martes 25 de noviembre de 2025

Ramón Gorosito: el camino que lo transformó en referente en la nutrición animal

Veterinario y defensor del mérito, hizo de su recorrido un espacio para cosechar saberes que compartió con generosidad. Es un especialista en su expertise.

14 de septiembre de 2025 - 07:18

Ramón Gorosito nació en Pergamino hace 68 años. Hijo de Horacio Teodoro Gorosito, abogado; y Nady Delfa César, ama de casa y profesora de piano, habla de ellos con profunda gratitud en el comienzo de la entrevista en la que traza su Perfil. Encuentra en la memoria de sus padres un claro ejemplo de honestidad, trabajo y amor a la familia. Lo destaca con anécdotas que rescatan el modo en que vivió su infancia y adolescencia, junto a sus hermanos. “Fuimos cuatro, Mila, mi hermana mayor falleció tempranamente a sus 28 años a causa de una enfermedad muy cruel. Horacio Enrique tiene 71 años y Cecilia, 62, ambos son abogados, y viven en Buenos Aires”, cuenta.

Hasta sus 10 años vivió en calle Alberti 441 y luego su familia se mudó al Cruce de Caminos, en lo que hoy es el barrio La Amalia. “En esa época era prácticamente campo, estábamos a una cuadra del viejo Club Provincial, frente al predio donde se hacía la Fiesta Nacional del Maíz”.

Al evocar vivencias de ese tiempo, relata que andaba en bicicleta en esos enormes descampados que había en el barrio y también refiere que los sábados a la tarde tomaba clases de piano con Carmelino, un profesor muy famoso.

Una formación para la vida

Hizo sus estudios primarios y parte del secundario en el Colegio San José de los Hermanos Maristas. “Junto a mis amigos Marcelo Godoy, Julio Godoy, Julio Ramella, Jhonito Kehoe y un par más, nos pasamos al Colegio Nacional donde hicimos los últimos años del secundario”, comenta.

Guarda “gratísimos recuerdos de los hermanos Maristas” y asegura que fueron excelentes maestros”. Menciona a los hermanos Angel, Julio y John y considera: “Forjaron en mí no solo el sentir religioso, sino también el sentido de la dedicación y el esfuerzo en el estudio, algo que trasladé al resto de mi vida universitaria y profesional”.

“Esos años en el Colegio Maristas hicieron que me transformara en alguien muy competitivo conmigo mismo, nunca con los demás”, recalca y reconoce que siempre buscó obtener las mejores notas y figurar en el cuadro de honor mensual que aparecía en la pizarra en el pasillo central el colegio, no solo como una satisfacción personal sino como un modo de brindarles una alegría a sus padres que con esfuerzo pagaban sus estudios. “Nunca fui primero, aparecía segundo, tercero o cuarto, pero me provocaba una inmensa alegría llevar a casa el premio que te daban los hermanos, generalmente una imagen relacionada con la formación religiosa”.

La veterinaria, su vocación

Desde siempre tuvo inclinación por las ciencias biológicas. “De chico iba al campo del ‘Baby’ Kehoe en Guerrico. Allí aprendí a andar a caballo y descubrí mi amor por lo campero. Veía llegar al veterinario con su guardapolvo blanco y me interesaba por lo que hacía”, relata.

Reconoce que le hubiera gustado ser médico, pero admite que no soporta el dolor y el sufrimiento humano. “Elegí veterinaria, sabiendo desde el comienzo que me iba a dedicar a trabajar en el campo”. Su anhelo de niño, de imaginarse adulto disfrutando de amaneceres y atardeceres en la serenidad del campo, se vio realizada. Al día de hoy disfruta de la soledad de la ruta en viajes incansables y de la salida y puesta de sol de cada lugar que visita.

Ingresó a la Facultad de Veterinaria de La Plata. Se graduó a los cinco años con los mejores promedios de su promoción. Esto le valió que la Facultad le otorgara una beca para hacer un Master en Nutrición Animal en la Universidad de Cornell en Estados Unidos.

