jueves 12 de marzo de 2026
Raúl Alberto Carradori

Un hombre que escribió entre el campo y la ciudad su historia de vida

Creció en la zona rural y luego se mudó a Pergamino, donde trabajó como mecánico en el área de servicios de varias concesionarias vinculadas al sector agropecuario. Papá de dos hijos y ya jubilado, transita el presente disfrutando de su familia y amigos, y recorriendo el camino con serenidad sin olvidar jamás sus raíces vinculadas al pueblo de Acevedo donde conserva familiares y afectos entrañables.

10 de junio de 2023 - 00:00

Raúl Alberto Carradori nació en Manantiales, un paraje del Partido de Pergamino donde vivió su niñez y juventud. El campo fue su geografía y el lugar donde fue a la escuela, y donde forjó sus primeros amigos. Sus abuelos vivían en Acevedo, ese pueblo también tiene mucho que ver con su identidad. "Nosotros vivimos en el campo hasta mis 27 o 28 años", refiere en el comienzo de la entrevista que se desarrolla en la casa en la que vive actualmente en el barrio 148 Viviendas, de la ciudad de Pergamino.

Cuenta que su papá era italiano y refiere que había llegado a la Argentina en barco con sus padres, teniendo apenas seis meses. "El se llamaba Nazareno", menciona y enseguida nombra a su mamá: Dora Porcel, oriunda de Acevedo.

"El se dedicaba a la tarea de campo y ella era ama de casa. Los campos entonces eran como una especie de granja donde se criaban animales y agricultura", describe y señala que acompañando esa labor su madre siempre fue ama de casa.

De ellos tomó la cultura del trabajo y el esfuerzo y tomó los valores que adoptó para escribir la historia de su propia vida. Es sencillo, cordial, tiene los ojos de un celeste claro y sonríe cuando la referencia de la charla lo lleva por aquellos caminos del recuerdo.

Señala que fueron cinco hermanos. "Desgraciadamente hoy quedamos solo tres. Tuve una hermana, Zulema, que murió muy chiquita a causa de una peritonitis, yo ni había nacido. Pero me contaron que en el lapso de unos pocos días falleció ella y dos primitos; era una época en que no había penicilina. Mi otro hermano, Héctor, tuvo leucemia y aunque logró ser trasplantado falleció a los 40 años. Así que quedamos José, Eduardo y yo".

La infancia en la tranquilidad de Manantiales

La mayoría de los juegos de su infancia que recuerda, son con ellos y con los pocos amigos que podían hacerse entre las casas de los vecinos que no quedaban tan cerca porque las superficies entre uno y otro campo imponían una cierta distancia. "Pero nos las ingeniábamos para jugar juntos, para compartir lindos momentos, siempre en el campo", refiere.

Fue a la Escuela N° 26 "Domingo Faustino Sarmiento" de Manantiales, un establecimiento rural sostenido por el trabajo de un matrimonio de maestros. "Tengo muy lindos recuerdos de ese tiempo. Mi maestro era Arturo Domínguez- también era el director de la escuela- y su esposa, Dora Llorent. Ellos sostenían toda la actividad de la escuela, eran exigentes, pero muy buena gente".

Lo separaban cuatro kilómetros de la escuela, pero nunca fue una dificultad llegar. Su papá lo acompañaba siempre. "Nunca fuimos solos a la escuela, si no era mi papá, se organizaba algún vecino para que todos pudiéramos llegar a clases", comenta. Y refiere que primeramente iban en zulky y más tarde en un vehículo que logró comprar su padre.

La secundaria, en Pergamino

Raúl cuenta que siempre le gustaron "los fierros" y menciona que desde chico aprovechaba cualquier tipo de elemento que tenía a mano para fabricar autitos o pequeños juegos. Con tapitas de plástico o pedacitos de madera. Esa pasión lo trajo hasta el Colegio Industrial, donde cursó cuatro años del secundario y obtuvo el título intermedio de auxiliar técnico mecánico.

"Para estudiar en el secundario, de lunes a viernes me quedaba en Pergamino en la casa de una tía hermana de mi papá, María Carradori. Iba a la escuela en la semana y el viernes me volvía en el colectivo hasta Acevedo y de ahí a Manantiales", describe. Esa experiencia fue la que más lo vinculó a Pergamino y a las dinámicas propias de la adolescencia. Aquí hizo amigos y tomó contacto con una ciudad que siempre le gustó.

El servicio militar

En otro momento de la charla mantenida con LA OPINION relata la experiencia que le tocó vivir cuando fue convocado para realizar el servicio militar. "Me tocó en 'Las Lajas' Neuquén en un momento muy difícil de la historia, en la época de la guerrilla. Estuve seis meses y veintiún días en el Ejército y estuvimos a un paso de que nos mandaran a Tucumán a pelear contra la guerrilla, finalmente fueron solo oficiales y suboficiales, pero vivimos ese tiempo con una cuota de temor e incertidumbre. No lo recuerdo como algo negativo, sí me costó el desarraigo de mi familia, pero también hice algunos amigos con los cuales hasta el día de hoy sigo en contacto".

