jueves 12 de marzo de 2026
Omar Antonetti

En el trabajo y en el deporte, un compromiso con la rectitud y los valores

Trabajó en una fábrica de confecciones. Luego tuvo un reparto de kerosene y desde hace más de 30 años, junto a su familia, tiene una agencia de remis. Apasionado del fútbol, armó las divisiones inferiores del Club Compañía. También dirigió en Juan Anchorena de Urquiza y se quedó con la mejor recompensa: el afecto de jugadores a los que vio crecer y superarse.

24 de junio de 2023 - 00:00

Omar Antonetti nació en Pergamino. Creció en el barrio Centenario, en Alvear y Balboa. Sus padres fueron Juan Leandro y Ana Antonio Bruno. "Mi padre trabajó en el Ferrocarril Belgrano y mi mamá fue ama de casa. Soy el más chico de 11 hermanos, de los cuales, lamentablemente, solo quedamos cinco", cuenta en el inicio de la entrevista en la que traza su Perfil Pergaminense. También comenta que fue a la Escuela N° 77, que funcionaba en San Nicolás y Lavalle. "Hice la primaria ahí, después fui un año al Comercial, pero los libros no me querían, así que dejé", refiere y menciona que esa decisión de dejar de estudiar lo confrontó con la necesidad de insertarse en el mundo del trabajo. "En esa época no había opción, estudiabas o trabajabas", resalta.

Fue así que comenzó a trabajar como carpintero con uno de sus hermanos. "Un día compramos el Diario LA OPINION y leímos en un aviso que necesitaban empleados en la fábrica Raies. Me presenté, tendría 14 años cuando ingresé a trabajar ahí", relata. Y agrega: "Cuando llegué a la empresa, el encargado era muy amigo de uno de mis hermanos; cuando vio que me fui a anotar enseguida me llamó, así que al día siguiente ya estaba trabajando". Cuenta que comenzó como planchador y tiempo después lo pasaron al corte. "Aprendí a cortar y después fui chofer durante muchos años".

Recuerda aquellos años como muy productivos, la industria de la confección era "furor" en Pergamino y eso permitía insertarse laboralmente en firmas que funcionaban muy bien. "Nosotros hacíamos ropa para empleados del ferrocarril, para trabajadores gastronómicos y muchas licitaciones se ganaban y las prendas se confeccionaban en los talleres de Raies", agrega.

Un lugar que marcó el destino

Estuvo en la fábrica hasta sus 19 años y considera que ese espacio de trabajo de algún modo marcó su destino porque allí conoció a su esposa, Nora Quillay. "Ella trabajaba en la fábrica, coincidimos allí. Nos pusimos de novios cuando yo tenía 17 y ella 16", comenta este hombre que hoy tiene 65 años.

"Cuando nos compramos el terreno, había que pagarlo, así que yo salía de la fábrica a las tres de la tarde y me iba a repartir kerosene con mi cuñado, Rodríguez, un famoso kerosenero". Fruto de esa tarea surgió la posibilidad de comprar un reparto. Tomó el desafío en un momento en que ese era un negocio muy bueno. "Mi hermano 'Quito', que era mi padrino, me prestó el dinero para arrancar".

Confiesa que dejar la fábrica Raies no fue una decisión fácil de tomar porque había entablado excelente relación con sus propietarios y una relación de confianza que no quería traicionar. "Cuando empecé a trabajar por mi cuenta tuve que dejar la fábrica. Me costó mucho tomar esa decisión. Los tres hermanos Raies vinieron a buscarme a casa para que no me fuera", cuenta conmovido, y reconoce que le dolió mucho dejar ese empleo. "José Raies fue más que un jefe, fue un amigo, un compañero incondicional", resalta, agradecido.

De la mano de esa anécdota recuerda que cuando tuvieron que equipar su hogar para casarse, fueron a la recordada Casa Barcia y cuando llegó con la garantía de José Raies, pudo traerse todo lo que necesitaba.