La experiencia en el exterior

Teniendo 24 años se casó con Marideé Luna, ingeniera agrónoma. Juntos viajaron a Estados Unidos para continuar su formación. “Salimos en pleno verano de Buenos Aires, con 40 grados de calor y llegamos a Cornell de noche, con dos metros de nieve y 20 grados bajo cero de temperatura”, relata. Y abunda: “Corría el año 1981, no existían los teléfonos celulares ni la conectividad. Estábamos en un país que no conocíamos, con un idioma nuevo y sabiendo que no era tan sencillo regresar”.

“Para enterarnos lo que sucedía aquí, teníamos que ir a la biblioteca, donde cada quince días recibían una edición internacional del diario La Nación. Hasta hablar por teléfono era muy costoso, así que con nuestras familias nos comunicábamos por carta”, relata Ramón.

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Embed - Diario LA OPINION on Instagram: "La dedicación, el esfuerzo y la pasión marcaron desde chico el camino de Ramón Gorosito, veterinario pergaminense de 68 años que se convirtió en pionero de la nutrición animal en Argentina. Estudió en La Plata, se perfeccionó en la Universidad de Cornell (EE.UU.) y regresó al país para compartir conocimientos y abrir camino en un área que casi no existía. Asesoró a tambos, feedlots y productores en todo el país y en el exterior, impulsando prácticas innovadoras como el uso del silo de maíz. De perfil bajo y defensor de la meritocracia, forjó su vida profesional inspirado en los valores de honestidad, trabajo y amor familiar heredados de sus padres. Hoy, lejos de jubilarse, sigue recorriendo kilómetros con la misma pasión que lo acompañó siempre: la nutrición animal. Lee la nota completa en www.laopinionline.ar #Pergamino #Perfil #NutriciónAnimal #HistoriasQueInspiran"

Una enorme recompensa

El esfuerzo que puso en su formación rindió frutos. En Cornell tuvo la suerte de trabajar como padrino de tesis con el doctor Peter Van Soest, una eminencia de la nutrición, inventor del sistema de análisis de alimentos que hoy se usa en todo el mundo. “Tuve el honor de que mi trabajo final e investigación fuera publicado en su libro, que hoy está presente en las bibliotecas del mundo”, destaca, conservando un ejemplar de esa obra.

El regreso al país

Ya con su título de Master Of Science, tomaron la decisión de regresar al país. Se instalaron en Buenos Aires, donde Ramón comenzó a trabajar como profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Al poco tiempo fundó el Estudio de Nutrición Animal de Rumiantes, con el doctor Mario Ledesma Arocena, Juan Escriña y Tomás Comaleras. “Llegamos a trabajar muchísimo, no porque fuéramos profesionalmente buenos, sino porque éramos los únicos”, expresa con una sonrisa. Y recuerda: “En ese entonces, la especialidad de Nutrición prácticamente no existía y estaba limitada a las cabañas y a algunos pocos productores de punta”.

“Los novillos no conocían un grano de maíz ni por fotos”, admite y destaca que llegaron a conformar un equipo de más de quince ingenieros agrónomos y veterinarios dedicados al asesoramiento en Nutrición Animal. Teníamos un laboratorio de análisis de alimentos, una revista propia ‘Nutrición Animal Aplicada’, un departamento económico y administración de campos”.

Su familia y el regreso a Pergamino

Estando en Buenos Aires nacieron sus tres hijos. Y fue la búsqueda de “calidad de vida familiar” lo que determinó que en el año 1989 decidieran establecerse nuevamente en Pergamino. “Tenemos tres hijos: Ramón (39) casado con Ana Inés Apesteguía, padres de Bautista y Clara. Agustín (37) en pareja con Nacha Sanmartino; y Josefina (35) casada con Silvestre Galeazzi, padres de Santos, Salvador, Azucena, Indalecio y Nieves”, comenta abriendo las puertas de su universo más íntimo.

“Al principio yo seguí viajando a Buenos Aires todos los lunes. Regresaba por las noches y de martes a viernes estaba recorriendo campos por todo el país. Luego instalé mi propio estudio en Pergamino, para viajar menos”, describe. Hasta hace poco hacía entre 80 mil y 90 mil kilómetros por año, de martes a viernes de cada semana.

