En las afueras de San Salvador de Jujuy, donde la vegetación se impone, un prestigioso estudio ensaya una arquitectura que busca coexistir armónicamente con el paisaje. La Casa entre árboles se posa sobre el terreno a la vez que se amalgama con él.
Este gesto es, ante todo, una renuncia al desmonte, a la tabula rasa y una apuesta por el claro del bosque como oportunidad proyectual espacial y poética.
El estudio fundado en 2011 por los arquitectos Gabriela Medina Mesón y Martín Mas concibió este proyecto bajo dos condicionantes que marcaron su impronta.
Los clientes necesitaban una vivienda en un plazo muy acotado. Y sumaron una premisa innegociable: preservar cada árbol existente en el terreno y respetar los criterios de sustentabilidad en el diseño y la construcción.
La respuesta del estudio fue optar por un sistema constructivo en seco, steel framing, que permitió reducir tiempos, minimizar el impacto en obra y trabajar con precisión alrededor de la arboleda.
Gracias a esta decisión técnica y a una coordinación de obra rigurosa, la casa pudo completarse en apenas seis meses, cumpliendo con los requerimientos del comitente: rapidez, preservación del paisaje y compromiso ambiental.
En busca de las mejores orientaciones
La implantación de la vivienda en forma de L respondió tanto a la necesidad de privacidad frente al vecino inmediato como a la optimización de la orientación.
Los servicios se ubicaron al sur, mientras que los espacios principales se abrieron al norte, capturando luz natural, las vistas y el microclima del jardín. El resultado fue una composición de dos volúmenes perpendiculares que se materializan entre los árboles, sin tocarlos.
El primero, paralelo a la calle, contiene el área social (estar, comedor, cocina y lavadero) y se presenta como un prisma transparente que se disuelve en el paisaje. Las carpinterías de piso a techo permiten una continuidad visual que desdibuja los límites entre interior y exterior.
El segundo volumen, más introspectivo, alberga el sector privado: escritorio, dormitorios, baños y suite. Aquí, la arquitectura se vuelve más contenida. La fachada sur se cierra como muro protector, mientras que la norte se abre generosamente al entorno, generando una experiencia doméstica que alterna entre apertura y resguardo.
El punto de articulación entre ambos bloques es un acceso en doble altura, atravesado por árboles preexistentes. Este espacio vertical y luminoso funciona como núcleo de la casa, delimitado por patios cuidadosamente enmarcados por la arquitectura.
Materialidad que se integra al paisaje
La materialidad refuerza esta condición con un revestimiento de madera natural, en contraste con la transparencia del volumen social. De esta manera la casa se integra al paisaje y lo preserva.
El sistema constructivo fue clave para cumplir con los plazos y las exigencias ambientales. Su carácter industrializado permitió reducir significativamente los tiempos de obra, minimizar residuos y ejecutar con precisión la estructura alrededor de los árboles.
La sustentabilidad se abordó desde una doble perspectiva: pasiva, mediante la orientación optimizada, la ventilación cruzada y el aprovechamiento de la sombra natural; y activa, con la incorporación de paneles solares fotovoltaicos que reducen la demanda energética. Estas decisiones forman parte de una ética proyectual que entiende la sustentabilidad como principio rector del diseño.
El proyecto sintetiza la capacidad de los arquitectos para responder a condicionantes técnicos, temporales y ambientales. La urgencia de los plazos se resolvió mediante un sistema constructivo eficiente; la preservación del paisaje se convirtió en motor proyectual; y la sustentabilidad se integró como eje rector.
El resultado es una vivienda que trasciende los requerimientos programáticos, y que propone una forma de habitar consciente, en diálogo permanente con el entorno natural.
Casa entre árboles se inscribe en esa genealogía de una arquitectura sensible, contemporánea y profundamente enraizada en el paisaje del Norte Argentino. Es, en definitiva, una arquitectura que escucha su entorno. MedinaMas/Arq deja que el proyecto se guíe por los árboles para encontrar su forma, su ritmo, y su escala.
Fuente: Clarín.
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