"Sinceramente lo que ganaba en la fábrica por quincena, lo ganaba por día en el camión repartiendo kerosene, pero se me jugaban cuestiones afectivas y de una profunda gratitud por las oportunidades que me habían brindado", remarca.

En el camión

Asumió el desafío de trabajar por cuenta propia y hacer el esfuerzo necesario para llevar adelante su familia. "El reparto de kerosene andaba muy bien. En invierno no sabía en qué día vivía: me levantaba a las 5:00 de la mañana y regresaba a mi casa a la noche. No tenía ni un día de descanso".

Su esposa y él trabajaban a la par detrás de cumplir el sueño de conformar su familia. "Ella trabajaba a la par mía con su máquina de coser. Después pusimos un taller de costura en la casa de mis suegros, ambos hicimos muchos sacrificios para crecer", refiere.

Una vida juntos

Se casaron siendo muy jóvenes en el año 1978. Omar tenía apenas 21 años. Fruto de ese amor nacieron tres hijos: Noelia que es arquitecta, vive en La Plata y está en pareja con Marcelo Torino. Emiliano, que vive en Pergamino, trabaja con él y está casado con Victoria García. Y Ana Clara que vive en Rosario y estudia Abogacía. Sus nietos son Benicio, Allegra y Sofía, que nacerá en agosto.

Afirma que su familia es el sostén imprescindible de su vida y que de la mano de su esposa y de los hijos han transitado un camino de trabajo y de esfuerzo, acompañándose siempre.

El remis

Siempre en la búsqueda de nuevas alternativas, en el año 1992 cuando el negocio de la venta de kerosene había cambiado, decidió abrir una agencia de remis. "Al principio me iba a comprar un auto para ponerlo a trabajar en una agencia, pero finalmente no me tomaron, así que fruto de una decisión familiar, salimos a buscar un local con teléfono y abrimos nuestra propia agencia: Remis San Martín", cuenta en una charla colmada de anécdotas.

La agencia abrió sus puertas el 17 de septiembre de 1992 y trabaja desde entonces ininterrumpidamente. "Fue la tercera agencia de Pergamino", remarca, destacando el carácter familiar del emprendimiento. "La agencia siempre fue familiar, la pusimos con mi esposa, mis sobrinos, dos cuñados y se sumó otro muchacho muy amigo mío que me atendía la agencia de noche".

"Durante los primeros años realicé las dos actividades, hasta principios de 1996. Luego me quedé con el remis", agrega, recordando los años de gloria de esta actividad. "Empezamos en San Martín 769, tres años después nos mudamos enfrente; y hace dos estamos en San Martín 712. En septiembre la agencia va a cumplir 31 años".

Aunque reconoce que la actividad ha cambiado sustancialmente, sigue dedicando su esfuerzo a este emprendimiento. "Las hemos pasado todas, pero nunca nos desalentamos. En la actualidad yo voy por la mañana hasta las 15:00 y mi esposa me releva hasta las 20:00, ya de noche no trabajamos", describe.

Su pasión, el fútbol

A la par de sus actividades laborales, y siguiendo el consejo de su padre de "hacer siempre lo que se desea poniendo en esa tarea lo mejor de sí", Omar le dedicó mucho tiempo al futbol, un deporte que le apasiona.

"A los 12 ó 13 años empecé jugando en Juventud, después me fui a mi club, que es Compañía, jugué en la quinta y después me fui a Tráfico's. Hacía poco que iba a la casa de mi novia, invité al padre a ir a la cancha para verme, no pasó el colectivo que yo me tenía que tomar y llegué tarde a ese partido. No solo quedé mal con mi suegro sino que el técnico que me sacó del equipo. Me enojé mucho con esa situación y dejé de jugar teniendo 17 años".

La vida lo acercó al deporte de otra manera con el paso del tiempo. "Cuando el Club Compañía lo tomó a Abel Alvarez como técnico, me convocaron para armar las divisiones inferiores. Empecé con la quinta. Salía los sábados a la tarde con el auto y recorría los potreros buscando chicos. En una ocasión me encontré con Walter Krivocapich, que tenía un equipo de 'barra contra barra', todos de la categoría de quinta; me trajo todos los chicos que eran de Santa Julia y con los que yo había conseguido, conformamos el equipo", relata, recordando las tiritas que vendían para recaudar fondos.

