversas circunstancias de la vida. Su primer empleo fue como secretario del doctor Luciano Becerra en el viejo Hospital San José. Y en cada lugar por el que ha pasado dejó “un tendal de amigos”.

 

El banco y la vida familiar

Después de haber hecho el Servicio Militar se fue a trabajar al Nuevo Banco Italiano en Buenos Aires. Funcionaba en Reconquista y Rivadavia y era el único banco privado que había entonces. “Entré porque el primo de mi  novia de entonces, era chofer del jefe de personal y me contactó para que entrara a trabajar allí”. Lo que cuenta refiere a un período de su vida que va desde 1957 a 1967. En aquella época estaba de novio con la que luego se transformó en su esposa: Beatriz Viagrán. Juntos tuvieron a una única hija: María Beatriz Julio, a quien Brahin define como “una excelente hija y excelente actriz”.

Tiene dos nietos: Lara, que es traductora de Inglés y Bernardo que es médico. Y es bisabuelo de Toni, que nació el pasado 16 de enero. Enviudó hace cuatro años. Hoy vive acompañado por sus afectos y convive con sus mascotas: Luna y Cachilo. Bromea con que el carácter doméstico que tienen hace que quien maneje la casa sea Flora, su gata.

Su vida laboral siempre estuvo vinculada a la actividad bancaria. Ya casado se radicó nuevamente en Pergamino y viajaba diariamente a la localidad de Conesa para trabajar en la sucursal del Nuevo Banco Italiano al que lo habían trasladado. Allí comenzó a hacer compatibilizar sus horas de trabajo con la vocación por la música y fue fundador del coro. Cuando abrió el Banco Provincia la entidad en la que él trabajaba cerró. Se fue a trabajar a San Nicolás, hasta que consiguió establecerse en Pergamino, en el Banco de Crédito Argentino, donde fue jefe de división de primera.

 

Un defensor de la cultura  

En su entorno hay recuerdos de una trayectoria cultural muy rica. Pergaminos, plaquetas de reconocimiento, souvenirs de viajes  y fotos conviven en un universo que conserva intacto. Gracias a su compromiso con la música y su labor desinteresada como director del Coral de Cámara de Pergamino, tuvo la suerte de visitar varios países y de representar a la ciudad en distintas ciudades.

Según cuenta hace quince días que dejó la dirección del Coral de Cámara. Lo dice con una emoción que le entrecorta la voz. Admite que fue una decisión difícil de tomar, pero se contenta pensando que todo en la vida tiene un principio y un final. Asume el fin de una etapa que le dio enormes satisfacciones. También que lo transformó en un conocedor del arte que cultivó durante su vida.

Su relación con la música se inició temprano en su pueblo de la provincia de La Pampa donde la señorita Olsina le enseñó a tocar el piano. Cuando se vino a Pergamino continuó con algunos cursos  con Mabel Bruzze y mientras vivió en Buenos Aires dedicó horas de su vida a formarse en un conservatorio que funcionaba por entonces.

 

La música coral

Integró el Coro Polifónico de Pergamino y reconoce su agradecimiento infinito en su relación con el canto y la dirección coral a un pedagogo de la talla de Jorge Luis Vanasco, un pedagogo del Coro Polifónico de Pergamino. “Entré al Coro Polifónico en 1967. En la década del 80 este coro fue considerado por el Diario Clarín como uno de los mejores del país. Allí aprendí a amar la música coral profundamente”, confiesa y reconoce que el canto “a ‘capela’ es el alma del coro”.

Fue integrante de esa agrupación coral hasta 1978. Luego comenzó a dirigir. “En el   1977 y 1978 el Coro estaba dirigido por Vanasco, y recibí de él una valiosa orientación de dirección coral y amor a la música coral, obras corales y polifonía. Fue un pedagogo maravilloso. De esa camada  salimos tres directores de Pergamino: Angel Concilio, Hugo Ramallo y yo”, cuenta en la continuidad de la charla en la que habla de su admiración por los autores y músicos.

“Tuve a mi cargo la dirección del Coral de Cámara desde 1978 hasta hace quince días en que dejé de dirigir”, enfatiza y se permite aceptar que “es ya una etapa de la vida superada”. De manera simultánea al Coral, intervino, fundó y acompañó la actividad de varias agrupaciones corales. 

