viernes 12 de junio de 2026

Las expectativas de vivir más años

4 de enero de 2024 - 00:00

La esperanza de vida al nacer ha aumentado en las últimas décadas en todo el mundo. La edad promedio alcanzada pasó de 46 años en 1950 a 73 años en 2023.

Si bien la pandemia de Covid-19 provocó una sensible caída de este indicador en muchas regiones del planeta, se estima que en 2050 superará la barrera de los 77 años en la mayoría de los países. Todo indica que estos cambios tendrán un fuerte impacto sobre los servicios de salud, los sistemas de pensión y de protección social.

La esperanza de vida es uno de los indicadores que utiliza la Organización de las Naciones Unidas para evaluar el nivel de desarrollo humano alcanzado en cada uno de los países miembros. Según la ONU, actualmente la población mundial es más de tres veces mayor que a mediados del siglo XX: alcanzó los 8.000 millones a mediados de noviembre de 2022. Este crecimiento tan drástico, observan los expertos, se ha producido en gran medida por el aumento del número de personas que sobreviven hasta llegar a la edad reproductiva, el incremento gradual de la vida humana, lo que ha aumentado los procesos de urbanización y los movimientos migratorios. 

Estas tendencias tendrán importantes repercusiones para las futuras generaciones. Un aspecto a tener en cuenta es que la esperanza de vida varía según el país que se analice. Los que tienen mayor esperanza de vida son Japón, Mónaco y Suiza, mientras que los que registran una menor esperanza de vida son Chad, República Centroafricana y Sierra Leona.

El envejecimiento de la población que experimenta la mayoría de los países plantea desafíos en relación a, por un lado, cómo garantizar un piso de protección a las personas adultas mayores que se retiran del mundo laboral y, por otra parte, cómo asegurar el acceso a coberturas de salud a este sector. El reto no es menor en la Argentina, que es una de las naciones de América Latina y el Caribe que tiene el mayor número de habitantes mayores de 60 años. 

¿Además, existe un límite biológico para la vida humana? Es la pregunta que se plantean tanto los científicos como los responsables de diseñar políticas públicas que, al menos en teoría, deben mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Algunos investigadores consideran que la longevidad máxima del ser humano tocó un techo de 115 años, pero otros ponen en duda esa afirmación y aseguran que no hay un elemento cuantificable que indique que existe un tope para la máxima edad que podrían alcanzar los seres humanos.

 La controversia ha desatado un debate entre estudiosos de la demografía, biólogos, genetistas y políticos, e incluso hay científicos que afirman que la vida humana podría, incluso, superar a las anteriores predicciones. Entre los que plantean que no hay pruebas que confirmen que los humanos han llegado al límite superior de su mortalidad se encuentra el danés Maarten Rozing, del Centro de Envejecimiento Saludable de la Universidad de Copenhague, quien observó que los conocimientos sobre la biología del envejecimiento que se tienen en la actualidad se aleja de la idea de que el final de la vida esté genéticamente programado, en este caso a los 115 años. 

Por su parte, el científico Jim Vaupel, especialista en envejecimiento del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica de Alemania coincide en esa mirada con su colega danés y sostiene que "las evidencias no apuntan a ningún límite inminente". "En este momento, el balance de las pruebas indica que, si hay un límite, está por encima de los 120 años, quizá muy por arriba. Quizás el límite no exista", planteó. Desde esta perspectiva, algunos científicos especulan que en el año 2300 la persona viva de más edad podría llegar a los 150 años.

Pero dejando de lado estas especulaciones, lo cierto es que la gran mayoría de los países muestran una tendencia al envejecimiento de la población combinada con bajas tasas de natalidad. Esto significa que la proporción de jubilados sobre el total de trabajadores activos aumenta todos los años, lo que pone en tensión a los sistemas de previsión. Esta nueva longevidad obliga a repensar las formas de garantizar el acceso de las personas adultas mayores a servicios de salud de calidad que brinden respuestas a los nuevos retos laborales, educativos, sanitarios y de pensiones que plantea este nuevo escenario demográfico.

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