domingo 05 de abril de 2026

Elsa di Sanzo, una vida transcurrida en su querido pueblo de Guerrico

17 de abril de 2016 - 00:00

Destacada recientemente por el Concejo Deliberante por su compromiso social y su tarea en distintas instituciones, trazó su perfil pergaminense en el que se definió como una mujer agradecida y feliz de compartir su presente con su familia en el lugar que la vio nacer.

E lsa di Sanzo de Di Pego tiene 86 años y su vida transcurre en el mismo pueblo que la vio nacer: Guerrico. Aunque viajó por muchos lugares y trabajó en Pergamino, los hitos de su vida están en ese poblado apacible en el que pasa sus días junto a su compañero: Luis di Pego, que fue su vecino y con el que se casó hace 70 años. Nació en el campo, donde vivían sus padres: Asunta y José. Y creció en una familia numerosa, integrada por varios hermanos: Antonio, Josefa, Hipólito, Angela, Humberto, Blanca y Enerso. El mayor y el menor aún viven. Su infancia estuvo asociada a las rutinas de la vida rural. Hizo hasta tercer grado en la Escuela Nº 20 de Guerrico, una institución a la que siempre estuvo vinculada en el afecto y que la reconoció hace unos años en su carácter de exalumna. “Hice solo hasta tercer grado porque tenía que trabajar en las tareas del campo”, refiere en la charla que se desarrolla en la cocina de su casa, con su esposo como testigo. Cuenta que ordeñaba las vacas, cuidaba los animales y aprendía de sus padres y de las muchas personas que llegaban en las distintas temporadas para juntar maíz.

De un campo a otro, más tarde se estableció en el pueblo. Y a los 16 años se casó con Luis. Ese fue el tiempo de empezar a armar su propia familia. Se habían conocido dos años antes siendo vecinos, y allí se habían enamorado. El tenía 23 años cuando contrajeron matrimonio y durante diez no tuvieron hijos, lo que hizo que pudieran dedicarse a salir a pasear y a disfrutar de la vida en común. Elsa cuenta que les gustaba mucho ir a los bailes de campo o viajar a Pergamino para ir al Cine Monumental o al Ideal. Eran épocas doradas de la ciudad y también de su juventud. Siempre se divirtieron juntos y fueron buenos compañeros. Lo son en la actualidad. Se casaron el 3 de agosto de 1946. Cuando llegaron los hijos, la familia fue haciéndose numerosa. Tuvieron tres: Edgardo, Miriam y Alejandra.  Tiene nueve nietos y seis bisnietos. Una nuera: Rosana Alvarez;  y dos yernos: Fernando Sarmiento y Walter Fernández.

Siempre en familia supo superar algunas adversidades que le puso por delante la vida, como el fallecimiento de uno de sus nietos y algunas dificultades de salud que fueron llegando con los años. Nada le hizo perder el empuje que la caracteriza.

Desde 1952 vive con su esposo en la propiedad donde se realiza la entrevista. Una casa sencilla en una de las calles del pueblo. Allí donde lo que reina es la tranquilidad. Hay plantas y olor a comida casera. Elsa disfruta de amasar la pasta que comparte con los nietos. Su especialidad son los fideos caseros y los ravioles y disfruta de prepararlos. El amor se expresa en esos gestos. Su marido fue albañil y trabajó en el campo. Ella dice que él siempre “hizo de todo” y hoy viven la vejez con serenidad.

 

En la fábrica Annan

Durante diez años Elsa trabajó en Annan de Pergamino. Viajaba todos los días para cumplir con el horario laboral. Lo hizo hasta que nacieron sus hijos. En su tiempo libre cosía para afuera y se dedicaba a realizar trámites para sus vecinos cada vez que venía a la ciudad. Siempre tuvo vocación de servicio y encontró el modo de ayudar a otros en lo que estuviera a su alcance.

En Annan fue planchadora de camisas y asegura que le gustaba su trabajo. Tiene muchos recuerdos de la fábrica. “Eramos muchas chicas las que viajábamos todos los días, tengo muchas vivencias, siempre me llevé muy bien con todos. Nuestra tarea era por producción, yo tenía que planchar 25 camisas por hora. Superaba ese promedio, tal vez porque había adquirido una técnica”, refiere y comenta que gracias a ese trabajo y a lo que significaba para la ciudad Annan de Pergamino, tuvo la posibilidad de conocer a muchas personas famosas que pasaban por allí, varios corredores de autos de la época. También a Jorge Porcel y a Marrone, entre los que recuerda. “Muchos pasaban por allí, le he planchado camisas a Porcel”, señala y confiesa que aunque debido a un problema físico logró jubilarse por invalidez a temprana edad,  extrañó trabajar. “De vez en cuando me cruzo con gente que trabajó en Annan y de hecho cuando don Alfredo cumplió 90 años nos invitaron a una cena que me permitió reencontrarme con gente de aquella época, fue algo muy lindo.