“Producto de mi trabajo, muchas veces he estado lejos y en lo afectivo me he perdido cosas importantes”, reconoce y agrega: “Hoy con los nietos hago todas aquellas cosas que no hice con mis hijos”, confiesa.

Un largo camino

“He trabajado en casi todas las provincias del país desde Salta hasta Ushuaia. Desde Mendoza a Entre Ríos, asesorando en la alimentación de tambos, campos de cría, de invernada, feedlots y cabañas. He asesorado a todo tipo de clientes, desde ‘Las Taperitas’, que en su momento era el tambo más grande de Sudamérica con 10.000 vacas en ordeñe, hasta tambos de productores de carne con 50 o 100 cabezas”, describe y considera que esa fue, quizás, su mejor carta de presentación: tratar de dar el mejor servicio a todo tipo de productores. “Trabajé con australianos y holandeses en grandes campos del país, y con pequeños chacareros en Guerrico”, agrega este profesional que durante muchos años trabajó en el Mato Grosso en Brasil, en Paraguay y Uruguay.

“También he dado charlas técnicas y conferencias, así como también cursos de nutrición animal en todo el país. He asesorado a quince grupos CREA, cooperativas lecheras, y empresas como Parmalat, Elanco, Roche, Hoescht, Cargill, Pannar, Nidera, entre otras. He escrito para medios como Clarín Rural, Revista Angus, Infotambo, revistas Crea, Informe Ganadero, Márgenes Agropecuarios, Supercampo, entre otras, y he publicado en el exterior en el Journal of Dairy Science”, cuenta en un inventario exento de cualquier tipo de grandilocuencia.

De perfil bajo para el hacer, lo gratifica el haber podido volcar sus conocimientos y transformarlos en herramientas: “Hace cuarenta años cuando mi especialidad casi no existía, llegaba a un lugar y convocaban al veterinario del pueblo, al ingeniero y a los vecinos. Y a mí, que me apasionaba la docencia, no solo me sentía bienvenido, sino que disfrutaba poder compartir conocimientos”.

Un pionero

“Junto con Mario Ledesma fuimos los pioneros en el uso del silo de maíz en los tambos en Argentina”, comenta y recuerda que al principio fueron muy criticados por cuanto en los años 80 se decía que la producción de leche siempre sería pastoril. “Hoy el 95 por ciento de los tambos usan silo de maíz”.

“Fui el impulsor del uso de silo de maíz en la invernada hace 30 años; como así también del ensilado de soja y de cereales de invierno. Impulsé también hace más de tres décadas la recría a corral en feedlots y el uso del maíz grano entero en dietas de engorde; y en 1988 armé los primeros feedlots del país”, abunda. “Hoy veo con satisfacción plena que muchas de las propuestas que parecían disparatadas en su momento, están en pleno auge en el país”, expresa.

Aunque hoy ha disminuido la cantidad de kilómetros que recorre, mantiene intacta su pasión y sigue asesorando a tambos y feedlots de todo el país, entre ellos a una empresa muy grande de Formosa. “Acá cerquita nomas”, bromea, gratificado por la confianza que depositan en él cada uno de sus clientes.

Pero su recorrido en la profesión va mucho más allá de los kilómetros hechos en distintas geografías. Defensor de la meritocracia, ha sabido hacer de su nombre una identidad que honra los valores aprendidos de sus padres, y transmitidos a sus hijos, como legado.

Otros planes

Asume que su presente está lejos de aquellas cosas que alguna vez fantaseó estar haciendo a los 68 años. “Pensaba que iba a estar jubilado, sin trabajar, disfrutando en una pequeña casa que tenemos en el sur, haciendo esquí en invierno y pesca con mosca en verano, mis dos pasiones deportivas. Pero estoy acá, sintiendo que me faltan horas del día para seguir con mi otra gran pasión: la nutrición animal de rumiantes”, afirma. Y cuando lo dice, conmovido por lo que el espejo de la vida le muestra al ver en retrospectiva, asume que quizás sea cierta la frase que alguna vez alguien le dijo y no olvidó jamás: “Si querés que Dios se ría, contale tus planes”.

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