Su recorrido laboral

Cuenta que al dejar el Colegio se fue al campo a trabajar con su papá. "En el campo siempre me gustó más el tema fierro que los animales, pero hacíamos de todo. Cuando yo empecé a trabajar, ya estaba el tractor para la actividad agropecuaria, así que me di el gusto de andar entre fierros".

"Trabajé en el campo hasta mis 28 años, me casé y me vine a trabajar a Pergamino. Los primeros empleos fueron trabajando con gente conocida y después empecé a trabajar en una concesionaria Zanello que los dueños eran de Arrecifes. Cuando esa empresa cerró me fui a trabajar en un taller mecánico y después vine a trabajar con Antonio Mirad que instaló la concesionaria Deuz en el Cruce de Caminos, antes había estado con él en un taller de tornería que preparaba muebles para las máquinas de coser", enumera y señala que siempre trabajó en la parte de servicios, asociado a la mecánica.

"Más tarde comencé a trabajar con Juan Carlos Digilio en la agencia de tractores, cosechadoras y maquinaria agrícola. Atendía los campos, me gustaba mucho. Cuando dejé ese trabajo, ingresé en Pergamino Agro con Gustavo Quarchioni, ahí estuve hasta que me jubilé", agrega.

Se jubiló hace cuatro años y medio. Reconoce que no le costó tomar la decisión. "Pensaba que había llegado el tiempo de descansar un poco y evaluaba quizás la posibilidad de seguir haciendo algo, pero apareció la pandemia que duró más de la cuenta, y ya no volví a trabajar hasta hace muy poco que regresé haciendo una suplencia y me quedé, pero solo yendo medio día. Me gusta y me sirve como un entretenimiento".

Rutinas de las que disfruta

Siempre fue un amante del automovilismo y durante muchos años por su amistad con corredores y mecánicos estuvo cerca de ese mundo participando de varias peñas. Hoy sus rutinas están más abocadas a la tranquilidad de su hogar y los tiempos con la familia. En sus momentos libres, le gusta hacer de pequeños ratos para visitar a los amigos, muchos de los cuales tienen talleres mecánicos y estar cerca de los fierros. "También aprovecho para visitar a algunos parientes, eso que no podía hacer cuando trabajaba tiempo completo, no podía hacerlo", agrega y comenta que cuando sus hijos eran chicos participaba activamente de las instituciones del pueblo de Acevedo. "Estuve en la comisión del Club, también en la cooperadora del jardín y de infantes y de la escuela".

"Hoy ya no soy parte de ninguna institución, tengo 69 años y la verdad es que participar demanda tiempo que uno de algún modo le quita a la familiar", afirma.

Raúl es papá de Juan Pablo que tiene 37 años, es médico, vive en La Plata y está en pareja con Rocío. Y de Nicolás que tiene 33 años, es soltero y trabaja en Pergamino Agro. "Yo desde hace diez años estoy en pareja con Dora, que es auxiliar de educación", comenta y afirma que son muy compañeros.

Al momento de confesar como imagina el futuro, señala que solo espera poder seguir disfrutando del afecto de los suyos. Es y se siente parte de una generación que ha tenido que esforzarse por las cosas y que ha sufrido los vaivenes de un país cambiante. "No es que sea pesimista, pero no sé si el futuro será mejor. Las crisis en el país son recurrentes y uno ya está grande para pensar que eso va a cambiar. Espero que cambie por el futuro de mis hijos", reflexiona.

En el plano de las asignaturas pendientes reconoce que le hubiera gustado terminar el secundario y seguir la carrera de ingeniería mecánica. "Pero reconozco que no me gustaban las materias teóricas y me costaba sentarme a estudiar".

"Y tal vez me hubiera gustado animarme a correr carreras de automovilismo", agrega hablando de su pasión por esa actividad que siempre disfrutó como espectador.

Pergamino y sus raíces

Sobre el final cuando expresa que le gustan las sierras y la costa como lugares de descanso, confiesa que Pergamino es el único sitio que se imagina como lugar para transitar la vejez. "Me gusta ir a San Luis, podría vivir en Córdoba y a veces uno fantasea con el hecho de cómo sería vivir cerca del mar, pero en Pergamino tengo mi vida. Y en Acevedo mi raíz, de hecho, sigo yendo a votar en cada elección porque nunca me hicieron el cambio de domicilio y yo jamás lo reclamé porque vivo ese día como una oportunidad para volver al pueblo y encontrarme con gente querida. Allí vivió mi madre hasta que falleció y siempre me gusta volver, tengo a mi hermano más chico allí, a mis sobrinos y primos, además de muchos amigos", concluye fiel a una esencia de sencillez y apego a sus raíces, esas que constituyen la identidad.

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