“Estoy muy contenta de haber trabajado allí. No es lo mismo tener tu plata que no tenerla, son muchos los beneficios que da el tener un trabajo estable”, afirma.

Igualmente cuando dejó la fábrica siguió en actividad. Siempre le gustó manejar su independencia y encontró el modo de estar “entretenida”.

“Siempre me gustó ayudar, así que cuando dejé la fábrica me dediqué a realizar trámites de vecinos de Guerrico y de la zona a Pergamino. Iba a la Municipalidad, traía alimentos para la gente que lo necesitaba. Siempre tuve vocación de servicio y pienso que ante la necesidad de alguien, uno no puede quedarse”.

 

Peluquera y modista

En su casa también tuvo peluquería. Había aprendido el oficio en Collado, cuando trabajaba en Annan. También fue modista, hacía trajes de novia y de quince años. Llegaban de la zona pidiendo la confección de esas prendas. Conserva lindos recuerdos de esa época. También el vestido del cumpleaños de 15 de su hija Miriam, que muestra con orgullo. Había aprendido corte y confección en el pueblo, con una señora de apellido Guerra. “Yo había aprendido otro sistema de corte en el campo, pero el que aprendí en el pueblo me sirvió más”.

Confiesa que le gustaba confeccionar trajes de novia, y refiere que fue una tarea que no le supuso más dificultad que otras prendas. La clave: tomar bien las medidas y preparar bien los moldes. “Me gustaba hacer vestidos y mis clientas llegaban no solo de Guerrico, sino de San Nicolás, Acevedo y Conesa”, cuenta. Dejó porque en un momento se volvió difícil cobrar el trabajo y prefirió dedicarse solo a confeccionar las prendas para los suyos.

 

Reconocida

Recientemente Elsa fue reconocida por el Concejo Deliberante entre las mujeres destacadas del Partido de Pergamino. Confiesa en la conversación que vivió esa distinción como un “mimo”. Se enteró de que iban a reconocerla a través del concejal Luis María Migliaro y agradeció el gesto con emoción. “Fue algo muy emotivo. Un momento de mucha emoción”.

A lo largo de su vida no fue el primer reconocimiento que obtuvo. Por su participación en la Asociación Toscana de Pergamino recibió varias menciones. “Yo vendía revistas y cobraba para la Asociación, y un día desde Basilicata me dieron un reconocimiento como representante de los toscanos. Esa ceremonia se hizo en Bellas Artes”, recuerda. Lleva en el cuello una cadena con una medalla de la Asociación Toscana con sus iniciales. “Este también fue un regalo que me hicieron por mi colaboración en esa entidad”, señala.

También la Escuela Nº 20 la agasajó como exalumna. “La verdad es que siempre me he sentido muy querida y eso es lo importante”.

En el presente sigue colaborando con la Asociación Toscana de Pergamino. Debido a que sus limitaciones físicas le impiden andar todo lo que le gustaría, hace las gestiones por teléfono para que los socios abonen su cuota. “Es una tarea que me distrae, les cobro los recibos por teléfono. Viene gente de todos lados y eso me tiene entretenida”, refiere. 

 

Viajera

Dueña de un espíritu emprendedor, Elsa se define como una persona a la que le ha gustado y le gusta la vida. “A mí me gusta vivir y he tenido la suerte de viajar mucho, de conocer distintos lugares. También de tener una familia que me acompaña en mis proyectos y muchos amigos”.

Descendiente de toscanos, tuvo la fortuna de viajar a Italia en dos oportunidades. “Mi mamá era toscana, se vino cuando tenía ocho  años. Mi papá llegó de un pueblo cercano a Nápoles a los 14. Y nuestro primer viaje a Italia lo hicimos en 2000 para ver el pueblo en el que había vivido mi papá. Fuimos con mi esposo y mi hijo, con una familia amiga. Conseguimos hasta la partida de nacimiento de mi padre y conocimos la Iglesia en la que había sido bautizado. Recuerdo que paramos en un hotel al lado del mar, fue un viaje que disfruté mucho”. 

Hace siete años volvió a viajar. Esta vez gracias a la Asociación Toscana de Pergamino, que le pagó el pasaje y la estadía. “Fui con una señora de Pergamino y una prima mía de Rosario, estuvimos 21 días”.

Asegura que en los viajes uno no solo conoce lugares, sino que toma contacto con otras costumbres. “Yo he tenido la suerte de viajar mucho. Hoy ya no puedo porque estamos grandes”, dice. Igualmente se queda con lo vivido y no siente el transcurso del tiempo como una limitación. Comparte su presente con los suyos y disfruta de las rutinas sencillas como cocinar, tejer, jugar a las cartas y haber aprendido a manejar la computadora.

Sobre el final de la entrevista mira a su esposo, con la complicidad que da una vida compartida. “La vida nos tuvo siempre juntos”, concluye, con gratitud y sin asignaturas pendientes.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
Oscar Pissano recibió a LA OPINION en su estudio contable.

Las Más Leídas

Te Puede Interesar