Se define como un amante de la música coral y refiere que durante todo su recorrido ha promovido la buena música.

Se lamenta del deterioro cultural que observa ha sufrido Pergamino y recuerda con cierta nostalgia los tiempos gloriosos en que el Coral de Cámara, como embajador cultural de la ciudad, recibía distinciones y declaraciones de ciudadanía ilustre en diversas localidades, incluso algunas del exterior como Brasil y Uruguay.

Posee todo tipo de documentos que avala muchas de esas distinciones y se define como un defensor de la cultura y de las raíces de la música coral a la que ama.

“Siempre he tratado de ser un embajador de la cultura, de nuestra cultura. Y a cada una de las ciudades que he visitado con el Coral de Cámara, he llevado libros y cuadros de artistas locales, porque entiendo que esa es una forma de promover la cultura”, acota y exhibe copias amarillentas de resoluciones y agradecimientos por esa entrega desinteresada.

 

Su presente

Lejos de los escenarios, recuperándose de algunas afecciones de salud y dispuesto a seguir recreando los recuerdos que son parte misma de la historia de la ciudad por su riqueza testimonial, Brahin se queda con lo mejor de la experiencia y confiesa haber aprendido mucho del amor del público. “Lo único que sirve es lo que perdura”, insiste.

“Todo lo que he hecho ha sido con amor. Nunca pedí nada. Siempre trabajé ad honorem y logré enormes resultados”, señala y menciona que desde 2000 el Coral ensayó en su casa. “Aquí tenía acondicionado el lugar, no fue fácil, pero encontramos la forma de trabajar aquí”. 

En el mismo comedor en el que se realiza la entrevista, están los elementos que servían a los ensayos. El Coral de Cámara ha sido varias veces reconocido a nivel nacional e internacional y eso lo llena de orgullo. “No fue fácil para mí la decisión de dejar de dirigir, pero tuve que tomarla porque mi salud no está al compás de mis sueños”, confiesa.

Sabe que “algunos achaques” le impiden ir al ritmo de los anhelos y hasta poder recuperarse ha preferido “cerrar etapas”.

“Me conformaré con ser alguien que vive de recuerdos y me prometí no escuchar los DC que grabamos, es algo que quedó en el pasado”, afirma y recuerda cada uno de los logros importantísimos que se lograron producto del esfuerzo y trabajo sostenido.

“Lo que me queda es el aplauso de la gente de pie y la mano tendida de la amistad. Dinero no gané con el coro porque siempre realicé la tarea en forma voluntaria, sin percibir nada por ello. Es más, dejando de dirigir, creo que dejaré de perder dinero”.

Cuando el hilo de la conversación lo lleva a referir cómo se imagina la vida en lo cotidiano sin la responsabilidad de dirigir, reconoce que aún “no ha podido pensarla”. Enseguida comenta: “Dejé de dirigir porque mis sueños no van compatibles con mi salud. Mi sueño sigue siendo seguir haciendo música coral. Tener un muy buen coro, con buenas voces y enseñarles a cantar fue lo más lindo que hice”.

Amigo de los amigos, reconoce saber más de poesía que de música. Lee poemas desde niño. Y cultiva ese placer en lo cotidiano. Se muestra agradecido a todos aquellos que han integrado el Coral de Cámara, por las muchas vivencias compartidas. Refiere que en el contexto de los ensayos, los viajes y las actuaciones se cultivan relaciones sólidas que persisten.

Se reconoce músico, y asegura que no hubo en su familia tradición de música. Sí hubo una enseñanza que le dejó su padre y que conserva y ejercita: ‘Quien más sabe, más vale’.

Sobre el final de la conversación y como casi siempre que se recrea la historia de una vida, las referencias vuelven sobre la infancia. Trae al relato a Julián Julio y Hortensia  Tahuil, sus padres, y se refiere a ellos con orgullo y agradecimiento. Sus enseñanzas fueron las que marcaron huella. Por ellas transitó, hasta encontrar el modo de desplegar su vocación, ligada al arte. Hoy lo siguen los recuerdos y su canción preferida: Vidala Santiagueña, un tema que lo acompaña desde siempre por razones que las palabras no pueden explicar, como sucede con las cosas que de verdad importan y que suelen estar más allá de cualquier definición, como su arte. 

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