Al llegar a Pergamino vivió con sus abuelos maternos en Rivadavia y Echevarría y considera que siempre fue una persona que supo adaptarse a las diversas circunstancias de la vida. Su primer empleo fue como secretario del doctor Luciano Becerra en el viejo Hospital San José. Y en cada lugar por el que ha pasado dejó un tendal de amigos.
El banco y la vida familiar
Después de haber hecho el Servicio Militar se fue a trabajar al Nuevo Banco Italiano en Buenos Aires. Funcionaba en Reconquista y Rivadavia y era el único banco privado que había entonces. Entré porque el primo de mi novia de entonces, era chofer del jefe de personal y me contactó para que entrara a trabajar allí. Lo que cuenta refiere a un período de su vida que va desde 1957 a 1967. En aquella época estaba de novio con la que luego se transformó en su esposa: Beatriz Viagrán. Juntos tuvieron a una única hija: María Beatriz Julio, a quien Brahin define como una excelente hija y excelente actriz.
Tiene dos nietos: Lara, que es traductora de Inglés y Bernardo que es médico. Y es bisabuelo de Toni, que nació el pasado 16 de enero. Enviudó hace cuatro años. Hoy vive acompañado por sus afectos y convive con sus mascotas: Luna y Cachilo. Bromea con que el carácter doméstico que tienen hace que quien maneje la casa sea Flora, su gata.
Su vida laboral siempre estuvo vinculada a la actividad bancaria. Ya casado se radicó nuevamente en Pergamino y viajaba diariamente a la localidad de Conesa para trabajar en la sucursal del Nuevo Banco Italiano al que lo habían trasladado. Allí comenzó a hacer compatibilizar sus horas de trabajo con la vocación por la música y fue fundador del coro. Cuando abrió el Banco Provincia la entidad en la que él trabajaba cerró. Se fue a trabajar a San Nicolás, hasta que consiguió establecerse en Pergamino, en el Banco de Crédito Argentino, donde fue jefe de división de primera.
Un defensor de la cultura
En su entorno hay recuerdos de una trayectoria cultural muy rica. Pergaminos, plaquetas de reconocimiento, souvenirs de viajes y fotos conviven en un universo que conserva intacto. Gracias a su compromiso con la música y su labor desinteresada como director del Coral de Cámara de Pergamino, tuvo la suerte de visitar varios países y de representar a la ciudad en distintas ciudades.
Según cuenta hace quince días que dejó la dirección del Coral de Cámara. Lo dice con una emoción que le entrecorta la voz. Admite que fue una decisión difícil de tomar, pero se contenta pensando que todo en la vida tiene un principio y un final. Asume el fin de una etapa que le dio enormes satisfacciones. También que lo transformó en un conocedor del arte que cultivó durante su vida.
Su relación con la música se inició temprano en su pueblo de la provincia de La Pampa donde la señorita Olsina le enseñó a tocar el piano. Cuando se vino a Pergamino continuó con algunos cursos con Mabel Bruzze y mientras vivió en Buenos Aires dedicó horas de su vida a formarse en un conservatorio que funcionaba por entonces.
La música coral
Integró el Coro Polifónico de Pergamino y reconoce su agradecimiento infinito en su relación con el canto y la dirección coral a un pedagogo de la talla de Jorge Luis Vanasco, un pedagogo del Coro Polifónico de Pergamino. Entré al Coro Polifónico en 1967. En la década del 80 este coro fue considerado por el Diario Clarín como uno de los mejores del país. Allí aprendí a amar la música coral profundamente, confiesa y reconoce que el canto a capela es el alma del coro.
Fue integrante de esa agrupación coral hasta 1978. Luego comenzó a dirigir. En el 1977 y 1978 el Coro estaba dirigido por Vanasco, y recibí de él una valiosa orientación de dirección coral y amor a la música coral, obras corales y polifonía. Fue un pedagogo maravilloso. De esa camada salimos tres directores de Pergamino: Angel Concilio, Hugo Ramallo y yo, cuenta en la continuidad de la charla en la que habla de su admiración por los autores y músicos.
Tuve a mi cargo la dirección del Coral de Cámara desde 1978 hasta hace quince días en que dejé de dirigir, enfatiza y se permite aceptar que es ya una etapa de la vida superada. De manera simultánea al Coral, intervino, fundó y acompañó la actividad de varias agrupaciones corales.