Menciona que el primer partido que les tocó jugar fue en un encuentro preliminar de Douglas y Chacarita. "Llegamos con estos chicos que no tenían mucha cancha grande y si bien perdimos 3 a 0, hicimos un partido ordenado. Nardoni, que dirigía la quinta de Douglas, se acercó al finalizar el encuentro y me felicitó por la actitud que habían tenido dentro de la cancha y por el modo en que estaban vestidos. Me alentó a que siguiera y le hice caso. En la segunda rueda perdimos un solo partido".

"Al año siguiente se sumó 'el Chivo' Martínez, un hombre que sabía mucho de fútbol. Tomó la primera. Yo seguí con la quinta y les daba una mano con la tercera. Finalmente agarré esa categoría, así que tenía las dos divisiones. Después se hicieron cargo de la primera Carlos Galiano, Oscar Armayo y el profesor Bernardo Lavandera. Logramos sacar campeón invicto a la tercera, el último trofeo que tiene el Club", destaca recreando las múltiples vivencias de ese tiempo. Puso mucho de sí en la tarea, dentro y fuera de la cancha y fruto de ese compromiso experimentó grandes alegrías y algunos sinsabores.

"Cuando salimos campeones con la tercera, estábamos haciendo la comida de celebración y en pleno festejo el presidente sugiere que iban a sacar el fútbol del club. Fue una chicana, pero las cosas comenzaron a cambiar. Apareció gente nueva y cuando llegó el tiempo de hacer la pretemporada había negociaciones con otros directores técnicos y se definían otros negocios. Vinieron a mi casa a buscarme para que fuera parte, pero yo, como me conozco, les hablé con mucha claridad y les dije que 'yo al club no le había pedido socios para dirigir'. Nosotros habíamos salido campeones con la tercera y subcampeones con la primera a un punto de Alfonzo. Me desvinculé, porque tampoco contemplaban que los chicos que yo había entrenado pudieran seguir jugando en el equipo".

Una nueva oportunidad

Al tiempo, cuando creyó que toda su historia deportiva estaba ya escrita, un día al regresar de su casa observó que en la puerta lo estaba esperando un grupo numeroso de personas. Eran sus jugadores de Compañía que lo habían venido a buscar para que los entrenara en Urquiza. "Fue una emoción enorme. Por supuesto que acepté y durante un año los dirigí para el Club Juan Anchorena de Urquiza. Nos fue muy bien, los últimos ocho partidos los jugamos sin perder y sacamos al goleador del campeonato".

Esa fue su última incursión en la dirección técnica. "Me retiré porque el fútbol supone mucho tiempo que uno distrae del trabajo y la familia", resalta y se queda con la gratificación recibida. Hace poco el Club Compañía lo reconoció entre sus personalidades distinguidas y el Club Juan Anchorena de Urquiza lo despidió con afecto cuando tomó la decisión de retirarse. De la mano de ello asegura que la mejor recompensa que recibió fue la de los chicos. "Un día uno de ellos, hablando en representación de sus pares, me dijo que yo era como su segundo papá. Eso no tiene precio, es todo lo que uno desea escuchar de voz de jugadores que dejaron el alma en la cancha".

Misión cumplida

En el presente, abocado a la actividad laboral y al disfrute pleno de su familia, se nutre de esos recuerdos que le han dado el mejor premio. Reconocido entre sus pares por su buen obrar y su rectitud, no aspira a nada más. "Solo ansío que mis hijos y mis nietos cumplan sus sueños y deseo que Dios me de vida y salud para disfrutarlos. Lo demás ya está hecho y la misión está cumplida", resalta sabiendo que tiene el presente que supo construir sobre el pilar de sus valores, esos a los que no renunció jamás, en ninguna circunstancia.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Te Puede Interesar