jueves 14 de mayo de 2026

Jaqueados por la naturaleza y la economía, este fin de enero es para el olvido

26 de enero de 2014 - 00:00

M ientras atravesamos una de las semanas más peligrosas en materia económica, con corridas bancarias y anuncios, el Gobierno tomó por sorpresa al mercado y anunció que levantará parcialmente el cepo cambiario para los individuos que deseen comprar dólares para atesoramiento. 

La medida, que se informó sin detalle, generó gran ansiedad en el mercado cambiario. Por un lado, el Banco Central se desprendió de otros 160 millones de dólares para contener al dólar oficial en 8,02 pesos, un 3,35 por ciento por encima del jueves. Pero, por el otro, sirvió para que el paralelo reaccionara con una fuerte baja, a 11,70 pesos y casi sin operaciones. Así, la brecha se achicó de casi el 70 al 45,9 por ciento.

El Gobierno no sólo volverá a autorizar la compra de dólares para atesoramiento, algo que había eliminado el 5 de julio de 2012, sino que además informó que dará marcha atrás con lo establecido en diciembre pasado, y bajará del 35 al 20 por ciento el recargo que tienen los consumos en dólares con tarjeta de crédito y las compras de divisas para el turismo.

Pero la economía sigue zozobrando y la inflación no da tregua, sobre todo a los que tienen ingresos fijos y sienten que día a día la depreciación de su salario es visible. Para colmo esta semana que dejamos se produjo la mayor devaluación del peso desde la llegada de la convertibilidad. Y en este sentido, hace falta un plan integral contra la inflación, no será sólo liberando apenas el cepo cambiario que se logrará frenar el fenómeno del incremento constante de los precios.

Y mientras la economía nos tiene en vilo, la naturaleza nos acorrala con tamañas olas de calor, con marcas de sensación térmica que llegaron en nuestra provincia y en Pergamino a 47 grados el jueves, una temperatura que hacía 53 años no se producía. Los cortes de luz prolongados y en muchos casos también de agua, producto de los desperfectos que semejante calor genera (falta de inversión que existe para estas emergencias), no nos han dado respiros. 

En medio del calor agobiante, sin luz y en muchos casos sin agua, el jueves terminó siendo un infierno en nuestra ciudad como los vecinos bien sabemos porque lo hemos padecido. Y también todo en el norte de la provincia de Buenos Aires, que fue el área donde se produjo el enorme desperfecto eléctrico que impedía la distribución de la energía. Cuando llegó la lluvia, vino el alivio, y el aire fresco. 

Pero en algunos puntos del país se tradujo en tamaña granizada que destrozó automóviles y techos de viviendas.

Los rayos caídos en la Costa Atlántica que se cobró vidas y heridos, terminó por generar enorme temor en los veraneantes ante cualquier amago de tormenta.

Pero donde se vivió una tragedia tremenda fue en El Rodeo, la villa turística más importante de Catamarca, a pocos kilómetros de la capital, que se convirtió de repente en un infierno de barro y piedras que bajaban por el cauce del río Ambato, mientras toda la zona era azotada por una fuerte tormenta eléctrica. Un alud pocas veces visto y en plena temporada de veraneo.

Por lo menos cinco personas murieron, entre ellas dos niñas de 4 y 6 años, más de ocho permanecían desaparecidas y unas 200 tuvieron que ser evacuadas por Defensa Civil, bomberos y la Policía.

La gobernadora de la provincia, Lucía Corpacci, no descartó que la cantidad de víctimas pudiera incrementarse en las próximas horas, dado que las posibilidades de hallar a más personas con vida de la nómina de desaparecidos parecía improbable.

Viajó al lugar la ministra de Seguridad, Cecilia Rodríguez, para coordinar el operativo de asistencia. La catástrofe fue amplificada con la muerte de otras dos personas -que se sumaron a las tres en El Rodeo- en Siján, una localidad cercana, y otra en Fiambalá, Tinogasta, a raíz de la caída de un rayo.

Además, hay seis personas heridas, cinco adultos y un bebé, de los cuales tres están en estado de gravedad, según informó Norberto Bazán, director del sistema sanitario.

Autos con los hierros retorcidos y semisumergidos en el lodo; casas y comercios destruidos eran las imágenes que presentaban las calles de El Rodeo, el centro del desastre. 

La villa, un sitio tradicional de veraneo cercano a un cerro, tenía el triple de gente que lo habitual por el intenso calor que se registró en la semana en toda la provincia y por el recital de Abel Pintos, que finalmente por el temporal no se concretó.

Jaqueados por la naturaleza, que se ha puesto violenta y puede suponerse que es como respuesta a tanta agresión del hombre, y preocupados por la economía que no da respiro tampoco, transcurre este fin de enero de 2014 que los argentinos preferiríamos olvidar.

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