Este 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, una enfermedad que afecta a más de 4 millones de personas en la Argentina, aunque muchos no lo saben. Su prevalencia aumentó más del 50% en las últimas décadas y las proyecciones muestran que seguirá creciendo si no se refuerzan la prevención y los controles.
El sedentarismo, el sobrepeso y la mala alimentación impulsan una epidemia silenciosa que puede prevenirse. Con hábitos saludables, detección temprana y control médico es posible evitar las complicaciones que genera.
La diabetes es una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre por alteraciones en la acción o producción de insulina. Existen tres tipos principales: la tipo 1 (suele aparecer en etapas tempranas), la tipo 2 (la más común, vinculada al estilo de vida) y la gestacional (durante el embarazo).
“En el país se estima que más de 4 millones de personas conviven con esta enfermedad, la mayoría con diabetes tipo 2. Lo preocupante es que 4 de cada 10 no saben que la tienen”, señala el doctor Hugo Sanabria, jefe del Programa de Prevención Cardiovascular del ICBA Instituto Cardiovascular.
A nivel mundial, la enfermedad afecta a más de 830 millones de personas, según la OMS. “El estilo de vida es el factor clave. Hasta un tercio de los casos podría evitarse con hábitos saludables”, agrega el especialista.
La diabetes suele avanzar sin síntomas evidentes. Por eso, los chequeos periódicos son esenciales para detectarla a tiempo. “El diagnóstico muchas veces llega tras complicaciones como un infarto, un ACV o daño renal. En casos severos pueden aparecer señales como sed excesiva, orinar con frecuencia, visión borrosa o heridas que tardan en cicatrizar”, explica Sanabria.
Como medidas preventivas recomienda una alimentación equilibrada, reducir azúcares simples, realizar al menos 150 minutos de actividad física por semana, mantener un peso adecuado y realizar controles anuales para detectar prediabetes, una etapa reversible.
La diabetes multiplica entre dos y cuatro veces el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. “El exceso de glucosa daña las arterias y el músculo cardíaco. Por eso, los tratamientos deben enfocarse también en controlar la presión, el colesterol y el peso”, advierte el especialista.
En los últimos años aparecieron medicamentos innovadores que no solo reducen la glucemia, sino también el riesgo de infarto, ACV, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal. Además, la tecnología cambió el manejo de los pacientes que usan insulina: los sensores de glucosa y los infusores inteligentes permiten un control más preciso y una mejor calidad de vida.
“Hoy el objetivo no es solo bajar el azúcar, sino proteger el corazón, los riñones y mejorar la salud integral de las personas con diabetes”, enfatiza Sanabria.
Detectar la enfermedad a tiempo marca la diferencia entre vivir con o sin complicaciones. Muchas personas transitan durante años con niveles altos de glucosa sin saberlo, lo que provoca daños silenciosos en órganos vitales como el corazón, los riñones y los ojos.
La detección temprana y el tratamiento integral desde el inicio reducen el riesgo de complicaciones a largo plazo. Con un simple análisis de sangre anual puede diagnosticarse precozmente y actuar antes de que aparezcan consecuencias graves.
“La prediabetes no significa que la enfermedad sea inevitable. Es una señal de alerta que invita a cambiar hábitos: alimentarse mejor, moverse más, reducir azúcares y manejar el estrés. Con pequeños cambios sostenidos, se puede revertir el curso y evitar complicaciones futuras”, concluye el doctor Sanabria. (Con información de DIB)