Se define como un amante de la música coral y refiere que durante todo su recorrido ha promovido la buena música.
Se lamenta del deterioro cultural que observa ha sufrido Pergamino y recuerda con cierta nostalgia los tiempos gloriosos en que el Coral de Cámara, como embajador cultural de la ciudad, recibía distinciones y declaraciones de ciudadanía ilustre en diversas localidades, incluso algunas del exterior como Brasil y Uruguay.
Posee todo tipo de documentos que avala muchas de esas distinciones y se define como un defensor de la cultura y de las raíces de la música coral a la que ama.
Siempre he tratado de ser un embajador de la cultura, de nuestra cultura. Y a cada una de las ciudades que he visitado con el Coral de Cámara, he llevado libros y cuadros de artistas locales, porque entiendo que esa es una forma de promover la cultura, acota y exhibe copias amarillentas de resoluciones y agradecimientos por esa entrega desinteresada.
Su presente
Lejos de los escenarios, recuperándose de algunas afecciones de salud y dispuesto a seguir recreando los recuerdos que son parte misma de la historia de la ciudad por su riqueza testimonial, Brahin se queda con lo mejor de la experiencia y confiesa haber aprendido mucho del amor del público. Lo único que sirve es lo que perdura, insiste.
Todo lo que he hecho ha sido con amor. Nunca pedí nada. Siempre trabajé ad honorem y logré enormes resultados, señala y menciona que desde 2000 el Coral ensayó en su casa. Aquí tenía acondicionado el lugar, no fue fácil, pero encontramos la forma de trabajar aquí.
En el mismo comedor en el que se realiza la entrevista, están los elementos que servían a los ensayos. El Coral de Cámara ha sido varias veces reconocido a nivel nacional e internacional y eso lo llena de orgullo. No fue fácil para mí la decisión de dejar de dirigir, pero tuve que tomarla porque mi salud no está al compás de mis sueños, confiesa.
Sabe que algunos achaques le impiden ir al ritmo de los anhelos y hasta poder recuperarse ha preferido cerrar etapas.
Me conformaré con ser alguien que vive de recuerdos y me prometí no escuchar los DC que grabamos, es algo que quedó en el pasado, afirma y recuerda cada uno de los logros importantísimos que se lograron producto del esfuerzo y trabajo sostenido.
Lo que me queda es el aplauso de la gente de pie y la mano tendida de la amistad. Dinero no gané con el coro porque siempre realicé la tarea en forma voluntaria, sin percibir nada por ello. Es más, dejando de dirigir, creo que dejaré de perder dinero.
Cuando el hilo de la conversación lo lleva a referir cómo se imagina la vida en lo cotidiano sin la responsabilidad de dirigir, reconoce que aún no ha podido pensarla. Enseguida comenta: Dejé de dirigir porque mis sueños no van compatibles con mi salud. Mi sueño sigue siendo seguir haciendo música coral. Tener un muy buen coro, con buenas voces y enseñarles a cantar fue lo más lindo que hice.
Amigo de los amigos, reconoce saber más de poesía que de música. Lee poemas desde niño. Y cultiva ese placer en lo cotidiano. Se muestra agradecido a todos aquellos que han integrado el Coral de Cámara, por las muchas vivencias compartidas. Refiere que en el contexto de los ensayos, los viajes y las actuaciones se cultivan relaciones sólidas que persisten.
Se reconoce músico, y asegura que no hubo en su familia tradición de música. Sí hubo una enseñanza que le dejó su padre y que conserva y ejercita: Quien más sabe, más vale.
Sobre el final de la conversación y como casi siempre que se recrea la historia de una vida, las referencias vuelven sobre la infancia. Trae al relato a Julián Julio y Hortensia Tahuil, sus padres, y se refiere a ellos con orgullo y agradecimiento. Sus enseñanzas fueron las que marcaron huella. Por ellas transitó, hasta encontrar el modo de desplegar su vocación, ligada al arte. Hoy lo siguen los recuerdos y su canción preferida: Vidala Santiagueña, un tema que lo acompaña desde siempre por razones que las palabras no pueden explicar, como sucede con las cosas que de verdad importan y que suelen estar más allá de cualquier definición, como su arte.